domingo, 22 de mayo de 2011

HOMILIA DEL QUINTO DOMINGO DE PASCUA 2011.



Una meta y un camino la vida de Dios que en Cristo Jesús podemos alcanzar






Hechos, 6, 1-7; Sal. 32; 1Pd. 2, 4-9; Jn. 14, 1-12

Homilia Gentileza de Nuestro querido Amigo el Presbítero Padre Carmelo Hernández, desde Tenerife España.



Es necesario tener claro cuál es la meta a la que queremos llegar para saber encontrar el camino. Pero será necesario también tener la seguridad del camino si queremos en verdad llegar a la meta. Ni hacemos los caminos a tontas y a locas sin saber por donde vamos ni nos planeamos hacer un camino si no sabemos a donde queremos llegar. Aunque simplemente salgamos a pasear lo hacemos por algo. Humanamente nos trazamos rutas, nos ponemos objetivos en la vida, queremos planificar bien lo que vamos a emprender. Pero ¿hacemos igual en el camino de nuestra fe? ¿tenemos claros cuáles son nuestros planteamientos cristianos? ¿en verdad le damos trascendencia a la vida y tenemos ciertamente esperanzas de vida eterna? Creo que serían planteamientos que habría que hacer y revisar, cosas en las que habría que reflexionar seriamente.



Si reflexionamos con atención el evangelio que hoy se nos proclama creo que nos daremos cuenta que es algo de lo que nos quiere hablar Jesús y son interrogantes que también tienen en su interior los apóstoles que no siempre terminaban de comprender lo que Jesús les dice, ni lo acaban de conocer. Las palabras de Jesús pronunciadas en el marco de la última cena tienen resonancias de despedida, pero también quieren suscitar una fe firme en los discípulos, sobre todo teniendo en cuenta todo lo que va a suceder que será para ellos un tremendo escándolo y un motivo de crisis grande en sus corazones.



‘Que no tiemble vuestro corazón…’, van a suceder muchas cosas, muchas negruras van a aparecer en el horizonte de la vida, la pasión y la cruz van a ser un trago difícil de superar… pero ‘creed en Dios y creed también en mí’. La luz de la fe no se puede apagar; ha de mantenerse bien encendida, les está pidiendo Jesús. Les habla de su vuelta al Padre – ‘sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre’, había comenzado a contar el evangelista en el principio del relato de la cena – pero les dice también que quiere que estemos con El; va a prepararnos sitio, y habla de un camino que ya han de conocer quienes tanto tiempo habían estado con Jesús. ‘Adonde yo voy, ya sabéis el camino’.Es cuando aparecen las dudas, del camino y de la meta. ‘No sabemos adonde vas, cómo podemos saber el camino’, le replican.



Nuestro camino es Jesús. No hay otro. Sólo por El podemos llegar al Padre. Ahí está la meta y ahí nos está señalando el camino. ‘Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto’. Sigue costándoles entender. ‘Muéstranos al Padre y eso nos basta’, exclamará Felipe. No habían terminado de comprender todo el misterio de Dios que en Cristo se les manifestaba. Querían saber a donde llegar pero aún no lo veían claro. Cuánto les había enseñado Jesús, cuántas parábolas y ejemplos, cuántos momentos de predicación en las sinagogas o en el templo, en los caminos o en la montaña, allí junto al lago o en las casas; incluso a ellos en particular cuando llegaban a casa les explicaba con más detalles. Cuántas obras, signos y señales de Dios le habían visto realizar a Jesús en sus milagros, en su amor, en su entrega, en su cercanía a los pequeños y a los sencillos, a los pobres y a los enfermos.



No terminaban de ver el rostro misericordioso de Dios en Jesús, en su amor. ‘Tanto tiempo con vosotros… quien me ha visto a mí, ha visto al Padre’. ‘Yo soy el camino, y la verdad, y la vida…’ Es lo que tenemos que hacer, seguirle. Seguir sus pasos. Vivir su vida. Inundarnos de su verdad. En Jesús encontraremos la plenitud de todo. Palabra eterna de Dios. Verbo de Dios que se ha encarnado para ser Emmanuel, ser Dios con nosotros. Luz que nos ilumina y nos hace comprender el sentido de todo. Es la verdad, la única verdad eterna y permanente que nos puede llevar a plenitud. No nos importan las oscuridades que pudieran aparecer porque ponemos toda nuestra fe en el Señor y con El nos sentimos seguros. Necesitamos conocer a Jesús, aprender a Jesús. Y conocer y aprender a Jesús no es sólo saber cosas de El.



