lunes, 27 de junio de 2011

MANERAS DE LLAMAR AL ESPIRITU SANTO 2011.



Formas de llamar al Espíritu Santo"Espíritu Santo" es el nombre propio de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, a quien también adoramos y glorificamos, junto con el Padre y el Hijo. Pero Jesús lo nombra de diferentes maneras:
EL PARÁCLITO: Palabra del griego "parakletos", que literalmente significa "aquel que es invocado", es por tanto el abogado, el mediador, el defensor, el consolador. Jesús nos presenta al Espíritu Santo diciendo: "El Padre os dará otro Paráclito" (Jn 14,16). El abogado defensor es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables debido a sus pecados, los defiende del castigo merecido, los salva del peligro de perder la vida y la salvación eterna. Esto es lo que ha realizado Cristo, y el Espíritu Santo es llamado "otro paráclito" porque continúa haciendo operante la redención con la que Cristo nos ha librado del pecado y de la muerte eterna.
EL ESPÍRITU DE LA VERDAD: Jesús afirma de sí mismo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6). Y al prometer al Espíritu Santo en aquel "discurso de despedida" con sus apóstoles en la Última Cena, dice que será quien después de su partida, mantendrá entre los discípulos la misma verdad que Él ha anunciado y revelado. El Paráclito, es la verdad, como lo es Cristo. Los campos de acción en que actúa el Espíritu Santo, son el espíritu humano y la historia del mundo. La distinción entre la verdad y el error es el primer momento de dicha actuación. Permanecer y obrar en la verdad es el problema esencial para los Apóstoles y para los discípulos de Cristo, desde los primeros años de la Iglesia hasta el final de los tiempos, y es el Espíritu Santo quien hace posible que la verdad a cerca de Dios, del hombre y de su destino, llegue hasta nuestros días sin alteraciones.
Cada vez que rezamos el Credo, llamamos al Espíritu Santo: SEÑOR Y DADOR DE VIDA: El término hebreo utilizado por el Antiguo Testamento para designar al Espíritu es "ruah", este término se utiliza también para hablar de "soplo", "aliento", "respiración". El soplo de Dios aparece en el Génesis, como la fuerza que hace vivir a las criaturas, como una realidad íntima de Dios, que obra en la intimidad del hombre. Desde el Antiguo Testamento se puede vislumbrar la preparación a la revelación del misterio de la Santísima Trinidad: Dios Padre es principio de la Creación; que la realiza por medio de su Palabra, su Hijo; y mediante el Soplo de Vida, el Espíritu Santo. La existencia de las criaturas depende de la acción del soplo - espíritu de Dios, que no solo crea, sino que también conserva y renueva continuamente la faz de la tierra. (Cf. Sal 103/104; Is 63, 17; Gal 6,15; Ez 37, 1-14). Es Señor y Dador de Vida porque será autor también de la resurrección de nuestros cuerpos: "Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a sus cuerpos mortales por su Espíritu que habita en ustedes" (Rom 8,11).
La Iglesia también reconoce al Espíritu Santo como: SANTIFICADOR: El Espíritu Santo es fuerza que santifica porque Él mismo es "espíritu de santidad". (Cf. Is. 63, 10-11) En el Bautismo se nos da el Espíritu Santo como "don" o regalo, con su presencia santificadora. Desde ese momento el corazón del bautizado se convierte en Templo del Espíritu Santo, y si Dios Santo habita en el hombre, éste queda consagrado y santificado. El hecho de que el Espíritu Santo habite en el hombre, alma y cuerpo, da una dignidad superior a la persona humana que adquiere una relación particular con Dios, y da nuevo valor a las relaciones interpersonales. (Cf. 1Cor 6,19) .

ORACIÓN PARA BUSCAR SENTIDO EN JESÚS TRANSFIGURADO A NUESTRA VIDA




Salmo en busca del sentido de la vida.


Como si empezara a salir de un sueño, así me siento, Señor Jesús.Comienzo a saborear el alba de un nuevo amanecer, y es algo así como la paz después de la tormenta.Un arcoiris se abre sobre mi vida en búsqueda y ahora sé que después de la tempestad viene la calma.Señor Jesús, Señor del sosiego y de la serenidad, acompáñame en este nuevo camino que estreno.Yo quiero Señor, poner mis ojos dentro.



