sábado, 22 de septiembre de 2012

La atleta etíope Defar muestra al mundo la imagen de la Virgen María con Jesús


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Cristiana ortodoxa, encomendó su carrera a Dios con una señal de la cruz y completó la distancia de cinco mil metros en 15:04:25. Tras ganar sacó de su camiseta la imagen que llevaba en su pecho.
La atleta etíope Meseret Defar protagonizó uno de los momentos más emotivos de las Olimpiadas de Londres 2012 cuando al cruzar la meta en la final femenina de los 5.000 metros planos y hacerse de la medalla de oro, sacó de su pecho una imagen de la Virgen María, la mostró a las cámaras y se la puso en el rostro en un momento de intensa oración.
Defar, cristiana ortodoxa, encomendó su carrera a Dios con una señal de la cruz y completó la distancia en 15:04:25, venciendo a su compatriota y tradicional rival Tirunesh Dibaba, quien llegó como favorita de la prueba.
Con lágrimas de emoción, Defar mostró al mundo la imagen de la Virgen con el Niño Jesús en brazos que la acompañó en todo el recorrido.
Durante toda la carrera, tres corredoras etíopes y tres de Kenia se disputaban los primeros lugares, Defar aceleró en el último tramo y logró separarse del grupo.
La medalla de plata fue para Vivian Cheruiyot de Kenia y la de bronce para Dibaba.
Meseret Defar nació el 19 de noviembre de 1983 en Addis Abeba, Etiopía. Ha sido subcampeona en el Mundial de atletismo de Helsinki 2005, donde fue vencida por Dibaba.
Ha sido también dos veces campeona mundial de 3.000 metros bajo techo. En las Olimpiadas de Atenas 2004 ganó la medalla de oro en los 5000 metros y en Beijing 2008 obtuvo la medalla de bronce en esta misma prueba.
El 3 de junio de 2006 batió en Nueva York el récord mundial de los 5.000 metros con 14:24,53, mejorando en 15 centésimas el anterior récord de la turca Elvan Abeylegesse.
La noticia además de ser un testimonio de fe, tiene un interés especial por la reivindicación de la libertad religiosa y de expresión, máxime cuando el Comité Olímpico Internacional (COI) por primera vez en estas Olimpiadas ha dispuesto una serie de normas entre las que se incluía la prohicion de acceder a los estadios olimpicos con libris religiosos.

¿Qué Significa la Palabra AMÉN?. Reflexiona y Compartelo




La palabra “Amén” la encontramos por primera vez en el primer libro de las Crónicas:
Alaben al Señor porque es bueno. Porque es eterna su misericordia. Digan: Sálvanos, Señor, Dios nuestro, y júntanos de entre las naciones, a fin de celebrar tu nombre santo y tener nuestra gloria en alabarte. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde siempre hasta siempre: Que todo el pueblo diga: Amén. Aleluya. Todo el pueblo contestó «Amén» y alabó a Yavé. (1Cron 16, 34-36)
Me entró la curiosidad hace poco de contar las veces que usamos la palabra “Amén” ya sea en nuestro lenguaje con Dios o en nuestras oraciones que acaban siempre con esa antigua palabra. Me di cuenta que son muchas las veces que la utilizamos, pero ¿Qué significa?, ¿De dónde proviene?, ¿Cuándo decirla?…
Amén es una palabra aramea, de la lengua que hablaba Jesús, y significa la fuerza, la firmeza, la solidez, la estabilidad, la duración, la credibilidad, la fidelidad, la seguridad total… Y suele traducirse como “ASÍ SEA”.
En los tiempos de la Biblia cuando se hablaba en arameo si un hombre decía ”Amén” quería decir que hablaba con seriedad. Era casi un juramento.
Desde niños se nos ha enseñado que cuando terminemos una oración digamos Amén, al hacerlo le estamos pidiendo a Dios que lo que dice e implica esa oración se haga realidad en cada aspecto de nuestra vida.
Pero no es tan simple, debemos estar conscientes de lo que estamos diciendo cuando la repetimos tanto. Decir Amén implica un gran compromiso, es hacer una profesión de fe, es decirle a Dios que sí, que estamos de acuerdo con todo lo que Él nos dice, es repetirle una y otra vez que le vamos a ser fieles, es asegurar nuestra esperanza.
Es triste que al momento de orar es como si estuviéramos conversando con alguien y al terminar ya no es necesario seguir con esa conversación, porque ya dijimos amén.
Recuerda que no es necesario estar en la iglesia de rodillas para conversar con el Señor, podemos hacerlo durante el día en nuestras tareas diarias. El Amén es solamente el “así sea” y no el despedir o dejar de hacer lo que estaba haciendo, sobre todo cuando oramos.
“En efecto, todas las promesas de Dios encuentran su «sí» en Jesús, de manera que por él decimos «Amén» a Dios, para gloria suya.” (2Cor 1,20)
- A ti que lees ésta pequeña reflexión: “Dios te bendiga”, creo que responderás con ”Amén”. :)
Andrés Loya / Catoliscopio.com

