sábado, 30 de abril de 2011

Discurso del cardenal Vallini, vicario de Roma, en la vigilia ante beatificación de Juan Pablo II



Con esta vigilia de oración mariana queremos prepararnos a la celebración de mañana, la solemne beatificación del Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II. Seis años después de la muerte de este gran Papa sigue siendo muy fuerte en la Iglesia y en el mundo el recuerdo de quien fue durante 27 años Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal. Sentimos por el amado pontífice veneración, afecto, admiración y profunda gratitud.
De su vida, aprendemos, en primer lugar, el testimonio de la fe: una fe arraigada y fuerte, libre de miedos y de compromisos, coherente hasta el último aliento, forjada por las pruebas, la fatiga y la enfermedad, cuya benéfica influencia se ha difundido en toda la Iglesia, más aún, en todo el mundo; un testimonio acogido en todos los lugares, en sus viajes apostólicos, por millones de hombres y mujeres de todas las razas y culturas.Vivió para Dios, se entregó por completo a Él para servir a la Iglesia como una ofrenda sacrificial. Solía repetir esta invocación: “Jesús, Pontífice, que te entregaste a Dios como ofrenda y víctima, ten misericordia de nosotros”. Era su gran deseo ser cada vez más una sola cosa con Cristo Sacerdote mediante el sacrificio eucarístico, que le daba fuerza y ​​ valor para su incansable actividad apostólica. Cristo era el principio, el centro y la cima de cada uno de sus días. Cristo era el sentido y la finalidad de su acción; de Cristo sacaba energías y plenitud de humanidad. Así se explica la necesidad y el deseo que tenía de rezar: todos los días dedicaba largas horas a la oración, y su trabajo estaba imbuido y atravesado por la oración.Gracias a esa fe, vivida hasta lo más profundo de su ser, comprendemos el misterio del sufrimiento, que lo marcó desde joven y lo purificó como el oro se prueba con el fuego (cf. 1 P 1, 7). Todos estábamos admirados por la docilidad de espíritu con que afrontó la peregrinación de la enfermedad, hasta la agonía y la muerte.Testigo de la época trágica de las grandes ideologías, de los regímenes totalitarios y de su ocaso, Juan Pablo II intuyó con antelación el trabajoso pasaje, marcado por tensiones y contradicciones, de la época moderna hacia una nueva fase de la historia, mostrando una atención constante para que su protagonista fuese la persona humana. Del hombre fue defensor firme y creíble ante los Estados e Instituciones internacionales que lo respetaban y le rendían homenaje reconociéndolo como mensajero de justicia y paz. Con la mirada fija en Cristo, Redentor del hombre, ha creido en el hombre y le ha mostrado apertura, confianza, cercanía. Ha amado al hombre y le ha impulsado a desarrollar dentro de sí el potencial de la fe para vivir como una persona libre y cooperar en la realización de una humanidad más justa y solidaria, como operador de paz y constructor de esperanza. Convencido de que sólo la experiencia espiritual puede colmar al hombre, decía: “el destino de cada hombre y de los pueblos están ligados a Cristo, único liberador y salvador”.En su primera encíclica escribió: “El hombre no puede vivir sin amor… Su vida está privada de sentido si no se le revela el amor… Cristo Redentor… revela plenamente el hombre al mismo hombre…”. Y la palabra vibrante con la que comenzó su pontificado: “¡No tengáis miedo! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! ... Cristo conoce lo que hay dentro del hombre. ¡Sólo El lo conoce!” demuestra que para él el amor de Dios es inseparable del amor por el hombre y por su salvación.
En su extraordinario impulso de amor por la humanidad, ha amado, con un amor tierno, a todos los “heridos por la vida” - como llamaba a los pobres, enfermos, los sin nombre, los excluidos a priori-, pero con un amor muy singular ha amado a la gente joven. Las convocaciones de las Jornadas Mundiales de la Juventud tenían como fin que los jóvenes fueran protagonistas de su futuro, convirtiéndose en constructores de la historia. Los jóvenes –decía-, son la riqueza de la Iglesia y de la sociedad. Y les invitaba a prepararse para las grandes decisiones, a mirar hacia adelante con confianza, confiando en las propias capacidades y siguiendo a Cristo y el Evangelio.Queridos hermanos y hermanas, todos conocemos la singular devoción de Juan Pablo II a la Virgen. El lema del escudo de su pontificado, Totus tuus, resume su vida totalmente orientada a Cristo por medio de María: “ad Iesum de Mariam”. Como el discípulo Juan, el “discípulo amado”, bajo la cruz, a la hora de la muerte del Redentor, acogió a María en su casa (Jn 19: 26-27), Juan Pablo II quiso a María místicamente siempre a su lado, haciéndola partícipe de su vida y de su ministerio y se sintió acogido y amado por Ella.El recuerdo del amado Pontífice, profeta de esperanza, no debe significar para nosotros un regreso al pasado, sino que aprovechando su patrimonio humano y espiritual, sea un impulso para mirar hacia adelante. Resuenan en nuestro corazón esta noche las palabras que escribió en su Carta apostólica “Novo millennio ineunte”, al final del Gran Jubileo del Año 2000: “¡Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo. El Hijo de Dios, … realiza también hoy su obra. Hemos de aguzar la vista para verla y, sobre todo, tener un gran corazón para convertirnos nosotros mismos en sus instrumentos”.La Virgen María, Madre de la Iglesia, que ahora invocamos con la oración del Rosario, que tanto le gustaba a Juan Pablo II, nos ayude a ser en todas las circunstancias, testigos de Cristo y anunciadores del amor de Dios en el mundo. Amén.