Quiero abrir los ojos del corazón y con 'nuevos ojos de ver' mirar la luz y buscar el bien y la belleza, la verdad y el amor en mi corazón escondido y silencioso.Quiero, Señor, construir mi vida desde la Vida.Quiero levantar mi vuelo desde una libertad responsable.Quiero hacer verdad en mi camino desde la Verdad.Quiero, Señor, vivir el amor y el servicio desde el Amor.Te necesito, Tú que eres la respuesta a mi búsqueda.



Señor Jesús, yo quiero un sentido para mi vida, Quiero crecer en búsqueda de razones para mi existencia;encontrar el ideal, la norma, el modelo de ser hombre.



Quiero, Señor Jesús, orientar mi vida, darle rumbo;saber la razón de mi origen, de dónde vengo.Quiero que el río de mi vida tenga en ti su manantial.Quiero saber la razón de lo que haga en la vida;saber si mi vida vale la pena vivirla.Quiero que el sentido de mi vida seas tú.Quiero saber hacia dónde camino, saber cual es el destino y la meta de mi vida.Quiero que tú, Cristo el Señor, seas el final de mi camino.Señor Jesús, no quiero una vida que se apoye desde fuera.No quiero muletas que no me dejen ir lejos.No quiero soportes que no aguanten mi libertad.No quiero parches para mi camino, ni caretas para mis problemas.No quiero manos que me empujen, ni que den cuerda a mi fracaso.



No quiero quedarme en la cáscara de las cosas mientras mi corazón se muere de hambre.No quiero optar por la muerte, por la destrucción, por las cosas que se acaban, por el humo de pajas.No quiero vivir desde la superficie, desde la piel.No quiero ser vida vacía, vida gastada.Señor Jesús: ¡quiero vivir con fuerza y desde dentro!.Señor Jesús, quiero pedirte fuerza para optar.Fuerza para optar como persona, como hombre.Fuerza para optar por una fe recia en ti;para optar por la comunidad en que vivo.



Fuerza para optar por un proyecto de vida;para optar porlos necesitados de ayuda.Fuerza para optar poruna vida sin término;para optar y vivir siempre decidido a comenzar de nuevo.Señor Jesús, abre mis ojos a la luz de tu verdad.Abre mis ojos al corazón del hombre que transciende;a los valores de tu Reino.Abre mis ojos a la bondad y la ternura, al perdón, a la justicia, a la fraternidad, a la verdad, a la pureza y a la sencillez.Señor Jesús, abre mis ojos a los valores que no se acaban.Señor Jesús, abre mis ojos más allá de tu muerte: a la luz y la libertad de tu Resurrección.



Tú, Señor Jesús, estás aquí, en mi nuevo camino.Tú, Señor Jesús, estás aquí y me ofreces tu proyecto de vida.Yo cuento contigo: eres la respuesta a mi pregunta;eres la razón a mis razones.Yo cuento contigo:eres el ideal de hombre que yo quiero;eres el proyecto que yo asumo.Yo cuento contigo:eres la Persona y el Programa de mi vida;eres el sentido de mi vida

LA CONFIRMACIÓN Y EL E. SANTO 2011



La Confirmación y el Espíritu Santo.




A continuación ponemos a su disposición documentos y catequesis de S.S. Juan Pablo II sobre el sacramento de la Confirmación y el Espíritu Santo
El «sello del Espíritu» y el testimonio hasta el martirioCatequesis de S.S. Juan Pablo II en la audiencia general de los miércoles, 14 de octubre de 1998





La confirmación como culminación de la gracia bautismalCatequesis de S.S. Juan Pablo II en la audiencia general de los miércoles, 30 de septiembre de 1998




El Espíritu Santo nos infunde la fuerza y la valentía para dar testimonio de CristoHomilía de S.S. Juan Pablo II en el Domingo de la Solemnidad de Pentecostés, 18 de mayo de 1997






El Espíritu Santo os lo enseñará todo" [cf. Jn 14, 26]Mensaje de S.S. Juan Pablo II con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud de 1998Ciudad del Vaticano, 30 de noviembre de 1997