Quizá sabemos muchas. Ese conocimiento de Jesús tiene que convertirse en vida, en nuestro vivir. Aprender es como meterlo dentro de nosotros para que nos podamos hacer uno con El. El ya nos dice que quiere habitar en nosotros y nosotros habitemos en El. En la medida en que lo vayamos aprendiendo, haciendo vida nuestra iremos conociendo más a Dios, aprendiendo a Dios también para que habite en nosotros. Es hacer nuestros sus sentimientos, sus gestos, sus actitudes, hacer las mismas cosas que Jesús. Ya entonces sus mandamientos, el amor que nos manda tener no será algo que pongamos por fuera como un adorno sino que lo estamos haciendo nuestra manera y nuestro sentido de vivir.



Y como nos dirá Jesús en otro momento si guardamos sus mandamientos ‘el Padre y yo vendremos a él y haremos morada en él’. ¡Qué cosa más hermosa y qué dicha más grande! Teniendo a Dios en nosotros de esa manera tendremos la vida eterna. Ya vamos viendo, entonces, cuál es la meta de nuestra vida cristiana, lo que significa en verdad seguir a Jesús, ser discípulo de Jesús. Dejemos que Jesús nos prepare esas estancias para estar siempre con El. ‘Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros’. Ya sabemos entonces el camino que hemos de seguir.



En una palabra, Cristo. Piedra viva, preciosa y escogida, como nos dice hoy san Pedro; piedra angular porque en verdad es el fundamento único y total de todo nuestro vivir. Y nos unimos a El para ser una cosa con El; y nos convierte en piedras vivas en la construcción del templo de Dios. Es que con toda nuestra vida hemos de glorificar a Dios. Por eso terminará llamándonos san Pedro ‘raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo escogido y adquirido por Dios’ para que con toda nuestra vida, reconociendo cuánto ha hecho y hace el Señor por nosotros proclamemos las maravillas de Dios ante todos los hombres. Qué maravilla sentirnos así amados de Dios; qué maravilla que podamos así seguir ese camino que es Jesús; qué maravilla que por Jesús podamos alcanzar esa vida en Dios para siempre; porque eso es la vida eterna, ese vivir en Dios.

domingo, 15 de mayo de 2011

A SUS PIES Expresión de Danza Simbólica de la Fe



El Actor Rinconadino Claudio Patricio Riquelme Romero - Está Desarrollando una Serie de Presentaciones de Evangelización por medio de las Expresiones Simbólicas de la Fe. Aquí les compartimos su última Presentación en el Retiro de Alpha Los Andes. el 14 de Mayo 2011. Con la Expresión de Danza Biblíca : "A Sus Pies " del Cantautor Cristiano. Jesús Adrián Romero.
Un Trabajo de Evangelización Maravilloso - Acogiendo la Invitación del Documento de Aparecida que nos invita a innovar creativamente en la evangelización.

lunes, 2 de mayo de 2011

TESTIMONIOS VIGILIA T MISERICORDIA 2011


Testimonios De la Vigilia de Besatificación de su Santidad Juabn Pablo II . En Visperas de la Fiesta de la Divina Misericordia en el Santuario de Punta del Olivo - 30 de Mayo 2011

domingo, 1 de mayo de 2011

TESTIMONIO VIGILIA BEATIFICACION


Testimonio de la Divina Misericordia En el Sector Punta del Olivo. Contexto de Vigilia de Beatificación del Siervo de Dios Juan Pablo II. y Vísperas del Día de la Misericordia. 2011

sábado, 30 de abril de 2011

Discurso del cardenal Vallini, vicario de Roma, en la vigilia ante beatificación de Juan Pablo II