¿Cómo Pasar de Rezos Que Cansan a la Oración Que Se Disfruta?



Autor: P Evaristo Sada LC | Fuente: www.la-oracion.com

Ten paciencia, la transformación se da poco a poco. Lo más importante es cultivar el deseo de estar a Su lado, de crecer en tu amistad personal Él. ¿Cómo pasar de rezos que cansan a la oración que se disfruta? He conocido a muchas personas que pasan de la formalidad de los rezos al gusto por la oración. ¿Cuándo se da el cambio? Normalmente el cambio se da cuando se corrige o mejora el propio concepto de oración, cuando se adoptan las actitudes adecuadas y se recibe una gracia de Dios. ¿Cuál es el concepto correcto? y ¿cuáles son las actitudes apropiadas? El siguiente elenco puede iluminar.
Para cada punto hay dos alternativas. Repásalo con calma, preguntándote qué se ajusta más a tu modo de pensar, tu modo de actuar o tu actitud de hecho en el día a día de tu vida de oración.
1. ¿Recitación o encuentro?
a) Mi oración consiste en rezos, en pronunciar oraciones escritas como si fueran fórmulas mágicas que “funcionan” por sí mismas. Muchas veces las recito de modo impersonal, sin darme cuenta de lo que hago y de lo que digo. Veo la vida de oración sobre todo como un quehacer, como actos o actividades piadosas.
b) Mi oración es un encuentro de amistad con Dios. Creo que es lo más personal de mi vida y abarca toda mi existencia. Mi oración es mi relación viva con Dios, que se concreta en algunos momentos dedicados exclusivamente a Él y que procuro prolongar a lo largo de toda la jornada, sabiendo que Dios me está mirando y cuidando siempre.
Benedicto XVI lo explicaba así en su audiencia general del 1º de agosto de este año: “La relación con Dios es esencial en nuestra vida. Sin la relación con Dios falta la relación fundamental, y la relación con Dios se realiza hablando con Dios, en la oración personal cotidiana y con la participación en los sacramentos; así esta relación puede crecer en nosotros, puede crecer en nosotros la presencia divina que orienta nuestro camino, lo ilumina y lo hace seguro y sereno, incluso en medio de dificultades y peligros”.
2. ¿Formalidades o corazón?
a) Pongo más atención en cumplir la formalidad del rito, en la materialidad de las fórmulas que pronuncio, que en la actitud con que lo hago.
b) Centro mi atención en poner todo el corazón cuando dialogo con Dios. Jesucristo también “dijo” sus oraciones, rezaba con los Salmos, pero no se quedaba en el rito y la letra, sino que se dirigía a su Padre con todo su corazón de Hijo de manera íntima y afectuosa: le llamaba Abbá, Padre querido. “Eso hizo Jesús. Incluso en el momento más dramático de su vida terrena, nunca perdió la confianza en el Padre y siempre lo invocó con la intimidad del Hijo amado.
En Getsemaní, cuando siente la angustia de la muerte, su oración es: «¡Abba, Padre! Tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz. Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres»(Mc 14,36). (…) Tal vez el hombre de hoy no percibe la belleza, la grandeza y el consuelo profundo que se contienen en la palabra «padre» con la que podemos dirigirnos a Dios en la oración, porque hoy a menudo no está suficientemente presente la figura paterna, y con frecuencia incluso no es suficientemente positiva en la vida diaria. (…) Es precisamente el amor de Jesús, el Hijo unigénito —que llega hasta el don de sí mismo en la cruz— el que revela la verdadera naturaleza del Padre: Él es el Amor, y también nosotros, en nuestra oración de hijos, entramos en este circuito de amor, amor de Dios que purifica nuestros deseos, nuestras actitudes marcadas por la cerrazón, por la autosuficiencia, por el egoísmo típicos del hombre viejo”.
(Benedicto XVI, 23 de mayo de 2012) 3. ¿Apariencias o verdad?
a) Sobre todo cuido las apariencias exteriores del cumplimiento de mis compromisos espirituales (el hacer). Voy a la oración sólo porque “tengo que cumplir” mis compromisos espirituales y me limito a lo que es obligación estricta. Rezar me resulta fastidioso y digo “tengo que rezar”.
b) Sobre todo cuido la autenticidad profunda de mi encuentro personal con Dios (el ser). Me acerco a Dios con humildad, mi relación con Él es de respeto y confianza. Me presento con toda naturalidad como hijo, criatura, pecador y peregrino, ante su Padre, Creador, Salvador y Guía. Voy a la oración con gusto, “porque quiero” estar con Jesús y digo “quiero orar”.
