sábado, 17 de julio de 2010

ORACIÓN A LA CARMELITA MISIONERA, QUE YA RECORRE TODO EL PAÍS. JULIO 2010


ORACION POR CHILE


¡Virgen del Carmen, María Santísima,
Dios te escogió como Madre de su Hijo,
del Señor Jesús, que nos trae el amor y la paz.

Madre de Chile,
a Ti honraron los padres de la patria,
y los más valientes de la historia;
desde los comienzos nos diste bendición.

Hoy te confiamos lo que somos y tenemos;
nuestros hogares, escuelas y oficinas;
nuestra fábricas, estadios y rutas;
el campo, las pampas, las minas y el mar.

Protégenos de terremotos y guerras,
sálvanos de la discordia;
asiste a nuestros gobernantes;
concede tu amparo a nuestros hombres de armas;
enséñanos a conquistar el verdadero progreso
que es construir una nación de hermanos
donde cada uno tenga pan, respeto y alegría.

Virgen del Carmen, Estrella de Chile,
en la bandera presides nuestros días
y en las noches tormentosas,
sabiamente alumbras el camino.

Madre de la Iglesia,
Tú recibes y nos entregas a Cristo;
contigo nos ofrecemos a Él,
para que sobre Chile extienda
los brazos salvadores de su cruz
y la esperanza de su resurrección.
Amén.

sábado, 10 de julio de 2010

HOMILIA DEL DOMINGO.12 DE JULIO 2010



El Buen Samaritano Nos Enseña La Sabiduría Del Amor


Deut. 30, 10-14; Sal. 68; Col. 1, 15-20; Lc. 10, 25-37


REFLEXIÓN ENVIADA POR EL PRESBITERO. CARMELO HERNÁDEZ. DESDE TENERIFE ESPAÑA.

¡Cuántas justificaciones nos buscamos para nuestra mediocridad! ¡Cuántos rodeos vamos dando en la vida para buscar el justificarnos, para cumplir pero sin tener que darnos mucho, para evitar tener que enfrentarnos a situaciones donde tengamos que arremangarnos y poner manos a la obra en su solución! Son los primeros pensamientos que me surgen al escuchar el relato del evangelio proclamado. Por una parte, el maestro de la ley que tenía que tener buen conocimiento de lo que es la ley del Señor, viene a preguntar ‘maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?’ Luego que pregunta quién es ese prójimo al que tiene que amar. Por otra parte los personajes de la parábola de Jesús, el sacerdote y el levita, que ‘dieron un rodeo y pasaron de largo’.


¿Llegaban tarde al templo? Realmente venían de vuelta porque venían bajando también de Jerusalén. ¿Podrían convertirse en impuros por si acaso aquel hombre caído fuera ya cadáver? Ya sabemos lo de las impurezas legales entre los judíos y que los fariseos cuidaban tanto. Pero no nos contentemos en fijarnos, comentar y criticar la actitud de aquellos personajes sino aprendamos la lección; o, mejor aún, miremos si acaso actitudes parecidas a estas tenemos también nosotros muchas veces en nuestro corazón.


Porque lo de preguntarnos hasta donde tenemos que llegar para cumplir, sí que es una cosa en la que caemos o podemos caer con frecuencia. ‘¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?’ es una pregunta que de una forma u otra nos hacemos nosotros también. Lo de las rebajas no es sólo a nivel comercial en ciertas épocas sino que muchas veces son actitudes que se nos pueden meter en el corazón en nuestra relación con Dios. Una cosa sí es clara, cuando nos decimos seguidores de Jesús no podemos andar con tales mediocridades.La pedagogía de Jesús es hermosa en este episodio. Cuando le pregunta el maestro de la ley, simplemente le hace recordar lo que estaba escrito en la Ley. Por eso, a la respuesta de aquel hombre repitiendo lo que era el primer mandamiento de la ley de Dios, Jesús simplemente le dice ‘haz esto y tendrás la vida’.