VIGILIA DE ESPERA EN CIRCO MAXIMO DE ROMA. TESTIMONIOS



01 de mayo, 2011. (Romereports.com)






La ciudad de Roma revivió, unas pocas horas antes de la beatificación de Juan Pablo II, algunos de los momentos más importantes de su vida. El Circo Massimo, lugar donde murieron muchos cristianos en la época romana, se llenó de personas que desafiaron a la lluvia para recordar al papa polaco. Los momentos más emotivos llegaron de la mano de tres testimonios. El primero en hablar fue el ex director de la Oficina de Prensa de la santa Sede, que pasó muchas horas junto al Papa y le acompañó en sus últimos momentos.Joaquín Navarro Valls Ex director, Oficina de prensa de la Santa Sede"Sor Marie Simon Pierre no conoció personalmente a Juan Pablo II, pero él le cambió la vida.



Se curó repentinamente de Parkinson gracias a la intercesión del Papa". Marie-Simon PierreCurada por Juan Pablo II“Estoy impresionada de que mi experiencia participe en la beatificación de Juan Pablo II y de poder da mi testimonio aquí hoy, ante todos vosotros”.



Por último habló, emocionado, el que fue secretario personal del Papa durante todo su pontificado. El cardenal Stanislaw lo acompañó en sus 104 viajes internacionales y le sostuvo tras el atentado. Benedicto XVI le nombró arzobispo de Cracovia y se encargó del proceso de beatificación de su amigo y compañero.Card. Stanislaw DziwiszExsecretario de Juan Pablo II“Al principio todos decían: es un papa polaco.



Poco a poco han empezado a llamarlo “nuestro Papa”. Desde mañana todo el mundo, cristianos y no cristianos, porque él era amigo de todos, ha superado todas las fronteras, no sólo el Muro de Berlín, sino todas las fronteras, desde mañana lo llamarán Beato Juan Pablo II”.Este encuentro terminó con el rezo del rosario a través de los misterios luminosos que Juan Pablo II incluyó en 2002. Con ellos el Papa quería repasar la vida de Jesús con los ojos de María. Durante el rezo se conectó en directo con santuarios de Cracovia, Tanzania, Líbano, Mexico y Fátima, visitados por el Papa.