4. ¿Técnicamente correcto o diálogo familiar? a) En mi oración me preocupo mucho de aplicar correctamente el método establecido y de cumplir lo que está prescrito. “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.” (Mc 7) b) Mi oración es un diálogo familiar, espontáneo, en un clima de profunda libertad interior, íntimo y lleno de afecto, sobre la base de un método que he venido madurando y personalizando.
5. ¿Palabras y palabras o silencio y escucha?
a) Hablo demasiado en la oración.
b) En mi oración prevalecen el silencio y la escucha.
6. ¿Rutina o frescura?
a) Voy a la oración de manera rutinaria.
b) Procuro afrontar mis espacios de oración de manera siempre fresca.
7. ¿Cronómetro o tiempo de calidad?
a) Me preocupo mucho de medir los tiempos en la oración.
b) Procuro que el tiempo que dedico a Dios sea tiempo de calidad.
8. ¿Mucho pensar o mucha fe?
a) Leo mucho en la meditación, pienso mucho, hago muchos razonamientos, “hago teología”.
b) Lo que más me interesa es Él, Su Palabra, descubrir y disfrutar Su presencia en la Eucaristía y en mi propio corazón en un clima de fe y amor.
9. ¿Dispersión o atención?
a)Mi tiempo de oración se me va en distracciones, estoy disperso, pensando en otras cosas.
b) Mi oración es atención amorosa a la presencia de Dios en mi corazón y en toda la creación y los acontecimientos de mi vida. “San Ireneo dijo una vez que en la Encarnación el Espíritu Santo se acostumbró a estar en el hombre. En la oración debemos acostumbrarnos a estar con Dios.” (Benedicto XVI, audiencia del 20 de junio de 2012)
10. ¿Un peso que soportar o fuente de paz?
a) Cuando termino de rezar experimento liberación porque ya cumplí. Si en lo que piensas y haces prevalece lo que está escrito en el incisoa) de los 10 puntos, es comprensible que la oración te resulte cansada y fastidiosa. Lo más seguro es que después de un tiempo termines por abandonarla.
b) Cuando termino de rezar experimento la paz que produce el encuentro personal de amor con Dios. Si lo que piensas y haces es lo que está en el inciso
b) seguramente disfrutas mucho tu vida de oración. No deja de ser exigente y costosa, pero cada día le tomas más gusto y sientes el deseo y la necesidad de rezar. Volvemos a la pregunta inicial: ¿Cómo pasar de los rezos que cansan a la oración que se disfruta? Si te identificas con algunas afirmaciones del inciso a) sugiero que tomes una por una y te propongas hacer tuya la afirmación correspondiente del inciso b). Ten paciencia, la transformación se da paulatinamente. Y lo más importante: Cultiva el deseo de estar a Su lado, de crecer en tu amistad personal con Dios y pídele todos los días: “Señor, enséñame a orar, dame la gracia de amarte cada día más y mejor.” En el primer párrafo nos preguntábamos también ¿Cuándo se da el cambio? Y respondíamos: Normalmente el cambio se da cuando se corrige o mejora el propio concepto de oración, cuando se adoptan las actitudes adecuadas y se recibe una gracia de Dios. Orar es una gracia que Dios nos quiere conceder. Y en nuestra relación con Él, Él da el primer paso. Esta certeza ha de llenarnos de confianza y alentar nuestra perseverancia en la oración cotidiana. “En la Carta a los Gálatas, de hecho, el Apóstol afirma que el Espíritu clama en nosotros «¡Abba, Padre!»; en la Carta a los Romanos dice que somos nosotros quienes clamamos «¡Abba, Padre!». Y san Pablo quiere darnos a entender que la oración cristiana nunca es, nunca se realiza en sentido único desde nosotros a Dios, no es sólo una «acción nuestra», sino que es expresión de una relación recíproca en la que Dios actúa primero: es el Espíritu Santo quien clama en nosotros, y nosotros podemos clamar porque el impulso viene del Espíritu Santo. Nosotros no podríamos orar si no estuviera inscrito en la profundidad de nuestro corazón el deseo de Dios, el ser hijos de Dios.
Desde que existe, el homo sapiens siempre está en busca de Dios, trata de hablar con Dios, porque Dios se ha inscrito a sí mismo en nuestro corazón. Así pues, la primera iniciativa viene de Dios y, con el Bautismo, Dios actúa de nuevo en nosotros, el Espíritu Santo actúa en nosotros; es el primer iniciador de la oración, para que nosotros podamos realmente hablar con Dios y decir «Abba» a Dios”. (Benedicto XVI, 23 de mayo de 2012)