Es lo que hemos escuchado hoy en el libro del Deuteronomio. ‘El mandamiento que yo te mando hoy no es cosa que te exceda ni inalcanzable… está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo’. Es la alegría de nuestro corazón. Es el sentido de nuestra vida. Es el camino que nos lleva a la vida. Cúmplelo y tendrás vida.Pero sigue surgiendo la pregunta para ver hasta donde tengo que llegar. Claro que con Jesús no valen medias tintas, no valen mediocridades. Y el sentido del amor tendrá una amplitud más grande, una plenitud mayor. ‘¿Quién es mi prójimo?’ se pregunta el maestro de la ley. ¿Con quién tengo que portarme como prójimo? O, como nos preguntamos nosotros a veces, ¿hasta donde tengo que amar a mi prójimo?Es cierto que en el Antiguo Testamento normalmente amar al prójimo era amar al que está a mi lado, en el sentido, de amar a mi pariente o a mi amigo. Aunque también nos encontraremos textos del Antiguo Testamento que nos hablan del respeto que hemos de tener al forastero o al huésped que llega hasta ti, de ahí las leyes de la hospitalidad tan hermosas en las costumbres de los antiguos.


Pero ya sabemos cómo con Jesús el concepto de prójimo adquiere un sentido y un estilo más amplio y más dinámico. Precisamente la parábola que hoy nos propone eso nos enseña. Porque ‘¿cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?’, pregunta Jesús. Y la respuesta fue: ‘el que practicó misericordia con él’, y precisamente era un samaritano, un forastero, uno al que casi consideraban como un enemigo, pues ya sabemos la enemistad entre judíos y samaritanos que nos lo refleja también el evangelio.


Ahí está precisamente el mensaje de la parábola, el mensaje del Evangelio. Frente a esas mediocridades con que andamos tantas veces en la vida, donde vamos poniendo límites y medidas a todo lo que hacemos, o haciéndolo buscando unos beneficios o rendimientos del bien que podamos hacer, tenemos que aprender de la sensibilidad, sencillez, generosidad, humanidad, finura del buen samaritano. Se bajó de su cabalgadura para acercarse al hombre malherido que estaba tendido al borde del camino. No tuvo miedo de perder su tiempo o de salpicarse de la sangre del caído, sino se le acercó y le vendó sus heridas echándoles aceite y vino. Lo cargó sobre sus hombros, casi podemos decir recordando al Buen Pastor que cargó sobre sus hombros a la oveja herida y perdida, porque lo montó en su cabalgadura para llevarlo a la posada más próxima donde pudieran atenderle.


‘Cuida de él, le dijo dándole dos denarios al posadero, y lo que gastes de mas yo te lo pagaré a la vuelta’.Tenemos que aprender a ser buen samaritano que llevemos los ojos bien abiertos por la vida para ver donde hay un hombre caído, donde está quien pueda necesitarnos, donde haya alguien atenazado por el dolor o el sufrimiento, donde esté un corazón triste y apenado, y sabernos detener para curar, para sanar, para calmar cualquier sufrimiento, para dar vida, para levantar el ánimo, para suscitar esperanza.


La lección del samaritano es bien hermosa y elocuente. No era judío, y sin embargo supo tener misericordia en su corazón para atender al caído. Nos refleja bien lo que es el amor en el sentido de Jesús y nos refleja también lo que es el amor misericordioso del padre que acoge al hijo malherido. Un amor que nos lleve a ayudar a quien lo necesite más allá de cuales sean las diferencias que haya entre nosotros.Tenemos que ser también como aquel posadero que sepamos acoger al que sufre, al que necesite nuestro consuelo o nuestro cariño, para saber acompañar, para saber escuchar, para saber trasmitir vida, para practicar las obras de misericordia ya sean corporales o espirituales, como estudiábamos en el catecismo, con ese hermano que encontremos caído en el borde del camino de la vida. Y no hace falta ir muy lejos para encontrarlo.