Antes de finalizar este encuentro, Benedicto XVI quiso hacerse presente a través de una pantalla. Un encuentro muy emotivo que preparó a los cientos de personas de todo el planeta que han ido hasta Roma para vivir de cerca la beatificación de Juan Pablo II

viernes, 29 de abril de 2011

Música cristiana - ALELUYA DE LA TIERRA (cover acústico)



Primavera Transfigurista, les Desea a Todos sus Lectores una Muy Feliz Pascua de Resurrección 2011. Que este Tiempo Pascual este Matizado de Grandes Bendiciones

jueves, 28 de abril de 2011

JUAN PABLO II. EN FACEBOOK




La página de Facebook creada por el Vaticano para la beatificación del Siervo de Dios Juan Pablo II ha resultado ser un éxito al alcanzar en pocas semanas los seis millones de visitas y los más de 42 mil seguidores.
John Paul II (the Vatican page) se encuentra en
www.facebook.com/vatican.johnpaul2 y fue creada por Radio Vaticana y el Centro Televisivo Vaticano, para difundir a través de internet numerosos archivos de sonido y de video grabados durante el pontificado de Juan Pablo II (1978-2005).
Ambas entidades crearon también el canal Youtube.com/GiovanniPaoloII para alojar decenas de videos. El canal cuenta con casi 70 mil visitas y más de 185 mil reproducciones.
El video más visto es el que presenta a Juan Pablo II cantando en español "Pescador de los Hombres", filmado en su visita a El Salvador en el año 1983.
El director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, expresó al diario italiano Corriere Della Sera su alegría por este éxito, "sabemos que mucha gente está emocionada ante la proximidad de la beatificación de Juan Pablo II, cuántos jóvenes lo conocieron en las Jornadas Mundiales de la Juventud, ahora hemos buscado otro camino para permitir que todos nos familiaricemos a fondo con la figura de Wojtyla, y también a través de imágenes y palabras que fueron muy amadas en su larguísimo pontificado".









Ali Agca nunca pidió perdón a Juan Pablo II, revela ex vocero vaticano.-







Joaquín Navarro Valls, quien por 22 años dirigió la Oficina de Prensa de la Santa Sede, reveló que el turco Mehmet Alí Agca no pidió perdón al Papa Juan Pablo II por intentar asesinarlo a balazos el 13 de mayo de 1981.
“Ninguna palabra de perdón. Estaba (Agca) obsesionado con lo que había leído en los diarios. Sólo le preguntó por el tercer secreto de la Virgen de Fátima”, afirmó Navarro Valls en una entrevista concedida el domingo 24 de abril al programa La Arena de la televisión italiana Rai Uno.
El ex vocero vaticano recordó el encuentro entre el Papa y Agca, ocurrido dos años después del atentado en la prisión italiana de Rebbibia. Según Navarro Valls, Juan Pablo II quedó muy sorprendido por la actitud del turco.
Juan Pablo II fue herido de gravedad por los tiros de Agca y no dudó en hacer público su perdón en varias ocasiones, la primera vez a solo cuatro días del atentado.
Según Navarro Valls, Juan Pablo II quedó muy sorprendido porque durante la visita a Agca lo único que éste le dijo fue: "me tienes que decir cuál es el secreto de la Virgen de Fátima".
Agca tampoco dio una explicación al Papa sobre las razones del atentado.
En el año 2000, Agca admitió ante la prensa que en la visita de Rebbibia preguntó a Juan Pablo II "directamente" por el secreto de Fátima, pero el Papa no le respondió.
"El Papa en aquella ocasión- mantuvo un silencio absoluto, lo que me causó una profunda desilusión, junto a la gran alegría de haberme encontrado con él", dijo.
“Una mano disparó (la de Agca) y otra (la de la Virgen) desvió la bala”, “la Providencia Divina me ha salvado milagrosamente de la muerte, me ha prolongado la vida y en cierto sentido me la ha dado de nuevo”, dijo Juan Pablo II al recuperar la salud.

EL EDICTO.