viernes, 21 de septiembre de 2012

POWER POINT PARA MEDITAR EL EVANGELIO DEL DOMINGO.

24 domingo TIEMPO ORDINARIO -B- 13-09-09 QUIEN DICES QUE SOY YO.ppt
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viernes, 17 de agosto de 2012

LA PARROQUIA RINCONADA DE SILVA RECORDARÁ EL TERCER ANIVERSARIO DE LA PASCUA DEL PADRE HUGO CORNELISSEN

Una de las ultimas fotos tomadas al inolvidable Padre Hugo

El jueves 23 de agosto se cumplirán tres años de la Pascua del recordado Padre Hugo Cornelissen Dockx, sacerdote de la Asociación Obra Misionera de la Transfiguración del Señor (de la que es uno de los fundadores), durante muchos años, Párroco de Rinconada de Silva, Asesor del Movimiento Legión de las Pequeñas Almas e iniciador en Chile y en nuestra Diócesis de los Centros de Vacaciones Solidarios (CEVAS); quien partiera a la Casa del Padre, el mismo día del año 2009.
                Padre Hugo es recordado por su sencillez, cercanía, energía y entrega al servicio de Dios y de las almas.
                Por tal motivo, la Obra Misionera de la Transfiguración invita a la Comunidad Parroquial y cuantos deseen participar a una serie de Actividades para recordar a este sacerdote ejemplar ese día:
                A las 12:00 Hrs, habrá una Misa en la Iglesia Parroquial de Rinconada de Silva, con participación de miembros del Movimiento Legión de las Pequeñas Almas.
                Por la tarde a las 15:00 Hrs. se bendecirá una Placa Recordatoria en el Centro de Salud de Calle Vergara (Sector Quebrada Herrera) que llevará por nombre “Padre Hugo Cornelissen”
                Posteriormente se irá en Romería al Cementerio Parroquial de Los Andes, donde reposan los restos del Padre Hugo.

