miércoles, 22 de junio de 2011

LA PRIMERA COMUNION DE PIA-INCREIBLE TESTIMONIO DE NIÑA DE DOS AÑOS


Pía, una niña de dos años y medio, asistía regularmente los cursos de Oración desde la edad de un año y medio y, a parte de su tierna edad, no había nada de especial en ella. Todavía no hablaba, pero era tranquila y estaba atenta y, sin que nos diéramos cuenta, en el silencio de su corazón crecía en sabiduría y gracia. Una tarde, enseñando una imagen de las manos de un sacerdote en el momento en que elevaba la hostia, le pregunté a los niños que se preparaban para la Primera Comunión qué era aquel disco blanco. Pía había cumplido apenas los dos años, estaba sentada, como siempre tranquila, con los ojos atentos, sus piecesitos se asomaban apenas de la silla: “CARNE”, respondió claramente a pesar de tener todavía el chupón entre los labios. Fue la primera palabra que le había escuchado pronunciar.
Con un murmullo de exclamaciones y de sorpresa los adultos presentes dirigieron su mirada sobre aquella niña tan pequeña. Muchos ojos se llenaron de lágrimas. Nunca había pensado usar tal expresión, que me parecía demasiado cruda, y ahora, de la boca de una niña de dos años, me llegaba la respuesta profundamente teológica.
Comprendí a fondo como la inocencia permite comprender los misterios de la Gracia también a los niños muy pequeños.
Mientras tanto, en la intimidad del calor familiar, la inteligencia de la pequeña Pía, se iba despertando increíblemente rápido en todo lo relacionado con la oración y la fe, era más rápida que sus hermanitos más grandes. Mostraba interés por las cosas espirituales y entendía los lazos de manera sorprendente, dejando transparentar siempre una gran tranquilidad interior y un abandono confiable. Mostraba amar tiernamente al Niño Jesús y al Corazón Inmaculado de Maria y cuando le preguntaban por que lloraba la Virgen, contestaba triste: “¡Por que los hombres no rezan!” ¿No fue precisamente la Virgen que en Fátima dijo que se pierden muchas almas por que nadie reza por ellas?
Se acercaba la fiesta de Navidad de 1994. A mediados de diciembre recibí inesperadamente una carta desde Fátima con anexa una copia de la homilía pronunciada por Juan Pablo II el 17 de agosto. En ella el Papa -haciendo alusión a cuanto dijo San Pío X: “¡Habrá niños santos!” motivando la necesidad de la Primera Comunión al primer uso de razón- confirmaba tal declaración y agregaba una misteriosa profecía “Habrá apóstoles entre los niños”. Cada una de las palabras de esta homilía del Santo Padre me quedó impresa en el alma, como también su estupenda “Carta del Papa a los niños del mundo”.
La mañana de Navidad, en ocasión de la reunión de nuestro curso de oración, la pequeña Pía manifestó su deseo de guiar la oración ella sola y hasta recitó las palabras del misterio: “Consideramos la visita de María a Isabel”. Se lo conté después a sus padres quienes se quedaron incrédulos.
En esos días estábamos concluyendo también los preparativos de la peregrinación que nuestros niños de la Primera Comunión iban a hacer a Annecy, donde están sepultados el santo Cura de Ars y la pequeña Anna de Guigné. El viaje había sido programado para el día de la fiesta de los Santos Inocentes y me quedé maravillado cuando supe por su madre que Pía también deseaba participar.
Me quedé más sorprendido aún por su comportamiento durante el larguísimo viaje: tranquila y bien portada lo resistió como una adulta, tendiendo siempre entre sus brazos una estatuita del Niño Jesús: Muchos se dieron cuenta y se conmovieron.
También don Umberto H, que guiaba la peregrinación de los niños notó la sorprendente madurez de Pía y la consideró bien preparada para la Primera Comunión que ella solicitaba insistentemente.
Iba comprendiendo siempre mas por que San Pío X deseaba que los niños recibieran la Primera Comunión a tierna edad. Recordaba siempre el episodio ocurrido entre él y una señora que le presentaba a un niño para que lo bendijera. “¿Cuántos años tiene su hijo?”, le preguntó. ”Cuatro años, Santidad, y a los 7 podrá recibir la Primera Comunión”. El Santo Padre fijó su mirada en los ojos vivaces del niño, le acarició dulcemente su cabeza y le preguntó: “Hijo, ¿a quien recibes en la Primera Comunión?” - “A Jesucristo”, contestó el pequeño. “¿Y quien es Jesucristo?” –“Jesucristo es Dios”. Y el Santo Padre concluyó. “¡Tráiganme mañana al pequeño! Yo mismo le daré la Primera Comunión”