Con esta vigilia de oración mariana queremos prepararnos a la celebración de mañana, la solemne beatificación del Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II. Seis años después de la muerte de este gran Papa sigue siendo muy fuerte en la Iglesia y en el mundo el recuerdo de quien fue durante 27 años Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal. Sentimos por el amado pontífice veneración, afecto, admiración y profunda gratitud.
De su vida, aprendemos, en primer lugar, el testimonio de la fe: una fe arraigada y fuerte, libre de miedos y de compromisos, coherente hasta el último aliento, forjada por las pruebas, la fatiga y la enfermedad, cuya benéfica influencia se ha difundido en toda la Iglesia, más aún, en todo el mundo; un testimonio acogido en todos los lugares, en sus viajes apostólicos, por millones de hombres y mujeres de todas las razas y culturas.Vivió para Dios, se entregó por completo a Él para servir a la Iglesia como una ofrenda sacrificial. Solía repetir esta invocación: “Jesús, Pontífice, que te entregaste a Dios como ofrenda y víctima, ten misericordia de nosotros”. Era su gran deseo ser cada vez más una sola cosa con Cristo Sacerdote mediante el sacrificio eucarístico, que le daba fuerza y ​​ valor para su incansable actividad apostólica. Cristo era el principio, el centro y la cima de cada uno de sus días. Cristo era el sentido y la finalidad de su acción; de Cristo sacaba energías y plenitud de humanidad. Así se explica la necesidad y el deseo que tenía de rezar: todos los días dedicaba largas horas a la oración, y su trabajo estaba imbuido y atravesado por la oración.Gracias a esa fe, vivida hasta lo más profundo de su ser, comprendemos el misterio del sufrimiento, que lo marcó desde joven y lo purificó como el oro se prueba con el fuego (cf. 1 P 1, 7). Todos estábamos admirados por la docilidad de espíritu con que afrontó la peregrinación de la enfermedad, hasta la agonía y la muerte.Testigo de la época trágica de las grandes ideologías, de los regímenes totalitarios y de su ocaso, Juan Pablo II intuyó con antelación el trabajoso pasaje, marcado por tensiones y contradicciones, de la época moderna hacia una nueva fase de la historia, mostrando una atención constante para que su protagonista fuese la persona humana. Del hombre fue defensor firme y creíble ante los Estados e Instituciones internacionales que lo respetaban y le rendían homenaje reconociéndolo como mensajero de justicia y paz. Con la mirada fija en Cristo, Redentor del hombre, ha creido en el hombre y le ha mostrado apertura, confianza, cercanía. Ha amado al hombre y le ha impulsado a desarrollar dentro de sí el potencial de la fe para vivir como una persona libre y cooperar en la realización de una humanidad más justa y solidaria, como operador de paz y constructor de esperanza. Convencido de que sólo la experiencia espiritual puede colmar al hombre, decía: “el destino de cada hombre y de los pueblos están ligados a Cristo, único liberador y salvador”.En su primera encíclica escribió: “El hombre no puede vivir sin amor… Su vida está privada de sentido si no se le revela el amor… Cristo Redentor… revela plenamente el hombre al mismo hombre…”. Y la palabra vibrante con la que comenzó su pontificado: “¡No tengáis miedo! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! ... Cristo conoce lo que hay dentro del hombre. ¡Sólo El lo conoce!” demuestra que para él el amor de Dios es inseparable del amor por el hombre y por su salvación.
En su extraordinario impulso de amor por la humanidad, ha amado, con un amor tierno, a todos los “heridos por la vida” - como llamaba a los pobres, enfermos, los sin nombre, los excluidos a priori-, pero con un amor muy singular ha amado a la gente joven. Las convocaciones de las Jornadas Mundiales de la Juventud tenían como fin que los jóvenes fueran protagonistas de su futuro, convirtiéndose en constructores de la historia. Los jóvenes –decía-, son la riqueza de la Iglesia y de la sociedad. Y les invitaba a prepararse para las grandes decisiones, a mirar hacia adelante con confianza, confiando en las propias capacidades y siguiendo a Cristo y el Evangelio.Queridos hermanos y hermanas, todos conocemos la singular devoción de Juan Pablo II a la Virgen. El lema del escudo de su pontificado, Totus tuus, resume su vida totalmente orientada a Cristo por medio de María: “ad Iesum de Mariam”. Como el discípulo Juan, el “discípulo amado”, bajo la cruz, a la hora de la muerte del Redentor, acogió a María en su casa (Jn 19: 26-27), Juan Pablo II quiso a María místicamente siempre a su lado, haciéndola partícipe de su vida y de su ministerio y se sintió acogido y amado por Ella.El recuerdo del amado Pontífice, profeta de esperanza, no debe significar para nosotros un regreso al pasado, sino que aprovechando su patrimonio humano y espiritual, sea un impulso para mirar hacia adelante. Resuenan en nuestro corazón esta noche las palabras que escribió en su Carta apostólica “Novo millennio ineunte”, al final del Gran Jubileo del Año 2000: “¡Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo. El Hijo de Dios, … realiza también hoy su obra. Hemos de aguzar la vista para verla y, sobre todo, tener un gran corazón para convertirnos nosotros mismos en sus instrumentos”.La Virgen María, Madre de la Iglesia, que ahora invocamos con la oración del Rosario, que tanto le gustaba a Juan Pablo II, nos ayude a ser en todas las circunstancias, testigos de Cristo y anunciadores del amor de Dios en el mundo. Amén.