                Padre Hugo Cornelissen nació en Vosselaar, Bélgica, en 1930. Sus estudios los hizo en un Colegio de la Compañía de Jesús. Responde al llamado de Jesús al sacerdocio ingresando en la Congregación Salesiana, siendo ordenado sacerdote el 12 de abril de 1959. Ante el pedido de misioneros hecho por el Papa Pablo VI, a fines de la década del 60, el Padre Hugo se traslada como Misionero, con destino a Chile, llegando a Magallanes en 1968. Por todos los lugares donde pasará realizará un fuerte apostolado. Es en Punta Arenas donde realiza el primer CEVAS (Centro de Vacaciones) con la ayuda del joven sacerdote Alejandro Goic (hoy Obispo de Rancagua)
                Durante la decada del 70 toma conocimiento de la Legión de las Pequeñas Almas, Movimiento iniciado en Bélgica por una sencilla mujer, instrumento de Jesús llamada Margarita. Con el tiempo llegará a ser su Asesor Latinoamericano.
                Tras muchas peripecias, y la autorización de sus Superiores se traslada en febrero de 1980 a Quilpué, para acompañar al Padre Guido Bertolino en la Obra Misionera de la Transfiguración. Desde 1981 a 1985 fue Párroco de El Belloto.
En abril de 1985, por razones que podemos considerar providenciales, la Comunidad Transfigurista se traslada a la Diócesis de San Felipe, donde Mons. Manuel Camilo Vial les había confiado la Parroquia de Rinconada de Silva. El Padre Hugo se desempeñó desde 1985 a 1998 como Párroco de esta Parroquia.
                Al igual que en Belloto, en Rinconada de Silva, el P.Hugo ejerció una prolífica actividad evangelizadora, gestando la construcción de Capillas, fortaleciendo la formación de los catequistas, trabajando por el embellecimiento de los Santuarios del Santo Cristo y La Ermita de los Baños del Parrón, incoando en la Diócesis los CEVAS, impulsando el Festival del Papa, etc.
                Tras una larga y penosa enfermedad que sobrellevó con heroísmo, el P. Hugo se durmió en el Señor la mañana del 23 de agosto de 2009, acompañado por su Comunidad.

jueves, 16 de agosto de 2012

CON EL 24º FESTIVAL DEL PAPA LA PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN DE RINCONADA DE SILVA INICIARÁ EL AÑO DE LA FE

El conocido Cantautor aconcaguino don Miguel Cadiz, Ganador del Festival  Palmenia Pizarro 2012,
 ha ganado en numerosas oportunidades el Festival del Papa.