LITURGIA DE PENTECOSTES PARA NIÑOS. 2011



A continuación te presentamos un esquema de la liturgia preparada por la Pastoral de la Infancia de la Conferencia Episcopal de Chile - por el Pbro. Rodrigo Domínguez - para realizar con los niños y así recordar la Fiesta de Pentecostés. A través del cuento, la liturgia y la pintura, te invitamos a motivar a niños y niñas a vivir cada día, con mayor fuerza los dones del Espíritu. Primer momento:CuentoPreguntas para compartirSegundo momento:Liturgia "Celebrando con los niños"Agradecer los donesPedir que estos crezcan en nosotros¿Qué dones nos hacen más falta?OraciónTercer momento:Sugerencias para actividades con los niños






Materiales:Llamitas de cartulinas para que los niños las usen como distintivos.


Catequesis de S.S. Juan Pablo II relacionadas al Espíritu Santo.




El Espíritu de Dios y las «semillas de verdad» presentes en las religiones no cristianasCatequesis de S.S. Juan Pablo II en la audiencia general de los miércoles.9 de setiembre de 1998.
Bajar en archivo Word
El Espíritu Santo, fuente de comuniónCatequesis de S.S. Juan Pablo II en la audiencia general de los miércoles.29 de julio de 1998.Bajar en archivo Word
La vida en el EspírituCatequesis de S.S. Juan Pablo II en la audiencia general de los miércoles.21 de octubre de 1998.Bajar en archivo Word


Qué Es Pentecostés.


Fiesta de Pentecostés.


Originalmente se denominaba “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 169). Siete semanas son cincuenta días; de ahí el nombre de Pentecostés (= cincuenta) que recibió más tarde. Según Ex 34 22 se celebraba al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo; era una fiesta movible pues dependía de cuándo llegaba cada año la cosecha a su sazón, pero tendría lugar casi siempre durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. En su origen tenía un sentido fundamental de acción de gracias por la cosecha recogida, pero pronto se le añadió un sentido histórico: se celebraba en esta fiesta el hecho de la alianza y el don de la ley.
En el marco de esta fiesta judía, el libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de este acontecimiento, Pentecostés se convierte también en fiesta cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1 Cor 168).
(Vocabulario Bíblico de la Biblia de América)Comisión Nacional de Pastoral Bíblica
PENTECOSTÉS, algo más que la venida del espíritu...

La fiesta de Pentecostés es uno de los Domingos más importantes del año, después de la Pascua. En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha y, posteriormente, los israelitas, la unieron a la Alianza en el Monte Sinaí, cincuenta días después de la salida de Egipto.
Aunque durante mucho tiempo, debido a su importancia, esta fiesta fue llamada por el pueblo segunda Pascua, la liturgia actual de la Iglesia, si bien la mantiene como máxima solemnidad después de la festividad de Pascua, no pretende hacer un paralelo entre ambas, muy por el contrario, busca formar una unidad en donde se destaque Pentecostés como la conclusión de la cincuentena pascual. Vale decir como una fiesta de plenitud y no de inicio. Por lo tanto no podemos desvincularla de la Madre de todas las fiestas que es la Pascua.


En este sentido, Pentecostés, no es una fiesta autónoma y no puede quedar sólo como la fiesta en honor al Espíritu Santo. Aunque lamentablemente, hoy en día, son muchísimos los fieles que aún tienen esta visión parcial, lo que lleva a empobrecer su contenido.
Hay que insistir que, la fiesta de Pentecostés, es el segundo domingo más importante del año litúrgico en donde los cristianos tenemos la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo.
Es bueno tener presente, entonces, que todo el tiempo de Pascua es, también, tiempo del Espíritu Santo, Espíritu que es fruto de la Pascua, que estuvo en el nacimiento de la Iglesia y que, además, siempre estará presente entre nosotros, inspirando nuestra vida, renovando nuestro interior e impulsándonos a ser testigos en medio de la realidad que nos corresponde vivir.
Culminar con una vigilia:
Entre las muchas actividades que se preparan para esta fiesta, se encuentran, las ya tradicionales, Vigilias de Pentecostés que, bien pensadas y lo suficientemente preparadas, pueden ser experiencias profundas y significativas para quienes participan en ellas.
Una vigilia, que significa “Noche en vela” porque se desarrolla de noche, es un acto litúrgico, una importante celebración de un grupo o una comunidad que vigila y reflexiona en oración mientras la población duerme. Se trata de estar despiertos durante la noche a la espera de la luz del día de una fiesta importante, en este caso Pentecostés. En ella se comparten, a la luz de la Palabra de Dios, experiencias, testimonios y vivencias. Todo en un ambiente de acogida y respeto.