Lo que necesitamos será quizá abrir los ojos de nuestro corazón para encontrarlo.No podemos quizá resolver todos los problemas porque grande es la amplitud del mal y del sufrimiento, pero si podemos poner cada día nuestro granito de arena poniendo más humanidad en nuestro mundo y en nuestras mutuas relaciones.


Lo que sí tenemos que cuidar es que por la amplitud del sufrimiento que contemplemos nos lleguemos a acostumbrar e insensibilizar. Lejos de nosotros esa pasividad y esa atonía que se nos puede meter en la vida, como todas esas justificaciones que a veces nos buscamos. El amor siempre tiene que ser un revulsivo fuerte en nuestro corazón para que con nuestro testimonio despertemos esa sensibilidad del amor en los que nos rodean. Pidamos al Señor esa sabiduría del amor.

domingo, 4 de julio de 2010

HOMILIA DEL PRIMER DOMINGO DEL MES DE JULIO 2010


Material Gentileza de Nuestro Gran Amigo Presbítero. Padre. Carmelo Hernández, Desde Tenerife España.


Poneos en camino… decid primero: Paz a Esta Casa.


Isaías, 66, 10-14; Sal. 65; Gál. 6, 14-18; Lc. 10, 1-12.17-20


La palabra proclamada comienza haciéndonos una invitación a la alegría y a la fiesta con el profeta Isaías, ‘festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría…’ y termina invitándonos también Jesús en el evangelio ‘estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo’.


Invitación a la alegría porque el Señor va a derramar su paz sobre su pueblo, ‘como un río, como torrentes en crecida’, y sentirán el consuelo del Señor, ‘así os consolaré yo y en Jerusalén seréis consolados’.


Pero ese es también el mensaje que Jesús confía a sus discípulos, la paz en el anuncio del Reino de Dios. ‘Designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos a donde pensaba ir El… Poneos en camino… cuando entréis en una casa, decid primero: paz a esta casa… curad a los enfermos que haya y decid: está cerca de vosotros el Reino de Dios’.


‘Poneos en camino…’, nos sigue diciendo a nosotros hoy. Y no nos oculta las dificultades, ‘como ovejas en medio de lobos… y si no os reciben bien…’ Ponernos para anunciar el Reino de Dios que está cerca de nosotros. ¿Encontraremos quien nos haga oposición y luche contra nosotros? ¿Será escuchado el mensaje o será rechazado? De una cosa sí estaremos seguros y es que es necesario hacer ese anuncio hoy en el mundo que vivimos.


Cuántas veces hablamos de la crisis, de la mala situación que estamos pasando en todos los sentidos. Creo que tenemos que saber hacer una lectura de fe de todo lo que sucede. Porque en el fondo de todo esa situación de nuestro mundo puede haber una llamada del Señor para nosotros los que creemos en El y un mensaje que tenemos que saber trasmitir. Son cosas que suceden en nuestro mundo y a ello tenemos que saber dar una respuesta desde esa fe que tenemos en Jesús y desde la misión que El nos confía.


Hablamos de la crisis, porque está en boca de todos, y pensamos en la economía como pensamos en la pobreza que va creciendo más y mas a nuestro alrededor, sin olvidar la más grave situación de pobreza, miseria y hambre que viven tantos pueblos de nuestro mundo con tantas desigualdades en unos países y otros y tantos millones de personas que mueren de hambre. Porque no podemos ser tan ciegos que nos quedemos sólo mirando lo que nos pasa a nosotros.
Pero la crisis no está sólo en ese aspecto tan pecuniario y económico; cuánta violencia de la que oímos hablar todos los días y no vamos a hacer listados; cuánta falta de valores y principios que guíen nuestro actuar de una forma ética y con sentido profundo; cuánta indiferencia en lo religioso y cuánta confusión, aunque el hambre de lo espiritual algunas veces se trate de saciar sin saber bien dónde. Y así podíamos pensar en muchas más cosas.