Gracias a Pía me volvía cada vez más conocedor de esta realidad: los niños que sienten profundamente esta exigencia de recibir a Jesús en la Eucaristía son muchos, pero nadie satisface su necesidad. Comprendí también qué tan breve y valioso es este periodo de gracia en la vida del niño; muchos padres me confirmaban que hubieran querido llevar a sus hijos a la Comunión porque se los pedían insistentemente ya desde los 3 o 4 años. Me decían que los pequeños a esa edad vivían una relación muy tierna y delicada con el Cielo, que sin embargo, sin la ayuda de la Comunión se entibiaba y se apagaba.
Pero ¿cómo se llegó a la Comunión de Pia?
Alguien – no supe nunca quien fue- me había mandado un trajecito para Comunión excepcionalmente pequeño. Pía lo vio y habló inmediatamente como de “su” vestidito: estaba muy convencida que pronto recibiría a Jesús. Dejé el vestidito con su mamá para que lo conservara pero… ¿cómo hubiéramos podido hacer que recibiera la Comunión a los dos años y medio?
Nos comprometimos a rezar con todo el grupo de los niños por esta intención. Pía, mientras tanto ya había aprendido las cinco verdades fundamentales de la fe previstas en el decreto “Quam Singolari” de San Pío X. Su preparación en su casa había sido conmovedora y mostraba conocer bien todo, todas sus respuestas habían sido grabadas con la grabadora.
Durante la preparación nos daba siempre una nueva agradable sorpresa. La impresionó mucho el pecado original, decía que ella no habría nunca desobedecido como Adán y Eva, por que no habría nunca hecho lo “que el Papá en el Cielo no quiere”. No desobedecía nunca, todo aquello que su mamá le decía, aunque fuera sólo una vez, se le grababa en su memoria y en su corazón.
Demostraba una gran delicadeza de consciencia que le hacía evitar cualquier ocasión de hacer el mal: una vez me contó que sus hermanas miraban la televisión, pero que ella no, pues le habría hecho daño.
Cuando otros niños hacían algo mal, ella decía: “¡Esto no le gusta al Papá celestial”, pero estaba llena de amor por todos, hasta estaba dispuesta a adjudicarse las culpas de sus hermanas. Una mejor preparación no habría sido posible, pero era necesario encontrar un sacerdote que estuviera dispuesto a darle la Comunión.
Y sobrevino el milagro: un sacerdote que había conocido a la pequeña y había comprobado su preparación, se declaró dispuesto para darle a Jesús, pero era necesario ir a su parroquia que estaba a 300 km. de distancia.
Se fijó la fecha de la Primera Comunión para el día 3 de febrero de 1995, primer viernes del mes. La noche anterior, el tío de Pía sufrió un gravísimo accidente y fue llevado en estado de coma a la Sección de terapia intensiva: tenía muchas hemorragias internas y necesitaba respiración artificial: pocas eran las esperanzas de sobrevivencia. Pía prometió ofrecer su Primera Comunión por él.
Tenía exactamente dos años y medio y un día. Cuando fuimos por ella estaba todavía oscuro: se asomó a la puerta radiante de alegría, con su vestidito blanco, abrazando feliz a su Niño Jesús entre los brazos. Permaneció por más de tres horas sentada en el coche, serena y tranquila, dijo que el cielo estaba vacío de ángeles pues todos estaban ahí con ella.
Se confesó de manera conmovedora, dijo la oración de la penitencia, esperó de rodillas, con las manos juntas, el inicio de la Misa. Durante la celebración, tomaba de vez en cuando, dulcemente al Niño Jesús entre sus brazos. Yo me preguntaba de dónde sacaba tal fuerza y tal capacidad de resistencia, además de que la Misa fue muy larga.
El momento de la Comunión fue inolvidable. En la foto se ve como ella estaba absorta al recibir a Jesús, con sus ojos cerrados y las manitas juntas, de rodillas delante del altar y la boca abierta en espera temerosa.
Después de la Comunión se llevó las manos delante de los ojos, hablando en su corazón con Jesús y recomendándole, como lo había prometido, a su tío que estaba en estado de coma. Eran exactamente las 11.30. Quiso concluir su fiesta con el canto a la Virgen “Deseo amar siempre profundamente a Maria”
Después de la Comunión se acercó a la estatua de la Virgen de Fátima, para acariciarla “por que ella está tan triste”. Pero hizo todavía algo más, hizo que la levantaran hacia arriba y quiso darle un beso para agradecerle y para consolar a su Inmaculado Corazón.
Quiso después detenerse frente a una estatua de Santa Filomena, dirigiendo a esta gran patrona de los niños, miradas de tierna confianza. A menudo he podido observar este profundo, casi natural lazo de los niños con los Santos, entre ellos parece no existir ninguna distancia, como si la frontera entre la tierra y el cielo estuviera sólo en la mente de los mayores.
Después el viaje de regreso, otras tres horas de automóvil. Pía cantaba y sonreía, sólo mas tarde se durmió en su sillita, con una maravillosa expresión de paz dibujada en su rostro.

