martes, 20 de julio de 2010

Papa: dedicar las vacaciones al espíritu

MATERIAL LITURGICO PARA LOD GRUPOS DE ADULTOS MAYORES. Julio 2010



El 26 de julio 2010 la Iglesia Católica celebra la memoria de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús.
GUION para la CELEBRACIÓN de la FESTIVIDAD DE SAN JOAQUÍN y SANTA ANA

DÍA de los ABUELOS.


Preparación: Hermanos: Nuestros abuelos están de fiesta. Hoy nos reunimos en esta Eucaristía para pedir la intercesión de San Joaquín y Santa Ana. Que ellos bendigan, a quienes con su presencia en sus familias, brindan sostén y experiencia llena de sabiduría. Recibimos al celebrante cantando… Escuchamos la PALABRA DE DIOS. Las personas mayores merecen gratitud y veneración. Oración de los fieles - Para que cada familia sea signo de la Iglesia fundada por Cristo.
Oremos. - Para que, unidos a la intención de nuestro, Papa Benedicto XVI, pidamos para que las familias sean garante de un patrimonio de tradiciones.
Oremos. - Para que los abuelos encuentren en sus familias el espacio de contención que necesitan.
Oremos. - Para que los abuelos sean reconocidos como una cadena de transmisión de la fe a las nuevas generaciones.
Oremos. - Para que los responsables de cubrir sus necesidades y respetar sus derechos cumplan con sus obligaciones.
Oremos. Presentación de las Ofrendas Los abuelos presentan las ofrendas de pan y vino y se acercan al altar con sus hijos y nietos entregando la dicha de ser familia. Comunión Recibamos su Cuerpo y su Sangre para ser fortalecidos en las adversidades.
* Los nietos expresan a sus abuelos su cariño y gratitud. (Se sugiere que escriban una carta para los abuelos). * El sacerdote invita a los abuelos/las a reunirse cerca del altar para impartirles la bendición. * Se pudo haber repartido la oración del Papa Benedicto XVI por los abuelos para rezarla juntos.

ORACION DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI. A LOS ABUELOS DEL MUNDO
Señor Jesús, tu naciste de la Virgen María, Hija de San Joaquín y Santa Ana. Mira con amor a los abuelos de todo el mundo. ¡Protégelos! Son una fuente de enriquecimiento para las familias, para la Iglesia y para toda la sociedad. ¡Sostenlos! Que cuando envejezcan sigan siendo para sus familias pilares fuertes de la fe evangélica, custodios de los nobles ideales, hogareños, tesoros vivos de sólidas tradiciones religiosas. Haz que sean maestros de sabiduría y valentía, que transmitan a generaciones futuras los frutos de su madura experiencia humana y espiritual. Señor Jesús, ayuda a las familias y a la sociedad a valorar la presencia y el papel de los abuelos. Que jamás sean ignorados o excluidos, sino que siempre encuentren respeto y amor. Ayúdales a vivir serenamente y a sentirse acogidos durante todos los años de vida que les concedas. Amén.
Benedicto XVI.

domingo, 18 de julio de 2010

CAMPAÑA DE AYUDA ECONÓMICA. RESTAURACIÓN DE LA CAPILLA Y CASA DE RETIRO EN LA ERMITA.RINCONADINA.



RESTAURACIÓN DEL SANTUARIO DE LA ERMITA CARMELITANA. RDA DE SILVA

El Viernes 16 de Julio 2010 (Fiesta de Nuestra Señora del Carmen) se dio inicio oficial a la campaña para restaurar la capilla y casa de retiro en la Ermita Carmelitana, ubica a los pies del Monte Orolonco en el Valle de Rinconada de Silva - Quinta Región Interior Cordillera, en un lugar de oración llamado tradicionalmente Baños del Parrón.


Allí se encuentra enclavado en un hermoso entorno natural cuidado por vertientes de aguas naturales, el santuario Carmelitano, y la casa de retiro, los que fueron dañados a causa del terremoto del 27 de Febrero 2010.