Es importante tener presente que la lectura de la Sagrada Escritura, las oraciones, los cantos, los gestos, los símbolos, la luz, las imágenes, los colores, la celebración de la Eucaristía y la participación de la asamblea son elementos claves de una Vigilia.
En el caso de Pentecostés centramos la atención en el Espíritu Santo prometido por Jesús en reiteradas ocasiones y, ésta vigilia, puede llegar a ser muy atrayente, especialmente para los jóvenes, precisamente por el clima de oración, de alegría y fiesta.
Algo que nunca debiera estar ausente en una Vigilia de Pentecostés son los dones y los frutos del Espíritu Santo. A través de diversas formas y distintos recursos (lenguas de fuego, palomas, carteles, voces grabadas, tarjetas, pegatinas, etc.) debemos destacarlos y hacer que la gente los tenga presente, los asimile y los haga vida.


No sacamos nada con mencionarlos sólo para esta fiesta, o escribirlos en hermosas tarjetas, o en lenguas de fuego hechas en cartulinas fosforescentes, si no reconocemos que nuestro actuar diario está bajo la acción del Espíritu y de los frutos que vayamos produciendo.
Invoquemos, una vez más, al Espíritu Santo para que nos regale sus luces y su fuerza y, sobre todo, nos haga fieles testigos de Jesucristo, nuestro Señor.
Eduardo Cáceres Contreras