De repente sucedió algo a la rueda de nuestro auto, una llanta estaba toda cortada. Pero la alegría de todos nosotros era tal, que contestamos con una carcajada y seguimos el camino hacia la casa pasando por el Santuario de La Salette, reproducción del francés, meta de muchas peregrinaciones. Pía besó la estatua de la Virgen que llora con tanto amor y llena de ternura. Una foto estupenda muestra a Pía, rodeada de una corona de luz, a los pies de la Virgen. Esta foto dice más que muchas palabras.
Nos detuvimos frente a una estatua de Padre Pío, un santo especialmente querido por Pía. También él pedía que los niños se acercaran a la primera Comunión a temprana edad y declaró muchas veces “¡los niños salvarán al mundo!”
Llegando a casa, la mamá de Pía, preocupada por su hermano en estado de coma en terapia intensiva, le preguntó “¿Cómo estará el tío?” –“¡Bien, mamá!”. Sorprendida por la respuesta tan segura preguntó: “¿estás segura?” “¡Si!”, respondió la niña sin titubeos. Llamaron inmediatamente al hospital y fue grande la sorpresa al enterarse que a las 11.30, precisamente en el momento en que Pía ofrecía su Primera Comunión por su tío, éste se había despertado del estado de coma y se había levantado.
¡Que este acontecimiento maravilloso, este despertar de Lázaro, pueda fortalecer en nuestros corazones la fe en la potencia de la Primera Comunión de los niños al primer uso de razón!

PROCESION DEL SAGRADO CORAZON DE JESUS EN SANTIAGO 2011



Con motivo de la celebracion de un Te Deum en la Catedral Metropolitana de Santiago, a pedido del Presidente de la República el dia 3 de julio, la SANTA MISA y PROCESION en honor del SAGRADO CORAZON DE JESUS se traslada para el domingo 10 de julio, a las 16.00 hrs, comenzando en la Catedral Metropolitana.

domingo, 5 de junio de 2011

MEDITACIÓN ACERCA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR 2011



Qué Saco Yo
Ascensión del Señor - Ciclo C
by: Dr. Marcellino D'Ambrosio
Translated by: Miguel Carranza


La celebración de la solemnidad de la Ascensión del Señor, solía dejarme un poco desconcertado. Me quedaba claro lo que el Señor había hecho por mí el Viernes Santo, y los beneficios del Domingo de Pascua son irrefutables. Pero, ¿qué hacia la Ascensión por mí?

En el cristianismo se habla de un amor especial llamado ágape o caridad. Es un amor que ve hacia al prójimo y se dona a él. La Divina Palabra no se encarnó por que fuese a sacar algo de ganancia. Tampoco soportó el escándalo y la tortura de la cruz por un interés mezquino. La caridad ama a los demás lo suficiente como para compartir sus alegrías y sus tristezas.