La ayuda se canalizará para la reparación de estos dos grandes centros de espiritualidad Transfigurista.


La ayuda económica debe estar remitida a los siguientes fono atención, en donde te indicaran como realizar los depositos bancarios solidarios:




56 - 34 - 50 11 38 (Fono red Fija de la Parroquia de Rinconada de Silva)




92483771 (Celular del Párroco de la Parroquia de Rinconada de Silva. Presbítero Padre Juan Cortés Malbran MT).




Necesitamos vuestra ayuda generosa para las reparaciones urgentes que estos lugares de oración requieren, recordando que este santuario dedicado a la Patrona de la Nación Chilena, ha de estar adecuado para las celebraciones del Bicentenario de nuestra Patria.




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HOMILIA DEL DOMINGO 18 de Julio 2010.



Material de Reflexión Dominical. Enviado por Nuestro Amigo y Hermano, el Presbítero Padre. Carmelo Hernández, quien nos la envía cada Semana desde Tenerife España.


No Pases De Largo Junto a Tu Siervo


Gén. 18, 1-10; Sal. 14; Col. 1, 24-28; Lc. 10, 38-42


Abrahán, al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda… si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo’. Así escuchábamos el relato del Génesis. ‘Jesús mientras iba de camino entro en una aldea y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa’, nos dice el Evangelio. Y allí, Marta y María, cada una a su manera acogen y reciben a Jesús en su casa.
Al escuchar estos dos textos se nos está sugiriendo la hermosa virtud de la acogida y de la hospitalidad. Sin hacernos demasiadas consideraciones pensamos lo hermoso que es la hospitalidad con la que podemos y tendríamos que sabernos acoger los unos a los otros y decimos que queremos ser hospitalarios y acogedores con los demás. Nos parece lo más correcto en una buena educación y lo más humano en una relación mutua entre unos y otros.
Pero si os digo a continuación que añoro aquellos tiempos en que nuestras casas estaban siempre abiertas, las puertas no se cerraban nunca, los vecinos entrábamos con toda confianza y libertad en las casas de los unos y de los otros, e igual recibíamos a cualquiera que pasara por nuestra puerta, seguro que enseguida decimos, es que eso era en otros tiempos, con los tiempos que corren ya no podemos actuar así ni tener abiertas las puertas de nuestras casas de la misma manera, ahora no sabemos de quién nos podemos fiar.
Pero, ¿queremos ser acogedores y hospitalarios sí o no? ¿Es cuestión de corrección, de educación, de humanidad o tiene que ser algo más?¿Cómo vamos a entender esa hospitalidad? No me atrevo a decir si es cuestión o no de abrir o cerrar puertas, pero creo que sí podemos constatar que hoy andamos en la vida muy llenos de desconfianzas. Serán o no serán las puertas de nuestras casas las que permanecen abiertas o cerradas, pero creo que lo que verdad tiene que interrogarnos es si es nuestro corazón el que está de alguna manera cerrado por esa desconfianza.
Sí, desconfianzas… aparecen muchas en la vida: al que no conocemos, al que nos parece forastero, al que no es de los nuestros, al que tiene la piel de otro color, al que es un inmigrante y no sabemos ni de donde viene, al que nos parece sospechoso por su aspecto, al que es de tal o cual condición… no vamos a seguir pero son tantos los ‘peros’ que vamos poniendo como murallas entre unos y otros que nos impiden o distancian nuestra relación mutua. Pienso que es bueno que nos hagamos esta reflexión a la luz de lo que la Palabra de Dios hoy nos sugiere. Pero una reflexión que tenemos que hacernos con los pies bien sobre la tierra pero con los oídos del corazón bien abiertos a lo que el Señor quiera decirnos o pedirnos.
Nos podíamos quedar en nuestra reflexión en pensar en esa acogida como una relación con Dios; Dios que viene a nosotros y al que tenemos que saber escuchar y acoger en nuestra vida. El texto del Evangelio contemplando a María a los pies de Jesús escuchándole nos puede hacer pensar en esa escucha que tenemos que saber hacer de Dios en nuestro corazón. Y muchas veces hemos querido hacer demasiadas distinciones y diferencias entre la manera de acoger Marta a Jesús en su casa y la manera de hacerlo María. No tendríamos, por supuesto, que enfrentar posturas, sino más bien conjuntar.