Por eso nos dice Jesús que la tarea no es fácil y que además hacen falta muchos obreros para esa mies que puede ser tan abundante y donde tenemos tanto que hacer. Nos pide que ‘roguemos al dueño de la mies para que envíe obreros a su mies’. Pero ahí nos envía Jesús a llevar su mensaje de paz, el mensaje del Reino de Dios que comienza precisamente por ahí, por ese anuncio de paz, por esa construcción de la paz. Y es un mundo nuevo el que tenemos que hacer, un hombre nuevo, una criatura nueva. No nos podemos cruzar de brazos.


‘Poneos en camino… curad a los enfermos que haya y decir: está cerca de vosotros el Reino de Dios’, nos dice el Señor. ‘Así os consolaré yo…’ nos decía el profeta. Tenemos que anunciar la paz, tenemos que curar y consolar. Cuántas heridas que sanar en el corazón del hombre. Cuántos corazones atormentados, cuánto sufrimiento, cuánto dolor… cuántas personas que necesitan una palabra de aliento, una palabra de consuelo; cuánta esperanza tenemos que suscitar en que es posible un mundo nuevo, un hombre nuevo.


Pero es también curar los corazones egoístas y encerrados en sí mismos para despertar solidaridad en todos y afán de justicia para que entre todos sepamos colaborar para hacer eso nuevo que tenemos que construir. Llevamos la misericordia del Señor; anunciamos la Palabra de Dios que es Palabra de vida y de salvación para todo hombre.
Todo eso se tiene que traducir en gestos de amor, de cercanía; en gestos pequeños y humildes pero que despierten la fe y la esperanza. Por eso nos dirá que no nos preocupemos de llevar talegas, alforjas o sandalias. Porque lo importante es esa disponibilidad y esa generosidad de nuestro corazón para realizar la tarea que el Señor nos encomienda. Porque es importante que sepamos buscar lo que verdaderamente es importante, lo que son los verdaderos valores con los que tenemos que hacer que nuestro mundo sea mejor. Para que desterremos el egoísmo, para que dejemos de pensar tanto sólo en nosotros mismos, para que se entierren para siempre los gestos, las palabras, los gritos de violencia. Para que florezca la solidaridad y el amor para que todos nos empeñemos en hacer ese mundo nuevo.
Como decía el salmo ‘venid a escuchar: os contaré lo que el Señor ha hecho conmigo’. Es lo que nosotros queremos vivir en el día a día de nuestra vida. Es lo que vamos logrando poniendo esos pequeños granos de arena de cosas buenas cada día. Es el testimonio que entonces tenemos que dar; la experiencia de lo que nosotros vivimos tiene que hablar, porque no son sólo palabras sino el testimonio de nuestra vida lo que necesita escuchar nuestro mundo para que lleguen a mirar y a escuchar al Señor.
‘Yo haré derivar hacia ella como un río la paz…’ nos decía el profeta. Y cuando los discípulos volvieron contentos por lo que habían realizado en el nombre de Jesús, les dice: ‘estad contentos porque vuestros nombres están inscritos en el cielo’. Despierta también el Señor en nosotros la esperanza y nos invita a la alegría por ese Reino de Dios que anunciamos. ‘Vuestra recompensa será grande en los cielos’, nos dijo cuando las bienaventuranzas.

