lunes, 25 de abril de 2011

VIERNES SANTO 2011. "El Sentido de la Cruz".



Sólo unas letras para compartir con vosotros una pequeña reflexión del día de hoy.
Este año vivo la Pascua en Madrid. Acostumbrado a salir a celebrar a otros lugares, con mucha gente, se me hace extraño pero, a la vez, creo que le estoy sacando un partido nuevo, unas nuevas experiencias.
Estoy en la Casa de las Hermanas Operarias Parroquiales, que, amablemente, me ceden un espacio para la reflexión de estos días.
Hoy quiero compartir con vosotros una pequeña reflexión, que me surje de la lectura de un texto de Fray Marcos que me ha encantado, pues creo que da con todo el sentido de la Cruz del Viernes Santo.
El título ya lo dice todo: “Se puede salvar el hombre sin Cruz, pero nunca sin Amor”.
En esto días, y más hoy Viernes Santo, podemos caer en la tentación de quedarnos sólo en el sufrimiento de Jesús, en los azotes, en la corona de espinas, en la Cruz… pero no, no son los azotes, ni los clavos, lo que nos salva.
La Pasión no es un mal trago que tuvo que pasar Jesús para alcanzar la Gloria. Tenemos que llegar a descubrir que la gloria de un ser humano, su plenitud, está en hacer presente a Dios en uno mismo, ya sea viviendo o muriendo para los demás.
De tal forma, tanto viviendo, como muriendo por los demás, por el otro, nuestra vida tiene que ser un “darnos”, un Manifestar a Dios dándonos; en definitiva: nuestra vida tiene que ser un “darse”, que no es otra cosa que un signo de Amor.
Dios está sólo donde hay Amor. Si el amor se da en el Gozo, ahí esta Dios. Si el amor se da en el sufrimiento allí está Él también.
Se puede salvar el hombre sin Cruz… pero nunca se podrá salvar sin Amor.
Quizá os venga bien como reflexión para la Adoración de la Cruz de esta noche.
Os dejo también con una canción que, sin lugar a dudas, es el complemento idóneo al texto de Fray Marcos.






Reflexión de Fernando Mosteiros - España en su Blog:






martes, 19 de abril de 2011

Presentado el vídeo oficial de la Jornada Mundial de la Juventud Madrid ...

JMJ 2011 Madrid los jovenes te esperamos

HOMILIA DEL DOMINGO DE RAMOS 2011



"La Pasión De Jesús En la Humildad, la Entrega y el Amor."






Material Enviado desde Tenerife España por Nuestro Amigo y Hermano en la Fe. Padre Presbítero Caremelo Hernández.






Mt. 21, 1-11; Is. 50, 4-7; Sal. 21; Filp. 2, 6-11; Mt. 26, 14-27, 66






‘No hizo alarde de su categoría de Dios… se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo… se rebajó hasta someterse a la muerte, y una muerte de cruz…’ Lo hemos contemplado así en la pasión. Sobran las muchas palabras. Es día de contemplación. Es tiempo de contemplar en silencio y sentir en lo hondo del corazón.



Se despojó, se rebajó… ‘Está cerca la hora, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores’, dirá Jesús en Getsamaní. Es lo que contemplamos y tenemos que vivir. La maravilla del amor de Dios que se entrega. En manos de los pecadores. En nuestra manos. Su Sangre va a ser derramada para el perdón de los pecados. Para nuestro perdón. Ahí contemplamos su cuerpo entregado, su vida entregada, su amor hasta el final.


En la humildad, en el silencio, en el amor más profundo y glorioso. Tenemos que quedarnos contemplando su entrega haciéndose el último, el esclavo que da su vida. Su vida, por nuestra vida. ‘Conviene que muera uno por todo el pueblo’, había dicho Caifás, el sumo sacerdote. Era profecía que ahora se está cumpliendo. Nos viene a rescatar, a redimir. Nos viene también a enseñar el verdadero camino de la salvación.Tanto amó Dios al mundo, tanto nos amó que de esa manera se entregó. ‘Pasando por uno de tantos’. Es el rey victorioso que nos redime pero su victoria está en la cruz, en su muerte redentora.