Roma, Miércoles, 18 de mayo 2005



Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios JUAN PABLO II
(en el siglo Karol Wojtyla) Sumo Pontífice
Edicto
El sábado 2 de abril de 2005, por la tarde, cuando ya se había entrado en el día del Señor, octava de Pascua y domingo de la Misericordia divina, el Señor llamó a sí, desde el palacio apostólico vaticano, al Santo Padre Juan Pablo II. El siervo de Dios, hombre de intensa vida de oración, Pastor incansable de la Iglesia universal y testigo valiente del Evangelio de Cristo, encomen-dándose totalmente a la voluntad de Dios y a la Virgen María, reafirmó en su vasto y rico magisterio el carácter central del Misterio eucarístico en la vida de la Iglesia, indicando a todos los bautizados como primario su compromiso de buscar la santidad, a la que definió "alto grado de la vida cristiana". Habiéndose manifestado de modo clamoroso en el momento de su muerte la fama de santidad, de la que ya gozaba en vida, y habiéndose solicitado formalmente el inicio de la causa de beatificación y canonización del siervo de Dios, al darlo a conocer a la comunidad eclesial, invitamos a todos y cada uno de los fieles a comunicarnos directamente o a enviar al Tribunal diocesano del Vicariato de Roma (plaza S. Giovanni in Laterano, 6 00184 Roma) todas las noticias que, de cualquier manera, puedan pro-porcionar elementos favorables o contrarios a la fama de santidad de dicho siervo de Dios. Además, debiéndose recoger, a tenor de las disposiciones legales, todos los escritos a él atribuidos, ordenamos, con el presente EDICTO, a todos los que posean alguno, que envíen con la debida solicitud al mismo Tribunal cualquier escrito que tenga como autor al siervo de Dios, si no ha sido ya entregado a la Postulación de la causa. Recordamos que con el nombre de escritos no sólo se entienden las obras impresas, que por lo demás ya han sido reunidas, sino también los manuscritos, los diarios, las cartas y cualquier otra escritura privada del siervo de Dios. Los que deseen conservar los originales, pueden presentar una copia debidamente autenticada. Establecemos, por último, que este EDICTO permanezca fijado durante dos meses en las puertas del Vicariato de Roma, así como en las de la Curia de Cracovia, y que sea publicado en la "Revista diocesana" de Roma, y en los diarios "L'Ossservatore Romano" y "Avvenire". Dado en Roma, en la sede del Vicariato, el 18 de mayo de 2005.
Vicario General Camillo Card. Ruini
Notario Giuseppe Gobbi

EL MILAGRO DEL SIERVO DE DIOS JUAN PABLO II. ABRIL 2011



Marie Simon-Pierre.