lunes, 28 de junio de 2010

LA ORACIÓN CANTADA. PREPARANDO EL CORAZÓN A LA ORACIÓN


SEGÚN LA EXPERIENCIA DE TAIZÉ
" (...) La oración cantada es una de las expresiones más esenciales en la búsqueda de Dios. Los cantos breves y repetitivos destacan el caracter meditativo. Con pocas palabras dicen una realidad fundamental, rápidamente captada por la inteligencia. Infinitameinte repetidos, esta realidad es poco a poco interiorizada por toda la persona. Los cantos meditativos nos abren también a la escucha de Dios. En una oración común, estos cantos permiten que todos los participantes permanezcan juntos en la espera de Dios, sin que el tiempo sea demasiado limitado. Para abrir las puertas de la confianza en Dios nada reemplaza la belleza de las voces humanas unidas por el canto. Esta belleza puede hacer entrever «la alegría del cielo en la tierra», como expresan los cristianos de Oriente. Y una vida interior comienza a desarrollarse (...)"

La peregrinación de Confianza a través de la TierraDesde el año 1978 se ha celebrado en distintas ciudades de Europa como Paris, Londres, Roma, Barcelona, Lisboa, entre otras. En otros continentes esta experiencia se ha llevado a ciudades como Madrás (India), en Manila (Filipinas), en Dayton, (Ohio, Estados Unidos), en Johanesburgo (Sudáfrica), en Calcuta (India), en Cochabamba (Bolivia), en Nairobi (Kenia). Jóvenes chilenos han participado en todos los encuentros y regularmente viajan a Europa a vivir por un tiempo en la Comunidad.


¿Qué es la peregrinación de confianza?


Es un concepto que escogió Taizé hace ya muchos años, para intentar expresar todo lo que los jóvenes viven en la comunidad. No se trata de peregrinar hacia la aldea, sino que de caminar juntos hacia la fuente de la fe y encontrar lo esencial que nos une en la búsqueda de vivir el Evangelio. La frase es una invitación a todos a salir al encuentro y es eso lo que los hermanos quieren vivir junto con los jóvenes que llegan al pueblo de Taizé y a los encuentros en cualquier lugar del mundo.


En medio de una vida ocupada y agitada, son muchos quienes sienten la necesidad de orar juntos de manera sencilla y meditativa, con momentos de silencio y a menudo utilizando los cantos de Taizé traducidos en varias lenguas. Un sinnúmero de grupos se reúnen para rezar con el estilo de la comunidad, pero la “Peregrinación de Confianza” no es un movimiento centrado en Taizé. Nadie se hace miembro en ningún sentido, ni tampoco nadie tiene la lista completa de estos grupos.


La vida interior que se profundiza a través de la oración común intenta expresarse también a través de gestos concretos de solidaridad.


El hermano Roger fue claro al expresarlo en su carta “Dios sólo puede amar”: “Manteniéndonos en presencia de Dios en una espera serena, ¿abriremos caminos de paz allí donde surgen antagonismos? Cuando hay jóvenes que toman una resolución por la paz en su propia vida, ellos sostienen una esperanza que alumbra cada vez más lejos.En este período de la historia el Evangelio nos invita a amar y a expresar con nuestra vida. Es nuestra vida la que, ante todo, hace creíble la fe a nuestro alrededor”.

Prepare la "Peregrinación de confianza" en el sitio taize.cl


El sitio web www.taize.cl


Es un instrumento valioso para preparar la Pregerinación de Confianza a realizarse en Santiago de Chile del 8 al 12 de diciembre de este año.La peregrinación de confianza es un concepto que escogió la comunidad ecuménica de Taizé, ubicada en Francia, hace ya muchos años, para intentar expresar todo lo que los jóvenes viven cuando visitan la comunidad.


"No se trata de peregrinar hacia la aldea, sino que de caminar juntos hacia la fuente de la fe y encontrar lo esencial que nos une en la búsqueda de vivir el Evangelio", se señala en el sitio. "La frase es una invitación a todos a salir al encuentro y es eso lo que los hermanos quieren vivir junto con los jóvenes que llegan al pueblo de Taizé y a los encuentros en cualquier lugar del mundo", que a fines de año se desarrollará en Santiago de Chile.