Es Dios que nos salva. Pero se hace humilde, se hace pequeño, como fue toda su vida. Su gozo era estar en medio de los hijos de los hombres, entre los pobres y sencillos, entre los que sufren, entre los humildes. Cuando viene a Jerusalén para la Pascua, para su Pascua que iba a ser nuestra Pascua, aunque las gentes le aclaman entra humilde en un borrico. ‘Decid a la hija de Sión: mira a tu rey que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila’, había anunciado el profeta y los discípulos recordarían al verlo entrar aclamado en la ciudad santa. Nosotros también lo hemos aclamado hoy como el hijo de David, el que viene en nombre del Señor. Pero nosotros lo aclamamos, aunque sea recordando aquella entrada en Jerusalén, sabiendo, sin embargo, que en su Pascua nos salvaría y nos traería la redención.Por eso, hoy, una y otra vez vamos repasando todos los momentos de su pasión. Lo que El repetidamente había anunciado. Entregado en manos de los gentiles. Abandonado y traicionado. ‘Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar’, anunciaría en la cena. Sus discípulos más cercanos se duermen cuando la angustia llena su alma de tristeza en Getsemaní. ‘¿No habéis podido velar una hora conmigo?’ A diario enseñaba en el templo y repartía sus bondades sanando y curando y ahora ‘¿habéis salido a prenderme con espadas y palos como a un bandido?... y en aquel momento todos sus discípulos lo abandonaron y huyeron’. Comenzaba su pasión. Pedro niega conocerle, Judas le traiciona.


‘Yo no me resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba, no me tapé el rostro ante ultrajes y salivazos…’ había anunciado el profeta. A la pregunta del sumo sacerdote – ‘¿eres el Mesías, el Hijo de Dios’ - responde con claridad: ‘Tú lo has dicho… v eréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Todopoderoso’. Está condenado. ‘Ha blasfemado. Es reo de muerte’. Y entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon, y otros lo golpeaban…’Las burlas y los escarnios se repetirán cuando sea llevado ante el Gobernador.


Una corona de espinas, un manto color púrpura, insultos y golpes se repiten. No entramos en todos los detalles que ya hemos escuchado en el relato del evangelio. ‘Y Jesús callaba’, dice el evangelista. Prefieren su muerte comparado con un malhechos y entre dos bandidos será cruficado. Ahí está la humildad y la grandeza de un Dios hecho hombre que se hace el último para redimirnos y salvarnos. Ahí está la maravilla del amor de Dios. Cuánto nos enseña. Aprendamos de su silencio y de su amor, de su humildad y de su entrega. Nos había dicho que quien quisiera ser el primero se hiciera el último, pero no solo eran palabras, sino que ahora nos lo está diciendo con su vida, con su entrega, con su pasión. Cómo tenemos que aprender ese camino de la humildad y del amor. Es que el amor verdadero siempre nos hace humildes, pacientes, entregados en silencio y con generosidad.


Cuánto nos cuesta. Nos afloran enseguida nuestros orgullos y el amor propio. Cómo nos duele cuando no corresponden a nuestro amor o nos sentimos heridos por cualquier cosa. Pero tenemos que aprender la lección de Jesús. Si nos sentimos salvados por tanto amor, eso tiene que movernos a un amor igual, a buscar siempre y en todo lo que es la voluntad del Señor.‘Tu quisiste que nuestro Salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al género humano una vida sumisa a tu voluntad’, hemos pedido en la oración litúrgica de este día. ‘Que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio y que un día participemos de su gloriosa resurrección’. Sigamos con nuestra contemplación a lo largo del día, de estos días santos que estamos iniciando. Es la semana de la pasión que nos llevará a la resurrección.


Que la contemplación de la pasión en estos días nos lleve a la Pascua, a ese paso de Dios por nuestra vida. Paso de amor, de entrega, de pasión, de vida para nosotros. Tenemos que vivirlo. No somos espectadores sino que tenemos que meternos hondamente en la pasión del Señor, dejar que el Señor con su gracia se meta en nuestra vida y en ese paso de Dios encontremos la salvación, lleguemos a vivir esa nueva vida que El nos ofrece y quiere para nosotros. Así llegaremos a participar de su resurrección siendo resucitados con El.El centurión reconocería después de su muerte ‘realmente éste era Hijo de Dios’.