Lo primero que debemos recordar sobre la Ascensión es que se trata de compartir en la alegría de Jesús. Se trata de celebrar su regreso a la gloria celestial a la que había reusado a aferrarse (Filipenses 2:6-11) cuando la Divina Palabra bajó de las alturas del cielo a las profundidades del vientre de la Virgen. Es de regocijarse cuando la corona de espinas es reemplazada por una corona real, y cuando la multitud enardecida del monte Calvario es reemplazada por miríadas de ángeles que le adoran. La Ascensión es sobre el triunfo de Jesús, sobre la vindicación y la glorificación, y si ponemos la atención fuera de nosotros mismos y dejamos que el amor del Espíritu Santo anime nuestras almas, entonces experimentaremos una dicha más grande que cuando vemos a nuestro hijo anotar un “home run” o graduarse de la universidad.

Sin embargo, la Ascensión no solo es una fiesta para amar a Dios como Él nos llama a amarle. También es una fiesta de esperanza. Sí, hay algo que nosotros podemos sacar de esta fiesta. Él va a preparar un lugar para nosotros. Un día reinaremos con Él en gloria y un día también tendremos coronas hechas de oro en lugar de espinas.

Para que podamos resistir hasta ese glorioso momento, el instante en que Él regrese a renovar todas las cosas, necesitamos del poder divino. Esa es otra razón por la que debemos regocijarnos con la Ascensión. Jesús toma su lugar a la derecha de Dios para poder derramar sobre nosotros la promesa del Padre, el Espíritu Santo.

Mientras asciende, les dice a sus discípulos que esperen por Su poder. No les dice que esperen pasivamente por un rapto. Observemos que no les pide pasar su tiempo repitiendo profecías bíblicas o debatiendo sobre cómo y cuando el regresará. En Hechos 1:11, después que el Señor asciende fuera de su vista, los ángeles preguntan a los discípulos por que se quedan parados mirando hacia el cielo

La espera no es para pasarla desperdiciando el tiempo. La espera tiene un propósito. Nueve días de oración (¡la primera novena!) para prepararse. ¿Para qué prepararse? Porque tienen trabajo que hacer. “La penitencia para la remisión de los pecados debe ser predicada a todas las naciones, comenzando en Jerusalén. Son testigos de todo esto” (Lucas 24:46-48).

Solíamos pensar que la evangelización se realizaba en países lejanos, por sacerdotes y religiosos. Pero el Concilio Vaticano Segundo nos dijo que nuestros propios vecinos y nuestras familias son el territorio misionero, y que cada católico está llamado a evangelizar. No estoy seguro si San Francisco de Asís quien dijo la frase “Prediquen el evangelio siempre, y cuando sea necesario utilicen palabras”, pero si lo hubiera dicho, observemos que San Francisco a menudo pensaba que usar palabras era muy necesario. Él predicaba en mercados, en las esquinas de las calles, en las Iglesias, en cualquier lugar donde hubiera gente. Predicar sin ser verdaderamente un testimonio de vida es ciertamente contraproducente. No podemos decir que hablar no es necesario para predicar. Debemos ser capaces de transmitirle a la gente a nuestro alrededor lo que Jesús ha hecho por nosotros, lo que significa para nosotros, y porque Él es la respuesta a los problemas del mundo. Tal vez no hayas sido llamado a predicar en las aceras, pero el Concilio y los papas posteriores a él, haciendo eco a 1 Pedro 3:15, dicen que todos estamos llamados por lo menos a decir lo que Jesús ha hecho por nosotros. ¿No te sientes apto para la tarea? ¿Te sientes intimidado? Ora para que el poder del Espíritu Santo se mueva dentro y a través de ti. Tomate el tiempo de aprender más sobre tu fe para que puedas compartirla con confianza.

Este articulo fue publicado en “Our Sunday Visitor “, como una reflexión sobre las lecturas para el Sexto Domingo de Pascua, Ciclo Litúrgico C (Hechos 1:1-11, Salmo 47, Efesios 1:17-23 o Hebreos 9:24-28, 10:19-23, Lucas 24: 46-53). Se reproduce aquí con el permiso del autor.



Tomado Desde:




http://www.crossroadsinitiative.com/library_article/1272/Que_Saco_Yo.html







La Ascensión del Señor nos pone en camino
Hechos, 1, 1-11; Sal. 46; Ef. 1, 17-23; Mt. 28, 16-20.




Material de Reflexión Gentileza del Presbítero Padre Carmelo Hernández desde Islas Canarias Tenerife España.