En junio de 2001, me diagnosticaron la enfermedad de Parkison. La enfermedad había afectado a toda la parte izquierda del cuerpo, creándome graves dificultades, pues soy zurda. Después de tres años, a la fase inicial de la enfermedad, lenta pero progresiva, siguió un agravamiento de los síntomas: acentuación de los temblores, rigidez, dolores, insomnio... Desde el 2 de abril de 2005 empecé a empeorar de semana en semana, desmejoraba de día en día, no era capaz de escribir (repito que soy zurda) y si lo intentaba, lo que escribía era ininteligible. Podía conducir sólo en recorridos breves, porque la pierna izquierda se bloqueaba a veces y la rigidez habría impedido el conducir. Para llevar a cabo mi trabajo, en un hospital, empleaba además más tiempo del normal. Estaba agotada.
Después de saber el diagnóstico, me resultaba difícil ver a Juan Pablo II en la televisión. Me sentía, sin embargo, muy cercana a él en la oración y sabía que él podía entender lo que yo vivía. Admiraba también su fuerza y su valor, que mi estimulaban para no rendirme y para amar este sufrimiento, porque sin amor no tenía sentido todo esto. Puedo decir que era una lucha diaria, pero mi único deseo era vivirla con fe y en la adhesión amorosa a la voluntad del Padre.
En Pascua (2005) deseaba ver a nuestro Santo Padre en la televisión porque sabía, en mi interior, que sería la última vez. Me preparé durante toda la mañana a aquel “encuentro” sabiendo que sería muy difícil para mi, pues me haría ver cómo me encontraría yo de ahí a algún año. Me resultaba aún más duro siendo relativamente joven... Un servicio inesperado, sin embargo, me impidió verlo.
En la tarde del 2 de abril, nos reunimos toda la comunidad para participar en la vigilia de oración en la plaza de San Pedro, retransmitida en directo por la televisión francesa de la diócesis de París (KTO)... todas juntas escuchamos el anuncio del fallecimiento de Juan Pablo II; en ese momento, se me cayó el mundo encima, había perdido al amigo que me entendía y que me daba la fuerza para seguir adelante. En los días siguientes, tenía la sensación de un vacío enorme, pero también la certeza de su presencia viva.
El 13 de mayo, festividad de Nuestra Señora de Fátima, el Papa Benedicto XVI anunciaba la dispensa especial para iniciar la Causa de Beatificación de Juan Pablo II. A partir del día siguiente, las hermanas de todas las comunidades francesas y africanas empiezan a pedir mi curación por intercesión de Juan Pablo II. Rezan incesantemente hasta que les llega la noticia de la curación.
En ese período estaba de vacaciones. El 26 de mayo, terminado el tiempo de descanso, vuelvo totalmente agotada por la enfermedad. “Si crees, verás la gloria de Dios”: esta frase del Evangelio de san Juan me acompañaba desde el 14 de mayo. El 1 de junio ya no podía más, luchaba por mantenerme de pie y caminar. El 2, por la tarde, fui a buscar a mi superiora para pedirle si podía dejar el trabajo. Ella me animó a resistir aún un poco más hasta mi vuelta de Lourdes, en agosto, y añadió: “Juan Pablo II no ha dicho aún su última palabra” (Juan Pablo II estaba seguramente allí, en aquel encuentro que transcurrió sereno y en paz). Después, la madre superiora me dió una pluma y me dijo que escribiera: “Juan Pablo II”. Eran las 5 de la tarde. Con esfuerzo escribí: “Juan Pablo II”. Nos quedamos en silencio ante la letra ilegible... después, la jornada continuó como de costumbre.
Al terminar la oración de la tarde, a las 9 de la noche, pasé por mi despacho antes de ir a mi habitación. Sentía el deseo de coger la pluma y escribir, algo así como si alguien en mi interior me dijese: “Coge la pluma y escribe ”... eran las 9.30-9.45 de la noche. Con gran sorpresa ví que la letra era claramente legible: sin comprender nada, me acosté. Habían pasado exactamente dos meses desde la partida de Juan Pablo II a la Casa del Padre... Me desperté a las 4.30 sorprendida de haber podido dormir y de un salto me levanté de la cama: mi cuerpo ya no estaba insensible, rígido, e interiormente no era la misma.
Después, sentí una llamada interior y el fuerte impulso de ir a rezar ante el Santísimo Sacramento. Bajé al oratorio y recé ante el Santísimo. Experimenté una profunda paz y una sensación de bienestar; una experiencia demasiado grande, un misterio difícil de explicar con palabras.
Después, ante el Santísimo Sacramento, medité sobre los misterios de luz de Juan Pablo II. A las 6 de la mañana, salí para reunirme con las hermanas en la capilla para un rato de oración, al que siguió la celebración eucarística. Tenía que recorrer cerca de 50 metros y en aquel mismo momento me di cuenta de que, mientras caminaba, mi brazo izquierdo se movía, no permanecía inmóvil junto al cuerpo. Sentía también una ligereza y agilidad física que no sentía desde hacía tiempo. Durante la celebración eucarística estaba llena de alegría y de paz; era el 3 de junio, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Al salir de la Santa Misa, estaba segura de mi curación... mi mano no temblaba más. Fui otra vez a escribir y a mediodía dejé de tomar las medicinas.
El 7 de junio, como estaba previsto, fui al neurólogo, mi médico desde hacía cuatro años. También él quedó sorprendido al constatar la desaparación de todos los síntomas de la enfermedad, a pesar de haber interrumpido el tratamiento desde hacía cinco días. El día después, la superiora general confió a todas nuestras comunidades la acción de gracias y toda la congregación comenzó una novena en acción de gracias a Juan Pablo II.Han pasado ya diez meses desde que interrumpí todo tipo de tratamiento. He vuelto a trabajar normalmente, no tengo dificultad para escribir y conduzo también en recorridos largos. Me parece como si hubiese renacido: una vida nueva, porque nada es igual que antes.
Hoy puedo decir que un amigo ha dejado nuestra tierra, pero está ahora mucho más cerca de mi corazón. Ha hecho crecer en mí el deseo de la adoración al Santísimo Sacramento y el amor a la Eucaristía, que ocupan un puesto prioritario en mi vida cotidiana.Lo que el Señor me ha concedido por intercesión de Juan Pablo II es un gran misterio difícil de explicar con palabras, algo muy grande y profundo... pero nada hay imposible para Dios.
Sí, “si crees, verás la gloria de Dios”.


Sor Marie Simon-Pierre