Por otra parte sabemos que el encuentro que Abrahán tiene con aquellos tres caminantes es un encuentro con Dios que se le manifiesta. Además de entrada el texto ha dicho ‘El Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré’. Mucho podríamos reflexionar por ese camino.
Pero tenemos que reconocer y descubrir cómo Dios sigue viniendo al encuentro del hombre hoy, y cómo nosotros hemos de saber acogerle. Es cierto que son los Sacramentos, que será su Palabra proclamada y contenida en la Biblia; pero no olvidemos cómo Jesús nos enseña cómo también tenemos que saber descubrirle a El en los demás, porque ‘todo lo que hicisteis a uno de estos mis humildes hermanos a mi me lo hicisteis… tuve hambre… tuve sed… era forastero… estuve desnudo… enfermo y en la cárcel…’ que nos dice Jesús.
Creo que entonces sí podremos reconocer que lo que hablábamos al principio de la hospitalidad y la acogida no está tan lejos del espíritu del Evangelio. Y esa acogida y hospitalidad tiene que traducirse en muchos gestos, en muchas posturas, en muchas actitudes de las que tenemos que llenar nuestro corazón
¿Qué podemos ofrecer al que llega a las puertas de nuestra vida? Algunas veces nos puede parecer más fácil el dar cosas, aunque nos duela en ocasiones rascar nuestros bolsillos para dar de lo nuestro, sin embargo podemos preferirlo por más cómodo o menos comprometido. Nos tenemos que dar cuenta que quien llega a nosotros es una persona, quizá, es cierto, con unas necesidades materiales que podremos o no resolvérselas; pero esa persona con su vida es algo más que unas necesidades materiales.
Abrahán ofreció sombra junto al árbol de Mambré, agua y una hogaza de pan para descansar y recuperar fuerzas; Marta y María la acogida de su casa, los preparativos necesarios de una mesa servida con amor, el silencio de una escucha para que Jesús se sintiera a gusto en aquel hogar. Bien significativo todo eso para nosotros.
Por eso una verdadera acogida, un verdadero espíritu de hospitalidad tiene que pasar por la acogida a la persona, por el respeto que le manifestemos, por el tiempo que sepamos dedicarle para escucharle sin dar por sentado que ya nos sabemos sus problemas o necesidades, por ese silencio que sepamos hacer en nosotros o en nuestros pequeños problemas para atender atentamente a quien llega a nosotros, por el afecto que seamos capaces de tener en nuestro corazón y mostrarlo con nuestros gestos, con nuestra sencillez, con nuestra cercanía, por esa apertura de nuestro espíritu sea quien sea aquel con quien nos encontremos para no hacer diferencias ni distinciones a las que tan acostumbrados estamos. Es una forma de abrir las puertas de nuestra vida, de nuestro corazón para dejar que el otro llegue a nuestro lado y se pueda sentir a gusto con nosotros.
Todo eso, que podemos decir, está en un plano humano, sin embargo para nosotros desde nuestra fe se trasciende, se eleva a otros niveles y categorías. Porque en nuestra fe sabemos quien es en verdad el que llega a nosotros y al que tenemos que acoger. Es lo que antes recordábamos de lo que nos dice Jesús que todo lo que le hagamos al otro a El se lo hacemos, que toda esa acogida que estamos haciendo al hombre, es acogida que estamos haciendo a Dios que llega a nuestra vida.
‘Si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo’, le pedía Abrahán a Dios que llegaba a él en el símbolo de aquellos tres personajes. Pero tendríamos que decirnos que no pasemos nosotros de largo nunca junto a ese hermano con el que nos vamos tropezando en los caminos de nuestra vida o que llega a tocar a las puertas de nuestro corazón. Que sepamos ofrecerle esa jarra de agua o ese pedazo de pan de nuestra amistad, nuestro cariño, nuestra acogida, nuestra ayuda, nuestra escucha, en una palabra, nuestro amor.