Comienzo por decir la Ascensión del Señor nos pone en camino. ‘Id al mundo entero…’ nos dice Jesús. Es el mandato que Jesús nos deja en su Ascensión.Con gozo, con alegria grande celebramos esta solemnidad. Nuestros dichos y refranes decían que es un día que brilla más que el sol. No es para menos.
Seguimos celebrando a Cristo resucitado, seguimos celebrando la Pascua. Y llegamos a este día donde se manifiesta el triunfo y la glorificación al ser llevado Jesús al cielo y contemplarlo sentado a la derecha del Padre. Así lo confesamos en el credo. ‘Y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre’. Así lo proclamaba el apóstol en la carta a los Efesios. ‘Que el Señor ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis… cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, y dominación, y por encima de todo nombre conocido…’Es un día de gloria y aclamamos al Señor.
‘Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas’, hemos cantado en el salmo. ‘Cristo Jesús, constituido Señor del cielo y de la tierra… el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte ha ascendido a lo más alto del cielo como mediador entre Dios y los hombres, como juez de vivos y muertos’. Así lo proclamamos hoy con la liturgia.Como nos decía el relato de los Hechos ‘se les apareció después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del Reino de Dios’. Pero ahora en este momento solemne, según nos cuenta Mateo habían ido a Galilea como les había mandado decir a través de las mujeres – ‘id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán’ -, allí donde se había desarrollado casi toda la actividad apostólica de Jesús, les da su mandato de ir a anunciar la Buena Nueva a toda la creación.
‘Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado’. Jesús nos pone en camino. ‘Id a todos los pueblos…’ La Ascensión de Jesús al cielo nos pone en camino porque la obra salvadora no es para nosotros solos, sino que a todos los hombres ha de llegar la salvación.‘Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse’. No se ha ido para desentederse de nosotros. Ha prometido que estará con nosotros siempre.
‘Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo’. Nos ha prometido su Espíritu que vendrá con su fuerza para que seamos sus testigos ‘hasta los confines del mundo’. Lo vamos a celebrar el próximo domingo y ya hemos venido meditando mucho todo el anuncio que Jesús nos ha venido haciendo.Nos gustaría quedarnos extasiados contemplando la gloria de Dios, contemplando para siempre a Jesús glorificado, sentado a la derecha del Padre; Pedro en el Tabor también quería quedarse allí para siempre y estaba dispuesto a hacer tres tiendas.
Pero había que bajar del Tabor, hay que volver del monte de la Ascensión, hay que ir a la Galilea de nuestro mundo porque la misión de Jesús tiene que continuar y esa es nuestra tarea. Por eso, como decíamos, la Ascensión nos pone en camino.Poneos en camino. Jesús confía en nosotros y a nosotros nos confía su misión. No nos podemos quedar estáticos cuando hay tanta tarea que realizar. El mundo anda en tinieblas y nosotros que tenemos la luz tenemos que ir a llevársela. El mundo está necesitado de salvación y nosotros que sabemos donde está la salvación tenemos que ir a anunciarla. Al mundo le falta vida y nosotros sabemos bien quien es la resurrección y la vida y tenemos que llevar esa Buena Noticia. Nos llenaremos de su Espíritu, nos sentiremos inundados por la presencia de Jesús y vamos a llevar el mensaje.
Las buenas noticias no se pueden callar ni ocultar. Y nuestro mundo necesita esa buena noticia.Celebramos hoy con gozo, con toda solemnidad esta fiesta de la Ascensión; nos impregnamos de la Palabra y de la presencia de Jesús; cantamos la gloria del Señor sin cansarnos, pero no olvidemos que no nos podemos quedar encerrados en nosotros mismos o con esa Buena Noticia como si fuera para nosotros solos. Nos hemos encerrado muchas veces los cristianos en nuestras iglesias y hemos olvidado que tenemos que ir haciendo Iglesia por todas partes, porque a todos tenemos que llamar a la fe en Jesús y a ser Iglesia.
La fe que tenemos en Jesús tiene que ser una fe conprometida. Comprometida y comprometedora porque nos obliga primera que nada a que cada día seamos más santos. Pero comprometida y comprometedora porque nos obliga a ir a llevar esa buena noticia a los demás. Tenemos que sembrar evangelio; tenemos que hacer un mundo nuevo desde la gracia salvadora de Jesús; tenemos que llenar nuestro mundo de amor, de paz, de esperanza, de verdad. Cuánto bueno podemos hacer, cuánto bueno tenemos que hacer. Si no llevamos esa luz nuestro mundo seguirá a oscuras; si no sembramos amor y paz seguiremos odiándonos y enfrentándonos unos a otros, llenándos de violencia y de injusticia, destruyéndonos a nosotros y destruyendo ese mundo que Dios ha puesto en nuestras manos.
Jesús cuando caminaba los caminos de Palestina iba sanando, curando, resucitando y dando vida, poniendo esperanza en los corazones, despertando a los hombres y mujeres para metas e ideales altos y grandes. Es la tarea que nosotros tenemos que continuar, que seguir haciendo. Poner vida, sanar, llenar de esperanza, despertar los corazones es nuestra tarea. Tarea que realizaremos allí donde estemos, con el que convive con nosotros o está a nuestro lado por las distintas circunstancias de la vida, familia, lugar de convivencia, lugar de trabajo, relaciones sociales, etc… Y si podemos llegar más allá, tampoco podemos quedarnos cruzados de brazos.
Este día de la Ascensión del Señor se celebra una jornada de las comunicaciones sociales, pensando también en todo ese mundo de comunicación que tenemos que aprovechar para llevar la semilla del evangelio a todos, como pueda ser estos nuevos medios de las redes sociales de internet, como lo intentamos hacer por este medio en el que estás leyendo esta reflexión.Debería de notarse después de esta celebración de la Ascensión del Señor que somos un poquito mejores, y que hacemos un poquito mejor el mundo que nos rodea porque nos hayamos comprometido de verdad a sembrar esas semillas del Reino. Es nuestro compromiso y nuestras urgencia.
No lo olvidemos la Ascesión del Señor nos pone en camino