Bajo el lema “En ti creemos, en ti confiamos Señor” la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Rinconada de Silva prepara la XXIV versión del FESTIVAL DEL PAPA, toda una tradición en el Valle de Putaendo, y que se realiza en la Escuela del Sector 21 de Mayo en Quebrada Herrera, establecimiento ubicado dentro de la jurisdicción parroquial, justo en el limite geográfico entre la Comunas de San Felipe y Putaendo.
         En el marco de la Misión Joven que vive la Iglesia en Chile, dentro de la “Misión Continental” y coincidiendo con el inicio del “AÑO DE LA FE” al que ha convocado el Papa Benedicto XVI, se realizará los días 20 y 21 de octubre.
         La Comisión Organizadora, encabezada por el P. Ricardo Gómez, MTS, Párroco de Rinconada de Silva, ya se ha puesto en marcha para la preparación de este certamen religioso-cultural, que este año tendrá un énfasis especial en hacer tomar conciencia a las comunidades de la importancia de la participación de la juventud en ellas, impregnar con la vivencia del Año de la Fe y de un modo muy especial, promover el amor al Vicario de Cristo, el Papa Benedicto XVI, que el último tiempo ha sufrido injustos ataques hacia su persona. Por tal razón, durante el evento se estará continuamente dando a conocer la vida y magisterio del Santo Padre.
          El Festival del Papa se realiza en la Parroquia de Rinconada de Silva desde la década del 80, a impulsos del P. Hugo Cornelissen, MTS (q.e.p.d.), quien ideó este Festival como un acto publico de adhesión al Papa por parte de las comunidades cristianas atendidas por esta extensa Parroquia. El Festival esta dedicado a la Evangelización, y las Canciones que participan en la Competencia de canto son de carácter religioso, lo que no impide la presentación en el Show de variados números musicales para todos los gustos y cuadros artísticos.
         Cada vez ha ido cobrando notoriedad la Competencia de Canto, a la que se invita a participar a todos los cantautores católicos de la zona, como fuera de ella, acercándose a la Parroquia de Rinconada de Silva, donde están a disposición las Bases del Festival. Lo mismo ha alcanzado el Concurso de Dibujo, al cual se invita a participar a los niños de los grupos de catequesis y varios colegios.         
         Para mayores informaciones y solicitar las Bases, por favor dirigirse a la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Rinconada de Silva, Casilla 152 San Felipe; Fono (34) 50 11 38; o al email parroquiarinconadadesilva@yahoo.es



El Coro de la Comunidad San Isidro de El Asiento,
Ganador del Certamen en su versión del año 2011



Catequistas de la Parroquia de Rinconada de Silva, en escena.

Coro Escuela 21 de mayo

Baile religioso Punta del Olivo

El publico asistente esperando el Show

sábado, 19 de mayo de 2012


HOMILÍA DE LA FESTIVIDAD GENTILEZA DEL PRESBÍTERO PADRE CARMELO HERNÁNDEZ DESDE TENERIFE ESPAÑA


Ascensión de Jesús camino de nuestra ascensión y compromiso de testimonio

Hechos, 1, 1-11; Sal. 46; Ef. 4, 1-13; Mc. 16, 15-20

‘Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?’ Fue como la recriminación de los ángeles a los apóstoles que se habían quedado plantados, extasiados, sin saber qué hacer o qué decir como cuando surge una despedida repentina y dolorosa de alguien a quien queremos y nos parece que no vamos a ver más.


Aunque nos puedan recriminar en muchas ocasiones de que seguimos mirando mucho al cielo y tendríamos que mirar más a la tierra y a los que están a nuestro lado, sin embargo hoy en nuestra celebración de la fiesta de la Ascención queremos mirar al cielo porque queremos alabar y cantar la gloria del Señor, nos sentimos impulsados a lo alto y a lo grande cuando contemplamos el triunfo y la gloria del Señor, pero de ahí tomamos fuerzas también para el caminar del día a día de nuestra fe y de nuestra vida en esa mirada al suelo, a nuestro mundo donde tenemos que seguir haciendo presente al Señor.

Es una fiesta hermosa la Ascensión del Señor y siempre estuvo como muy enraizada en el pueblo cristiano. Una celebración que se vivía con mucha solemnidad. No es para menos. Es  contemplar cómo Cristo nos abre el camino en esa esperanza del cielo con que vivimos en el deseo de unirnos plenamente al Señor. ‘Ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos en la ardiente esperanza de seguirlo en su reino… para hacernos compartir su divinidad’, como proclamaremos en el prefacio. Eso nos llena de gozo y es motivo de fiesta grande como siempre ha querido celebrarlo el pueblo cristiano.


Contemplamos a Cristo, el Hijo del Dios eterno que, enviado por el Padre al mundo para nuestra salvación, ahora vuelve al Padre, como El mismo nos repite en el Evangelio. Recordemos, por ejemplo, lo que nos decia el evangelista Juan cuando iba a comenzar la pasión de Jesús. ‘Sabiendo que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo…’ Pasar de este mundo al Padre. En las manos del Padre se había puesto, quien había venido a cumplir la voluntad del Padre, y llega la hora de pasar de este mundo al Padre, la hora de la glorificación. ‘Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre’, como le hemos escuchado estos días en el evangelio. Vuelve al Padre, asciende al cielo, como hoy celebramos, pero no nos deja solos, no nos deja huérfanos.