VIGILIA DE ESPERA EN CIRCO MAXIMO DE ROMA. TESTIMONIOS



01 de mayo, 2011. (Romereports.com)






La ciudad de Roma revivió, unas pocas horas antes de la beatificación de Juan Pablo II, algunos de los momentos más importantes de su vida. El Circo Massimo, lugar donde murieron muchos cristianos en la época romana, se llenó de personas que desafiaron a la lluvia para recordar al papa polaco. Los momentos más emotivos llegaron de la mano de tres testimonios. El primero en hablar fue el ex director de la Oficina de Prensa de la santa Sede, que pasó muchas horas junto al Papa y le acompañó en sus últimos momentos.Joaquín Navarro Valls Ex director, Oficina de prensa de la Santa Sede"Sor Marie Simon Pierre no conoció personalmente a Juan Pablo II, pero él le cambió la vida.



Se curó repentinamente de Parkinson gracias a la intercesión del Papa". Marie-Simon PierreCurada por Juan Pablo II“Estoy impresionada de que mi experiencia participe en la beatificación de Juan Pablo II y de poder da mi testimonio aquí hoy, ante todos vosotros”.



Por último habló, emocionado, el que fue secretario personal del Papa durante todo su pontificado. El cardenal Stanislaw lo acompañó en sus 104 viajes internacionales y le sostuvo tras el atentado. Benedicto XVI le nombró arzobispo de Cracovia y se encargó del proceso de beatificación de su amigo y compañero.Card. Stanislaw DziwiszExsecretario de Juan Pablo II“Al principio todos decían: es un papa polaco.



Poco a poco han empezado a llamarlo “nuestro Papa”. Desde mañana todo el mundo, cristianos y no cristianos, porque él era amigo de todos, ha superado todas las fronteras, no sólo el Muro de Berlín, sino todas las fronteras, desde mañana lo llamarán Beato Juan Pablo II”.Este encuentro terminó con el rezo del rosario a través de los misterios luminosos que Juan Pablo II incluyó en 2002. Con ellos el Papa quería repasar la vida de Jesús con los ojos de María. Durante el rezo se conectó en directo con santuarios de Cracovia, Tanzania, Líbano, Mexico y Fátima, visitados por el Papa.



Antes de finalizar este encuentro, Benedicto XVI quiso hacerse presente a través de una pantalla. Un encuentro muy emotivo que preparó a los cientos de personas de todo el planeta que han ido hasta Roma para vivir de cerca la beatificación de Juan Pablo II

viernes, 29 de abril de 2011

Música cristiana - ALELUYA DE LA TIERRA (cover acústico)



Primavera Transfigurista, les Desea a Todos sus Lectores una Muy Feliz Pascua de Resurrección 2011. Que este Tiempo Pascual este Matizado de Grandes Bendiciones