sábado, 4 de junio de 2011

Testimonio Cómo Compartir Nuestra Fe

El Papa en Croacia (7): Encuentro y vigilia de oración del Papa con los jóvenes croatas



Jesús Os habla hoy. Dejad que entre cada vez más como amigo y compañero de camino. Nunca os desilusionará". Vigilia de Oración del Papa con los jóvenes croatas.

Sábado, 4 Jun, (RV). A las siete y media de la tarde, Benedicto XVI se encontró con los jóvenes para celebrar la vigilia de oración en la Plaza Josip de Zagreb En sus palabras a la juventud, el Pontífice recordó la lectura proclamada de san Pablo, en la que nos invita a estar “siempre alegres en el Señor”.
"Es
una palabra que hace vibrar el alma, si consideramos que el Apóstol de los Gentiles escribe esta Carta a los cristianos de Filipos mientras se encontraba en la cárcel, a la espera de ser juzgado. … su experiencia revela cómo es posible mantener la alegría en nuestro camino, aun en los momentos oscuros." Y es que, añadió el Papa, todos anidamos en nuestro corazón un fuerte deseo de felicidad. Cada acción, cada decisión, encierra en sí esta íntima y natural exigencia. Pero con frecuencia, nos damos cuenta de haber puesto la confianza en realidades que no apagan ese deseo, sino que por el contrario, revelan toda su precariedad. Es en estos momentos cuando se experimenta la necesidad de algo que sea “más grande”, que dé sentido a la vida cotidiana."Queridos amigos, vuestra juventud es un tiempo que el Señor os da para poder descubrir el significado de la existencia. Es el tiempo de los grandes horizontes, de los sentimientos vividos con intensidad, y también de los miedos ante las opciones comprometidas y duraderas, de las dificultades en el estudio y en el trabajo, de los interrogantes sobre el misterio del dolor y del sufrimiento. Más aún, este tiempo estupendo de vuestra vida comporta un anhelo profundo, que no anula todo lo demás, sino que lo eleva para darle plenitud.

Y mencionando el Evangelio de Juan, en el que se lee que Jesús dirigiéndose a sus primeros discípulos, les pregunta ¿qué buscan? El Santo Padre dijo a los jóvenes que hoy la voz de Cristo les repite también: “¿Qué buscáis?”. Jesús os habla hoy: mediante el Evangelio y el Espíritu Santo…. Es Él quien os busca, aun antes de que vosotros lo busquéis. Respetando plenamente vuestra libertad, se acerca a cada uno de vosotros y se presenta como la respuesta auténtica y decisiva a ese anhelo que anida en vuestro ser, al deseo de una vida que vale la pena ser vivida. Dejad que os tome de la mano. Dejad que entre cada vez más como amigo y compañero de camino. Ofrecedle vuestra confianza, nunca os desilusionará."