sábado, 17 de julio de 2010

ORACIÓN A LA CARMELITA MISIONERA, QUE YA RECORRE TODO EL PAÍS. JULIO 2010


ORACION POR CHILE


¡Virgen del Carmen, María Santísima,
Dios te escogió como Madre de su Hijo,
del Señor Jesús, que nos trae el amor y la paz.

Madre de Chile,
a Ti honraron los padres de la patria,
y los más valientes de la historia;
desde los comienzos nos diste bendición.

Hoy te confiamos lo que somos y tenemos;
nuestros hogares, escuelas y oficinas;
nuestra fábricas, estadios y rutas;
el campo, las pampas, las minas y el mar.

Protégenos de terremotos y guerras,
sálvanos de la discordia;
asiste a nuestros gobernantes;
concede tu amparo a nuestros hombres de armas;
enséñanos a conquistar el verdadero progreso
que es construir una nación de hermanos
donde cada uno tenga pan, respeto y alegría.

Virgen del Carmen, Estrella de Chile,
en la bandera presides nuestros días
y en las noches tormentosas,
sabiamente alumbras el camino.

Madre de la Iglesia,
Tú recibes y nos entregas a Cristo;
contigo nos ofrecemos a Él,
para que sobre Chile extienda
los brazos salvadores de su cruz
y la esperanza de su resurrección.
Amén.

sábado, 10 de julio de 2010

HOMILIA DEL DOMINGO.12 DE JULIO 2010



El Buen Samaritano Nos Enseña La Sabiduría Del Amor


Deut. 30, 10-14; Sal. 68; Col. 1, 15-20; Lc. 10, 25-37


REFLEXIÓN ENVIADA POR EL PRESBITERO. CARMELO HERNÁDEZ. DESDE TENERIFE ESPAÑA.

¡Cuántas justificaciones nos buscamos para nuestra mediocridad! ¡Cuántos rodeos vamos dando en la vida para buscar el justificarnos, para cumplir pero sin tener que darnos mucho, para evitar tener que enfrentarnos a situaciones donde tengamos que arremangarnos y poner manos a la obra en su solución! Son los primeros pensamientos que me surgen al escuchar el relato del evangelio proclamado. Por una parte, el maestro de la ley que tenía que tener buen conocimiento de lo que es la ley del Señor, viene a preguntar ‘maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?’ Luego que pregunta quién es ese prójimo al que tiene que amar. Por otra parte los personajes de la parábola de Jesús, el sacerdote y el levita, que ‘dieron un rodeo y pasaron de largo’.


¿Llegaban tarde al templo? Realmente venían de vuelta porque venían bajando también de Jerusalén. ¿Podrían convertirse en impuros por si acaso aquel hombre caído fuera ya cadáver? Ya sabemos lo de las impurezas legales entre los judíos y que los fariseos cuidaban tanto. Pero no nos contentemos en fijarnos, comentar y criticar la actitud de aquellos personajes sino aprendamos la lección; o, mejor aún, miremos si acaso actitudes parecidas a estas tenemos también nosotros muchas veces en nuestro corazón.