Y en la carta de san Pablo escuchábamos ‘por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el nombre sobre todo nombre… y toda lengua proclame Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre’. Es lo que nosotros tenemos también que proclamar con toda nuestra vida. Lo cantaremos así cuando llegue la Pascua, la resurrección. Y tendremos que hacerlo siempre con el testimonio de nuestra fe y nuestra vida cristiana. Y es que ‘al morir destruyó nuestra culpa y al resucitar fuimos justificados’ que diremos en el prefacio.

domingo, 10 de abril de 2011

HOM ILIA DEL DÍA DOMINGO. 10 DE ABRIL 2011


La resurrección de Lázaro nos enseña a resucitar con Cristo.


Ez. 37, 12-14; Sal. 129; Rom. 8, 8-11; Jn. 11, 1-45


Entramos en el quinto gran momento de nuestro camino cuaresmal. Ante nuestros ojos aparece ya la resurrección y la vida como victoria contra la muerte y el pecado. Comienza el evangelio de hoy hablando de enfermedad y de muerte. Jesús hablará más tarde de sueño del que hay que despertar.

Pero nos dirá también que todo sucede para que se manifieste la gloria de Dios. No nos gusta el dolor y el sufrimiento, tememos a la muerte, lo rechazamos o nos rebelamos con todo ello; algunas veces lo ocultamos por miedo quizá o por temor ante el sin sentido. Pero Jesús cuando les anuncia a los discípulos que Lázaro, su amigo, a quien ama, está enfermo, les dirá que no es para muerte sino que ‘servirá para la gloria de Dios y para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella’.

Se entremezclan en el mensaje el sufrimiento de la enfermedad física y la muerte corporal, con otra muerte de la que Cristo quiere despertarnos, arrancarnos, hacernos resucitar. Pero en una y otra hemos de saber descubrir donde está la gloria de Dios y cómo hemos de dar gloria a Dios.

Nos cuesta entender a veces, como no terminaban de entender los discípulos las palabras de Jesús, y como no entendían las dos hermanas, Marta y María, la ausencia de Jesús. Las dos repiten la misma queja: ‘Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano’. Pero aún siguen confiando en Jesús. ‘Pero aún ahora sé que todo lo que le pidas a Dios, Dios te lo concederá’. Pero allí está Jesús. Anuncia resurrección y vida. Hay que creer en El.

Con Jesús tendremos vida para siempre. El quiere arrancarnos de toda muerte. Con su muerte va a vencer la muerte para llenarnos de vida. El es el vencedor de la muerte y le contemplaremos resucitado. Ahora nos dará un signo, una señal que nos anuncia esa victoria, con la resurrección de Lázaro. ‘Tu hermano resucitará… sé que resucitará en el último día… yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre…’ Es el diálogo de Jesús con Marta.Hay detalles hermosos en este texto del evangelio que nos hablan de cómo Jesús está con nosotros en nuestro sufrimiento y nuestra muerte de la que quiere arrancarnos. Jesús sufre con los que sufren, llora con los que lloran. Repetidamente nos lo hace ver el evangelio. Se conmovió con las lágrimas de María y de los que la acompañaban entre lágrimas.

Al llegar a la tumba ‘se echó a llorar… y sollozando llegó a la tumba’. Es la compasión y la ternura del corazón de Dios. Son las lágrimas de Dios ante nuestro dolor. ¿Pensamos en un Dios lejano y ajeno a nuestra vida y a nuestro sufrimiento? Aquí tenemos una muestra de la cercanía y la ternura de Dios. Si aprendiéramos a leer la historia de la salvación a través de la Biblia descubririámos eso mismo en muchas ocasiones. ¿Cómo no creer en El y amarle?‘Quitad la loza… Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que me escuchas siempre… Lázaro, sal fuera… Desatadlo y dejadlo andar…’ El milagro se ha realizado. Lázaro ha resucitado. Allí estaba el amor de Dios. Alli estaba la fe de Marta y de María.


‘Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, que tenía que venir al mundo’. Allí comenzó a despertarse la fe en muchos. ‘Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en El’. Y ¿nosotros? ¿Hay también para nosotros anuncio de resurrección y de vida? ¿Estaremos también sumergidos en una tumba de la que Cristo nos hará resucitar? ¿Hay muerte en nosotros? ¿Cómo tenemos nuestra fe?Con sinceridad sabemos lo que tenemos que responder.