Porque como les recuerda Benedicto 16, Jesús nos hace conocer de cerca el amor de Dios Padre, nos hace comprender que nuestra felicidad se logra en la amistad con Él, en la comunión con Él. Con su amor, experimentamos verdaderamente el significado de la vida y estamos contentos de vivirla, incluso en las fatigas, en las pruebas, en las desilusiones, incluso caminando contra corriente."Queridos jóvenes, arraigados en Cristo, podréis vivir en plenitud lo que sois. Como sabéis, he planteado sobre este tema mi mensaje para la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que nos reunirá en agosto en Madrid, y hacia la cual nos encaminamos. He partido de una incisiva expresión de san Pablo: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (Col 2, 7). Creciendo en la amistad con el Señor, a través de su Palabra, de la Eucaristía y de la pertenencia a la Iglesia, con la ayuda de vuestros sacerdotes, podréis testimoniar a todos la alegría de haber encontrado a Aquél que siempre os acompaña y os llama a vivir en la confianza y en la esperanza.".


Y por último el Papa les instó a no desmayar, que recuerden que el Señor Jesús no es un maestro que embauca a sus discípulos: nos dice claramente que el camino con Él requiere esfuerzo y sacrificio personal, pero que vale la pena. "Queridos jóvenes amigos, no os dejéis desorientar por las promesas atractivas de éxito fácil, de estilos de vida que privilegian la apariencia en detrimento de la interioridad. No cedáis a la tentación de poner la confianza absoluta en el tener, en las cosas materiales, renunciando a descubrir la verdad que va más allá, como una estrella en lo alto del cielo, donde Cristo quiere llevaros. Dejaos guiar a las alturas de Dios". Y tras mencionar el testimonio de tantos discípulos del Señor que han vivido su tiempo llevando en el corazón la novedad del Evangelio, como Francisco y Clara de Asís, Rosa de Viterbo, Teresita del Niño Jesús, y tantos jóvenes santos y santas en la gran comunidad de la Iglesia, resaltó en este país, la figura del Beato Iván Merz, un joven brillante que durante los años de la Primera Guerra Mundial se encuentra frente a la destrucción y la muerte, y todo eso lo marca y lo forja, haciéndole superar momentos de crisis y de lucha espiritual. La fe de Iván se refuerza hasta tal punto que se dedica al estudio de la Liturgia e inicia un intenso apostolado entre los jóvenes. Descubre la belleza de la fe católica y comprende que la vocación de su vida es vivir y hacer vivir la amistad con Cristo. Muere el 10 de mayo de 1928, con tan sólo treinta y dos años, después de algunos meses de enfermedad, ofreciendo su vida por la Iglesia y por la juventud. "Esta vida joven, entregada por amor, lleva el perfume de Cristo, y es para todos una invitación a no tener miedo de confiarse al Señor, del mismo modo que lo contemplamos, en modo particular, en la Virgen María, la Madre de la Iglesia, aquí venerada y amada con el título de “Majka Božja od Kamenutih vrata” [“Madre de Dios de la Puerta de Piedra”]. A Ella deseo confiar esta tarde a cada uno de vosotros, para que os acompañe con su protección y os ayude sobre todo a encontrar al Señor y, en Él, a encontrar el significado pleno de vuestra existencia."

EN EL MES DEL SAGRADO CORAZÓN JUNIO 2011. LAS 12 PROMESAS A VIVIR.




Señor hizo a Santa Margarita María de Alacoque las siguientes promesas para todos los devotos de su Sagrado corazón:





1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.
2. Daré paz a sus familias.
3. Los consolaré en todas sus aflicciones.
4. Seré su amparo y refugio seguro durante su vida, y principalmente en la hora de la muerte.
5. Bendeciré abundantemente sus obras que redunden en mi mayor gloria.
6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de misericordia.
7. Las almas tibias se harán fervorosas.
8. Las almas fervorosas se elevarán con rapidez a gran perfección.
9. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los pecadores más endurecidos.
10. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y honrada.
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás serán borrados de él.
12. Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que mi amor todopoderoso otorgará a cuantos comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán privados de mi gracia ni de recibir los sacramentos, pues mi divino Corazón se convertirá para ellos en seguro asilo en aquella hora postrera.