Porque lo de preguntarnos hasta donde tenemos que llegar para cumplir, sí que es una cosa en la que caemos o podemos caer con frecuencia. ‘¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?’ es una pregunta que de una forma u otra nos hacemos nosotros también. Lo de las rebajas no es sólo a nivel comercial en ciertas épocas sino que muchas veces son actitudes que se nos pueden meter en el corazón en nuestra relación con Dios. Una cosa sí es clara, cuando nos decimos seguidores de Jesús no podemos andar con tales mediocridades.La pedagogía de Jesús es hermosa en este episodio. Cuando le pregunta el maestro de la ley, simplemente le hace recordar lo que estaba escrito en la Ley. Por eso, a la respuesta de aquel hombre repitiendo lo que era el primer mandamiento de la ley de Dios, Jesús simplemente le dice ‘haz esto y tendrás la vida’.


Es lo que hemos escuchado hoy en el libro del Deuteronomio. ‘El mandamiento que yo te mando hoy no es cosa que te exceda ni inalcanzable… está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo’. Es la alegría de nuestro corazón. Es el sentido de nuestra vida. Es el camino que nos lleva a la vida. Cúmplelo y tendrás vida.Pero sigue surgiendo la pregunta para ver hasta donde tengo que llegar. Claro que con Jesús no valen medias tintas, no valen mediocridades. Y el sentido del amor tendrá una amplitud más grande, una plenitud mayor. ‘¿Quién es mi prójimo?’ se pregunta el maestro de la ley. ¿Con quién tengo que portarme como prójimo? O, como nos preguntamos nosotros a veces, ¿hasta donde tengo que amar a mi prójimo?Es cierto que en el Antiguo Testamento normalmente amar al prójimo era amar al que está a mi lado, en el sentido, de amar a mi pariente o a mi amigo. Aunque también nos encontraremos textos del Antiguo Testamento que nos hablan del respeto que hemos de tener al forastero o al huésped que llega hasta ti, de ahí las leyes de la hospitalidad tan hermosas en las costumbres de los antiguos.


Pero ya sabemos cómo con Jesús el concepto de prójimo adquiere un sentido y un estilo más amplio y más dinámico. Precisamente la parábola que hoy nos propone eso nos enseña. Porque ‘¿cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?’, pregunta Jesús. Y la respuesta fue: ‘el que practicó misericordia con él’, y precisamente era un samaritano, un forastero, uno al que casi consideraban como un enemigo, pues ya sabemos la enemistad entre judíos y samaritanos que nos lo refleja también el evangelio.


Ahí está precisamente el mensaje de la parábola, el mensaje del Evangelio. Frente a esas mediocridades con que andamos tantas veces en la vida, donde vamos poniendo límites y medidas a todo lo que hacemos, o haciéndolo buscando unos beneficios o rendimientos del bien que podamos hacer, tenemos que aprender de la sensibilidad, sencillez, generosidad, humanidad, finura del buen samaritano. Se bajó de su cabalgadura para acercarse al hombre malherido que estaba tendido al borde del camino. No tuvo miedo de perder su tiempo o de salpicarse de la sangre del caído, sino se le acercó y le vendó sus heridas echándoles aceite y vino. Lo cargó sobre sus hombros, casi podemos decir recordando al Buen Pastor que cargó sobre sus hombros a la oveja herida y perdida, porque lo montó en su cabalgadura para llevarlo a la posada más próxima donde pudieran atenderle.


‘Cuida de él, le dijo dándole dos denarios al posadero, y lo que gastes de mas yo te lo pagaré a la vuelta’.Tenemos que aprender a ser buen samaritano que llevemos los ojos bien abiertos por la vida para ver donde hay un hombre caído, donde está quien pueda necesitarnos, donde haya alguien atenazado por el dolor o el sufrimiento, donde esté un corazón triste y apenado, y sabernos detener para curar, para sanar, para calmar cualquier sufrimiento, para dar vida, para levantar el ánimo, para suscitar esperanza.