miércoles, 22 de junio de 2011

LA PRIMERA COMUNION DE PIA-INCREIBLE TESTIMONIO DE NIÑA DE DOS AÑOS


Pía, una niña de dos años y medio, asistía regularmente los cursos de Oración desde la edad de un año y medio y, a parte de su tierna edad, no había nada de especial en ella. Todavía no hablaba, pero era tranquila y estaba atenta y, sin que nos diéramos cuenta, en el silencio de su corazón crecía en sabiduría y gracia. Una tarde, enseñando una imagen de las manos de un sacerdote en el momento en que elevaba la hostia, le pregunté a los niños que se preparaban para la Primera Comunión qué era aquel disco blanco. Pía había cumplido apenas los dos años, estaba sentada, como siempre tranquila, con los ojos atentos, sus piecesitos se asomaban apenas de la silla: “CARNE”, respondió claramente a pesar de tener todavía el chupón entre los labios. Fue la primera palabra que le había escuchado pronunciar.
Con un murmullo de exclamaciones y de sorpresa los adultos presentes dirigieron su mirada sobre aquella niña tan pequeña. Muchos ojos se llenaron de lágrimas. Nunca había pensado usar tal expresión, que me parecía demasiado cruda, y ahora, de la boca de una niña de dos años, me llegaba la respuesta profundamente teológica.
Comprendí a fondo como la inocencia permite comprender los misterios de la Gracia también a los niños muy pequeños.
Mientras tanto, en la intimidad del calor familiar, la inteligencia de la pequeña Pía, se iba despertando increíblemente rápido en todo lo relacionado con la oración y la fe, era más rápida que sus hermanitos más grandes. Mostraba interés por las cosas espirituales y entendía los lazos de manera sorprendente, dejando transparentar siempre una gran tranquilidad interior y un abandono confiable. Mostraba amar tiernamente al Niño Jesús y al Corazón Inmaculado de Maria y cuando le preguntaban por que lloraba la Virgen, contestaba triste: “¡Por que los hombres no rezan!” ¿No fue precisamente la Virgen que en Fátima dijo que se pierden muchas almas por que nadie reza por ellas?
Se acercaba la fiesta de Navidad de 1994. A mediados de diciembre recibí inesperadamente una carta desde Fátima con anexa una copia de la homilía pronunciada por Juan Pablo II el 17 de agosto. En ella el Papa -haciendo alusión a cuanto dijo San Pío X: “¡Habrá niños santos!” motivando la necesidad de la Primera Comunión al primer uso de razón- confirmaba tal declaración y agregaba una misteriosa profecía “Habrá apóstoles entre los niños”. Cada una de las palabras de esta homilía del Santo Padre me quedó impresa en el alma, como también su estupenda “Carta del Papa a los niños del mundo”.
La mañana de Navidad, en ocasión de la reunión de nuestro curso de oración, la pequeña Pía manifestó su deseo de guiar la oración ella sola y hasta recitó las palabras del misterio: “Consideramos la visita de María a Isabel”. Se lo conté después a sus padres quienes se quedaron incrédulos.
En esos días estábamos concluyendo también los preparativos de la peregrinación que nuestros niños de la Primera Comunión iban a hacer a Annecy, donde están sepultados el santo Cura de Ars y la pequeña Anna de Guigné. El viaje había sido programado para el día de la fiesta de los Santos Inocentes y me quedé maravillado cuando supe por su madre que Pía también deseaba participar.
Me quedé más sorprendido aún por su comportamiento durante el larguísimo viaje: tranquila y bien portada lo resistió como una adulta, tendiendo siempre entre sus brazos una estatuita del Niño Jesús: Muchos se dieron cuenta y se conmovieron.
También don Umberto H, que guiaba la peregrinación de los niños notó la sorprendente madurez de Pía y la consideró bien preparada para la Primera Comunión que ella solicitaba insistentemente.
Iba comprendiendo siempre mas por que San Pío X deseaba que los niños recibieran la Primera Comunión a tierna edad. Recordaba siempre el episodio ocurrido entre él y una señora que le presentaba a un niño para que lo bendijera. “¿Cuántos años tiene su hijo?”, le preguntó. ”Cuatro años, Santidad, y a los 7 podrá recibir la Primera Comunión”. El Santo Padre fijó su mirada en los ojos vivaces del niño, le acarició dulcemente su cabeza y le preguntó: “Hijo, ¿a quien recibes en la Primera Comunión?” - “A Jesucristo”, contestó el pequeño. “¿Y quien es Jesucristo?” –“Jesucristo es Dios”. Y el Santo Padre concluyó. “¡Tráiganme mañana al pequeño! Yo mismo le daré la Primera Comunión”
Gracias a Pía me volvía cada vez más conocedor de esta realidad: los niños que sienten profundamente esta exigencia de recibir a Jesús en la Eucaristía son muchos, pero nadie satisface su necesidad. Comprendí también qué tan breve y valioso es este periodo de gracia en la vida del niño; muchos padres me confirmaban que hubieran querido llevar a sus hijos a la Comunión porque se los pedían insistentemente ya desde los 3 o 4 años. Me decían que los pequeños a esa edad vivían una relación muy tierna y delicada con el Cielo, que sin embargo, sin la ayuda de la Comunión se entibiaba y se apagaba.
Pero ¿cómo se llegó a la Comunión de Pia?
Alguien – no supe nunca quien fue- me había mandado un trajecito para Comunión excepcionalmente pequeño. Pía lo vio y habló inmediatamente como de “su” vestidito: estaba muy convencida que pronto recibiría a Jesús. Dejé el vestidito con su mamá para que lo conservara pero… ¿cómo hubiéramos podido hacer que recibiera la Comunión a los dos años y medio?
Nos comprometimos a rezar con todo el grupo de los niños por esta intención. Pía, mientras tanto ya había aprendido las cinco verdades fundamentales de la fe previstas en el decreto “Quam Singolari” de San Pío X. Su preparación en su casa había sido conmovedora y mostraba conocer bien todo, todas sus respuestas habían sido grabadas con la grabadora.
Durante la preparación nos daba siempre una nueva agradable sorpresa. La impresionó mucho el pecado original, decía que ella no habría nunca desobedecido como Adán y Eva, por que no habría nunca hecho lo “que el Papá en el Cielo no quiere”. No desobedecía nunca, todo aquello que su mamá le decía, aunque fuera sólo una vez, se le grababa en su memoria y en su corazón.
Demostraba una gran delicadeza de consciencia que le hacía evitar cualquier ocasión de hacer el mal: una vez me contó que sus hermanas miraban la televisión, pero que ella no, pues le habría hecho daño.
Cuando otros niños hacían algo mal, ella decía: “¡Esto no le gusta al Papá celestial”, pero estaba llena de amor por todos, hasta estaba dispuesta a adjudicarse las culpas de sus hermanas. Una mejor preparación no habría sido posible, pero era necesario encontrar un sacerdote que estuviera dispuesto a darle la Comunión.
Y sobrevino el milagro: un sacerdote que había conocido a la pequeña y había comprobado su preparación, se declaró dispuesto para darle a Jesús, pero era necesario ir a su parroquia que estaba a 300 km. de distancia.
Se fijó la fecha de la Primera Comunión para el día 3 de febrero de 1995, primer viernes del mes. La noche anterior, el tío de Pía sufrió un gravísimo accidente y fue llevado en estado de coma a la Sección de terapia intensiva: tenía muchas hemorragias internas y necesitaba respiración artificial: pocas eran las esperanzas de sobrevivencia. Pía prometió ofrecer su Primera Comunión por él.
Tenía exactamente dos años y medio y un día. Cuando fuimos por ella estaba todavía oscuro: se asomó a la puerta radiante de alegría, con su vestidito blanco, abrazando feliz a su Niño Jesús entre los brazos. Permaneció por más de tres horas sentada en el coche, serena y tranquila, dijo que el cielo estaba vacío de ángeles pues todos estaban ahí con ella.
Se confesó de manera conmovedora, dijo la oración de la penitencia, esperó de rodillas, con las manos juntas, el inicio de la Misa. Durante la celebración, tomaba de vez en cuando, dulcemente al Niño Jesús entre sus brazos. Yo me preguntaba de dónde sacaba tal fuerza y tal capacidad de resistencia, además de que la Misa fue muy larga.
El momento de la Comunión fue inolvidable. En la foto se ve como ella estaba absorta al recibir a Jesús, con sus ojos cerrados y las manitas juntas, de rodillas delante del altar y la boca abierta en espera temerosa.
Después de la Comunión se llevó las manos delante de los ojos, hablando en su corazón con Jesús y recomendándole, como lo había prometido, a su tío que estaba en estado de coma. Eran exactamente las 11.30. Quiso concluir su fiesta con el canto a la Virgen “Deseo amar siempre profundamente a Maria”
Después de la Comunión se acercó a la estatua de la Virgen de Fátima, para acariciarla “por que ella está tan triste”. Pero hizo todavía algo más, hizo que la levantaran hacia arriba y quiso darle un beso para agradecerle y para consolar a su Inmaculado Corazón.
Quiso después detenerse frente a una estatua de Santa Filomena, dirigiendo a esta gran patrona de los niños, miradas de tierna confianza. A menudo he podido observar este profundo, casi natural lazo de los niños con los Santos, entre ellos parece no existir ninguna distancia, como si la frontera entre la tierra y el cielo estuviera sólo en la mente de los mayores.
Después el viaje de regreso, otras tres horas de automóvil. Pía cantaba y sonreía, sólo mas tarde se durmió en su sillita, con una maravillosa expresión de paz dibujada en su rostro.