En el sitio web se podrá inscribir, podrá conocer el programa y acceder a un díptico promocional, entre otros recursos. Un regalo para el BicentenarioEl portal sostiene que "en el contexto de la fiestas del Bicentenario, la peregrinación de confianza para una tierra de hermanos quiere ser un espacio en que nos detengamos para encontrarnos en el silencio, la oración, la reflexión e intercambio, como camino para la construcción de una tierra más habitable para todos".


"Buscamos:
-Expresar y compartir los anhelos de fraternidad de los jóvenes.
-Valorar iniciativas que procuran dar un rostro más humano a la sociedad.
-Caminar juntos hacia las fuentes de la fe y así prepararse para asumir responsabilidades en nuestra sociedad.
Tener momentos de reflexión bíblica y ver la implicación de la fe en temas sociales, culturales o artísticos.
-Fortalecer y generar lazos de comunión con los jóvenes del continente. -Descubrir la belleza de una comunión con Dios en la oración cantada.

-Vivir la alegría de estar juntos a través de la hospitalidad dada por las familias de Santiago".

Los hermanos de Taizé preparan el encuentro de Santiago de Chile con una oración en el barrio de La Legua.


La semana pasada varios hermanos de Taizé estuvieron presentes en Santiago de Chile para preparar la próxima etapa de la peregrinación de confianza que se celebrará en dicha ciudad el próximo mes de diciembre. Los hermanos pudieron visitar la parroquia San Cayetano en el barrio de La Legua donde animaron una oración por la paz con la oración entorno a la cruz.


Fue una oración abierta para todos y unos 60 jóvenes participaron. Desde hace ya muchos años varios jóvenes de dicha parroquia vienen a Taizé por un período de tres meses. Carla Menares Ramos es una de ellas y estuvo en Taizé en el año 2002. Desde su retorno ha intentado juntos a otros animar regularmente una oración al estilo de Taizé.


Carla nos escribió:


“La Legua es, al igual que muchas poblaciones de nuestra ciudad, un lugar bastante estigmatizado, pero los que hay vivimos sabemos que a pesar de ser un lugar donde se juegan la vida y la muerte a diario, es un pedazo del Reino, un lugar donde muchos aprendemos a vivir. Cuando hablamos de milagros ¿de que hablamos? ¿que esperamos? Pues para mi no deja de ser un milagro el que en medio de una población donde el narcotráfico esta en esquina, donde cada semana alguien muere en un intercambio de balas, donde los obreros llegan cansados a sus casas después de una agotadora jornada de trabajo, donde los jóvenes vienen de largas jornadas de estudio y trabajo también, la gente sienta la necesidad no de irse a sus casas a descansar, sino que sientan la necesidad de encontrarse y reposar en el mismo Dios que camina con ellos día a día, de una forma sencilla y sin muchos adornos, en un lugar donde cada uno se encuentra con Dios y la comunidad desde lo que es, desde lo que cada uno simplemente es. Y es que eso es nuestra comunidad, eso es La Legua, un lugar de encuentro y eso fue nuestra oración, un encuentro cercano, profundo y con la sencillez del pueblo.
¿Por qué vinieron los jóvenes? pregunto uno de los hermanos…. seguramente tendrían algo mas entretenido que hacer un viernes en la noche, donde la gran mayoría se prepara para salir a alguna fiesta o bien se prepara para descansar después del trabajo semanal. Pues bien, he aquí un milagro para mi, lo inexplicable a los ojos de la sociedad y lo mas rebelde quizás, la necesidad de encontrarse con quien les da la fuerza, con quien les anima, les ama y les enseña a amar, que panorama mejor que ese? Al parecer ninguno.
Solo me queda agradecer a Dios y los hermanos por invitarnos a encontrarnos en esta oración, invitarnos a hacer un alto en nuestra rutina, detenernos para poder mirarnos y poder reposar en el verdadero amor.”