La lección del samaritano es bien hermosa y elocuente. No era judío, y sin embargo supo tener misericordia en su corazón para atender al caído. Nos refleja bien lo que es el amor en el sentido de Jesús y nos refleja también lo que es el amor misericordioso del padre que acoge al hijo malherido. Un amor que nos lleve a ayudar a quien lo necesite más allá de cuales sean las diferencias que haya entre nosotros.Tenemos que ser también como aquel posadero que sepamos acoger al que sufre, al que necesite nuestro consuelo o nuestro cariño, para saber acompañar, para saber escuchar, para saber trasmitir vida, para practicar las obras de misericordia ya sean corporales o espirituales, como estudiábamos en el catecismo, con ese hermano que encontremos caído en el borde del camino de la vida. Y no hace falta ir muy lejos para encontrarlo.


Lo que necesitamos será quizá abrir los ojos de nuestro corazón para encontrarlo.No podemos quizá resolver todos los problemas porque grande es la amplitud del mal y del sufrimiento, pero si podemos poner cada día nuestro granito de arena poniendo más humanidad en nuestro mundo y en nuestras mutuas relaciones.


Lo que sí tenemos que cuidar es que por la amplitud del sufrimiento que contemplemos nos lleguemos a acostumbrar e insensibilizar. Lejos de nosotros esa pasividad y esa atonía que se nos puede meter en la vida, como todas esas justificaciones que a veces nos buscamos. El amor siempre tiene que ser un revulsivo fuerte en nuestro corazón para que con nuestro testimonio despertemos esa sensibilidad del amor en los que nos rodean. Pidamos al Señor esa sabiduría del amor.

domingo, 4 de julio de 2010

HOMILIA DEL PRIMER DOMINGO DEL MES DE JULIO 2010


Material Gentileza de Nuestro Gran Amigo Presbítero. Padre. Carmelo Hernández, Desde Tenerife España.


Poneos en camino… decid primero: Paz a Esta Casa.


Isaías, 66, 10-14; Sal. 65; Gál. 6, 14-18; Lc. 10, 1-12.17-20


La palabra proclamada comienza haciéndonos una invitación a la alegría y a la fiesta con el profeta Isaías, ‘festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría…’ y termina invitándonos también Jesús en el evangelio ‘estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo’.


Invitación a la alegría porque el Señor va a derramar su paz sobre su pueblo, ‘como un río, como torrentes en crecida’, y sentirán el consuelo del Señor, ‘así os consolaré yo y en Jerusalén seréis consolados’.


Pero ese es también el mensaje que Jesús confía a sus discípulos, la paz en el anuncio del Reino de Dios. ‘Designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos a donde pensaba ir El… Poneos en camino… cuando entréis en una casa, decid primero: paz a esta casa… curad a los enfermos que haya y decid: está cerca de vosotros el Reino de Dios’.


‘Poneos en camino…’, nos sigue diciendo a nosotros hoy. Y no nos oculta las dificultades, ‘como ovejas en medio de lobos… y si no os reciben bien…’ Ponernos para anunciar el Reino de Dios que está cerca de nosotros. ¿Encontraremos quien nos haga oposición y luche contra nosotros? ¿Será escuchado el mensaje o será rechazado? De una cosa sí estaremos seguros y es que es necesario hacer ese anuncio hoy en el mundo que vivimos.


Cuántas veces hablamos de la crisis, de la mala situación que estamos pasando en todos los sentidos. Creo que tenemos que saber hacer una lectura de fe de todo lo que sucede. Porque en el fondo de todo esa situación de nuestro mundo puede haber una llamada del Señor para nosotros los que creemos en El y un mensaje que tenemos que saber trasmitir. Son cosas que suceden en nuestro mundo y a ello tenemos que saber dar una respuesta desde esa fe que tenemos en Jesús y desde la misión que El nos confía.