Con sinceridad tenemos que comenzar por pedir al Señor que se nos despierte la fe y las ansias de vida. Con sinceridad tenemos que saber reconocer la muerte que hay en nosotros cuando hemos dejado que se meta el pecado en nuestra vida. El camino que estamos haciendo en esta Cuaresma, que ahora intensificamos, pero que tendría que ser el camino de superación y crecimiento que habríamos de realizar cada día de nuestra vida, nos quiere conducir a la Pascua, a la resurrección.

Cuando llegue el día de la resurrección del Señor hemos también de resucitar con Cristo. Cristo quiere también sacarnos de esa sepultura de muerte para que vivamos para siempre. Necesitamos creer en El, creer de verdad, para tener vida para siempre, para no morir o para dejar que El nos arranque de la muerte, como hoy nos promete.Como nos decía el profeta: ‘Cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que yo soy el Señor. Os infundiré mi espíritu y viviréis…’ O como nos decía san Pablo: ‘Si el Espiritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de enrre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros’. ¿Cómo vamos a ser vivificados? ¿Cuál es esa resurrección que se realizará en nosotros? Podemos y tendríamos que hablar de la resurrección del último día, que forma parte de nuestra fe como confesamos en el Credo.


‘Creemos en la resurreción de la carne y la vida del mundo futuro’. Pero ahora también tenemos que hablar, tenemos que reconocer esa resurrección que el Señor quiere obrar en nosotros en el día a día de nuestra vida.Seremos resucitados, somos vivificados cuando Cristo nos perdona, perdón que nos ofrece en los sacramentos arrancándonos de la muerte del pecado; cuando Cristo nos levanta y nos fortalece en nuestra debilidad; cuando ilumina con su luz nuestras tinieblas y por la luz del Espiritu crece más y más nuestra fe; cuando podemos conocerle y saber lo que es su voluntad, y podemos conocer lo bueno que hemos de hacer y que hemos de vivir; cuando alienta nuestra esperanza, levantándonos de nuestra postración y nuestras desesperanzas; cuando enciende con el fuego de su Espiritu nuestro corazón para amar más, para comprometernos más radicalmente por lo bueno y por la justicia, para hacer siempre el bien.


Y así en tantas y tantas cosas podemos sentir esa resurrección en nosotros. Tenemos que dejar que Jesús nos arranque de la sepultura de tantas tinieblas y muertes de nuestra vida.Caminemos hacia la Pascua; caminemos hacia la resurrección y la vida. Sintamos esa llamada que el Señor nos hace para salir de la tumba de muerte de nuestro pecado y comenzar a vivir su vida, la vida nueva de la gracia y de la santidad. Dejémonos iluminar por su luz, bebamos de la fuente de agua viva que es El, y dejémonos transfigurar por su presencia y su gracia. Aprendamos a vivir como resucitados, porque ya Cristo está realizando esa resurrección en nuestra vida.


MATERIAL ENVIADO DESDE TENERIFE ESPAÑA. SACERDOTE CARMELO HERNÁNDEZ.

lunes, 4 de abril de 2011

UN ENCUENTRO EN EL AEROPUERTO:DIALOGO ENTRE UN OBISPO Y UN DETRACTOR DE LOS SACERDOTES


Monseñor Timothy Dolan, Arzobispo de Nueva York, es un hombre cercano y valiente. Varias veces se ha enfrentado con el poderoso diario New York Times desde su carta semanal y su blog (http://blog.archny.org), muy seguido por su agilidad y carácter personal. Mons. Dolan no rehúye los temas conflictivos, sino que los afronta en primera persona: también el tema de los abusos sexuales. Esto es lo que nos cuenta:


Era sólo la tercera vez que me pasaba en mis 35 felices años como sacerdote, las tres veces en los últimos 9 años y medio. Otros sacerdotes me cuentan que les ha sucedido muchas más veces. Pero tres son bastante. Cada vez me agitó hasta la náusea. Sucedió el pasado viernes. Acababa de llegar al aeropuerto de Denver para hablar en su popular convención anual, Living Our Catholic Faith. Mientras esperaba al tren eléctrico que me llevase a la terminal, un hombre de unos cuarenta y pico años, que también estaba esperando, se me acercó. "¿Es usted un sacerdote católico?", preguntó con amabilidad. "Sí, claro. Mucho gusto", le dije, tendiendo mi mano. Él la ignoró. "Crecí en un hogar católico", respondió. Yo no estaba preparado para el filo aguzado de su estilete. "Ahora soy padre de dos chicos, y no puedo mirarle a usted ni a ningún otro cura sin pensar en un abusador sexual". ¿Qué responder? ¿Chillarle? ¿Pedir disculpas? ¿Expresar comprensión? Admito que todas esas reacciones vinieron a mi mente mientras me debatía entre la vergüenza y la rabia por el daño y la herida que infligía con esas palabras punzantes. "Bueno", me recobré lo suficiente; "sin duda, lamento que lo sienta así. Pero, déjeme preguntarle... ¿automáticamente cree ver un abusador cuando ve un rabino o un ministro protestante? "En absoluto" "¿Y cuando ve un entrenador, un líder boy scout, un padre de acogida, un consejero o médico?""Por supuesto que no", respondió. "¿Qué tiene que ver con esto? "Mucho", respondí. "Porque cada una de esas profesiones tiene un porcentaje de abusadores tan alto, quizá más, que los sacerdotes". "Quizá", admitió. "Pero la Iglesia es el único grupo que sabía lo que pasaba, no hizo nada, y se limitó a pasar los pervertidos de un lado a otro". "Parece obvio que usted nunca vio las estadísticas sobre los profesores de colegios públicos", comenté. "Solo en mi ciudad de Nueva York, los expertos dicen que la proporción de abusos sexuales entre profesores de la escuela pública es diez veces más alta que entre los sacerdotes, y esos abusadores, simplemente, fueron transferidos de un sitio a otro". (Si hubiera conocido las noticias del New York Times del pasado domingo sobre la alta tasa de abusos contra los más indefensos en la mayoría de hogares tutelados por el estado, con abusadores simplemente transferidos de un hogar a otro, también lo hubiera mencionado). No respondió, así que continué. "Perdone que sea tan contundente, pero usted lo fue conmigo, así que permítame preguntar: ¿cuando usted se mira al espejo, ve un abusador sexual?" Ahora era él quien se sobresaltaba como yo antes. "¿De qué demonios me habla?", dijo. "Es triste, pero los estudios nos dicen que la mayoría de los niños abusados sexualmente son víctimas de sus padres o de otros miembros de la familia", respondí. Ya era bastante. Le vi inquieto y traté de suavizarlo. "Le diré que, cuando le veo a usted, yo no veo un abusador, y apreciaría la misma consideración por su parte". El tren nos había llevado a la zona de recogida de equipajes y salimos juntos. "Bien, entonces ¿por qué sólo oímos toda esa basura acerca de ustedes los curas?", preguntó, pensativo. "Lo mismo nos preguntamos los curas. Tengo una serie de razones, si le interesa". Asintió mientras caminábamos hacia la cinta transportadora."Por un lado, los curas merecemos un escrutinio más intenso porque la gente confía más en nosotros, ya que osamos afirmar que representamos a Dios, así que si uno de nosotros hace esas cosas, aunque sólo una diminuta minoría lo haya hecho, es más desagradable. Segundo, me temo que hay muchos por ahí que no aman a la Iglesia y hacen lo que pueden por dañarnos. Este es un tema con el que adoran azotarnos sin descanso. Y tercero, y odio decirlo, se puede sacar mucho dinero denunciando a la Iglesia Católica, mientras que apenas vale la pena denunciar a alguno de los grupos que comenté antes". Ahora ambos teníamos ya nuestro equipaje y nos dirigimos a la puerta. Él tendió su mano, la que 5 minutos antes no había tendido. Nos dimos un apretón. "Gracias, encantado de haberle conocido", dijo. Se detuvo un momento. "¿Sabe? Pienso en los grandes sacerdotes que conocí de niño. Y ahora, que trabajo en IT en la Regis University, conozco algunos jesuitas devotos. No deberíamos juzgarles a todos ustedes por los horribles pecados de unos pocos". "Gracias", sonreí. Supongo que las cosas se habían arreglado porque, mientras se iba, añadió: "al menos, le debo un chiste: ¿qué sucede si no puedes pagar a tu exorcista?" "Ni idea", respondí. "Una re-posesión" Nos reímos y nos separamos. Pese al final feliz, aún temblaba y casi sentí que necesitaba un exorcismo para expulsar de mi alma sacudida el horror que todo este asunto ha significado para las víctimas y sus familias, para nuestros católicos, como ese hombre... y para nosotros, los sacerdotes.