De repente sucedió algo a la rueda de nuestro auto, una llanta estaba toda cortada. Pero la alegría de todos nosotros era tal, que contestamos con una carcajada y seguimos el camino hacia la casa pasando por el Santuario de La Salette, reproducción del francés, meta de muchas peregrinaciones. Pía besó la estatua de la Virgen que llora con tanto amor y llena de ternura. Una foto estupenda muestra a Pía, rodeada de una corona de luz, a los pies de la Virgen. Esta foto dice más que muchas palabras.
Nos detuvimos frente a una estatua de Padre Pío, un santo especialmente querido por Pía. También él pedía que los niños se acercaran a la primera Comunión a temprana edad y declaró muchas veces “¡los niños salvarán al mundo!”
Llegando a casa, la mamá de Pía, preocupada por su hermano en estado de coma en terapia intensiva, le preguntó “¿Cómo estará el tío?” –“¡Bien, mamá!”. Sorprendida por la respuesta tan segura preguntó: “¿estás segura?” “¡Si!”, respondió la niña sin titubeos. Llamaron inmediatamente al hospital y fue grande la sorpresa al enterarse que a las 11.30, precisamente en el momento en que Pía ofrecía su Primera Comunión por su tío, éste se había despertado del estado de coma y se había levantado.
¡Que este acontecimiento maravilloso, este despertar de Lázaro, pueda fortalecer en nuestros corazones la fe en la potencia de la Primera Comunión de los niños al primer uso de razón!