Hablamos de la crisis, porque está en boca de todos, y pensamos en la economía como pensamos en la pobreza que va creciendo más y mas a nuestro alrededor, sin olvidar la más grave situación de pobreza, miseria y hambre que viven tantos pueblos de nuestro mundo con tantas desigualdades en unos países y otros y tantos millones de personas que mueren de hambre. Porque no podemos ser tan ciegos que nos quedemos sólo mirando lo que nos pasa a nosotros.
Pero la crisis no está sólo en ese aspecto tan pecuniario y económico; cuánta violencia de la que oímos hablar todos los días y no vamos a hacer listados; cuánta falta de valores y principios que guíen nuestro actuar de una forma ética y con sentido profundo; cuánta indiferencia en lo religioso y cuánta confusión, aunque el hambre de lo espiritual algunas veces se trate de saciar sin saber bien dónde. Y así podíamos pensar en muchas más cosas.


Por eso nos dice Jesús que la tarea no es fácil y que además hacen falta muchos obreros para esa mies que puede ser tan abundante y donde tenemos tanto que hacer. Nos pide que ‘roguemos al dueño de la mies para que envíe obreros a su mies’. Pero ahí nos envía Jesús a llevar su mensaje de paz, el mensaje del Reino de Dios que comienza precisamente por ahí, por ese anuncio de paz, por esa construcción de la paz. Y es un mundo nuevo el que tenemos que hacer, un hombre nuevo, una criatura nueva. No nos podemos cruzar de brazos.


‘Poneos en camino… curad a los enfermos que haya y decir: está cerca de vosotros el Reino de Dios’, nos dice el Señor. ‘Así os consolaré yo…’ nos decía el profeta. Tenemos que anunciar la paz, tenemos que curar y consolar. Cuántas heridas que sanar en el corazón del hombre. Cuántos corazones atormentados, cuánto sufrimiento, cuánto dolor… cuántas personas que necesitan una palabra de aliento, una palabra de consuelo; cuánta esperanza tenemos que suscitar en que es posible un mundo nuevo, un hombre nuevo.


Pero es también curar los corazones egoístas y encerrados en sí mismos para despertar solidaridad en todos y afán de justicia para que entre todos sepamos colaborar para hacer eso nuevo que tenemos que construir. Llevamos la misericordia del Señor; anunciamos la Palabra de Dios que es Palabra de vida y de salvación para todo hombre.
Todo eso se tiene que traducir en gestos de amor, de cercanía; en gestos pequeños y humildes pero que despierten la fe y la esperanza. Por eso nos dirá que no nos preocupemos de llevar talegas, alforjas o sandalias. Porque lo importante es esa disponibilidad y esa generosidad de nuestro corazón para realizar la tarea que el Señor nos encomienda. Porque es importante que sepamos buscar lo que verdaderamente es importante, lo que son los verdaderos valores con los que tenemos que hacer que nuestro mundo sea mejor. Para que desterremos el egoísmo, para que dejemos de pensar tanto sólo en nosotros mismos, para que se entierren para siempre los gestos, las palabras, los gritos de violencia. Para que florezca la solidaridad y el amor para que todos nos empeñemos en hacer ese mundo nuevo.
Como decía el salmo ‘venid a escuchar: os contaré lo que el Señor ha hecho conmigo’. Es lo que nosotros queremos vivir en el día a día de nuestra vida. Es lo que vamos logrando poniendo esos pequeños granos de arena de cosas buenas cada día. Es el testimonio que entonces tenemos que dar; la experiencia de lo que nosotros vivimos tiene que hablar, porque no son sólo palabras sino el testimonio de nuestra vida lo que necesita escuchar nuestro mundo para que lleguen a mirar y a escuchar al Señor.
‘Yo haré derivar hacia ella como un río la paz…’ nos decía el profeta. Y cuando los discípulos volvieron contentos por lo que habían realizado en el nombre de Jesús, les dice: ‘estad contentos porque vuestros nombres están inscritos en el cielo’. Despierta también el Señor en nosotros la esperanza y nos invita a la alegría por ese Reino de Dios que anunciamos. ‘Vuestra recompensa será grande en los cielos’, nos dijo cuando las bienaventuranzas.