‘El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse’, le dijeron los ángeles a los apóstoles. Es nuestra esperanza, la esperanza que alienta nuestra vida. ‘Volverá como le habéis visto marcharse’. Y le gritamos con la liturgia ‘¡Ven, Señor Jesús!’; y seguimos caminando por este mundo ‘mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo; y seguimos celebrando el misterio pascual de Cristo ‘mientras esperamos su gloriosa venida y le ofrecemos en nuestra acción de gracias el sacrificio vivo y santo’ de la Eucaristía. Por eso, cuando anunciamos y proclamamos nuestra fe en Cristo muerto y resucitado al mismo tiempo estamos pidiéndole ‘Ven, Señor Jesús!’


Volverá el Señor, viene el Señor; se sigue haciendo presente entre  nosotros aunque de una forma nueva. Volverá el Señor, viene el Señor y hemos recibido una misión. Tenemos que ser sus testigos; tenemos que hacerle presente; tenemos que hacer posible por el testimonio de nuestra vida que así como nosotros por la fe lo vemos y lo sentimos, también el mundo crea y pueda llegar a verle y descubrirle. Es la tarea del creyente, la tarea del cristiano cuando damos testimonio con nuestra vida, cuando nos hacemos verdaderos testigos de Jesús.

Y es que en Jesús, por la fe que tenemos en El, nos hacemos una misma cosa con Cristo, formando en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. Por eso, quien nos vea a nosotros necesita ver a Cristo, tiene que ver a Cristo. Nosotros por el testimonio de nuestra vida, de nuestra fe, de nuestro amor hacemos presente a Cristo para el mundo que nos rodea y que no ha llegado a verlo.


¿Cómo lo tenemos que hacer? ¿de qué forma lo van a descubrir los que nos rodean, los que van a ver nuestra vida? San Pablo nos pedía que viviéramos ‘conforme a la vocación a la que hemos sido convocados’. Y nos decía: ‘sed humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzaos en mantener la unidad del Espiritu con el vínculo de la paz’. Virtudes y valores en los que hemos de resplandecer. Ya Jesús cuando pedía la unidad de todos los que creyeran en El, esa unidad era condición necesaria para que el mundo crea. ‘Que sean uno para que el mundo crea’,pedía Jesús.

Con nuestra humildad y con nuestro amor, con nuestra comprensión y con el querernos de verdad los unos a los otros, con nuestro mutuo respeto, con nuestra generosidad y disponibilidad siempre para el amor, para el servicio, para el perdón, con nuestro compromiso sincero por la paz desterrando todo tipo de violencia y enojo, desterrando resentimientos y envidias, estamos dando señales a los que nos vean de que Dios está con nosotros, de que nuestra fe es auténtica, de que lo que le hablamos de Cristo es una verdad que impregna y llena totalmente nuestra vida dándole verdadero sentido y valor. Todas las otras cosas de ninguna manera ayudarán a que puedan ver a Dios.


El evangelio dice que ‘ellos fueron a pregonar el evangelio por todas partes y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban’. Anunciamos a Jesús, proclamamos su nombre como el único en el que encontramos las salvación. Pero tenemos que manifestar esas señales que confirmen la palabra que anunciamos. Y ya sabemos cuáles son las señales en el amor que nosotros hemos de dar. El Señor estará con nosotros dándonos su gracia, dándonos la fuerza de su Espíritu para que se puedan manifestar esas señales del amor que lo hagan presente. El es nuestra fuerza.

Viene, sigue viniendo el Señor hoy a nuestra vida y a nuestro mundo, pero depende de nosotros que el mundo pueda llegar a descubrirlo. Por eso nos decía Jesús que teníamos que ser testigos; para eso nos deja la fuerza de su Espíritu; así se cumplirá aquello que nos dice de que está siempre con nosotros hasta la consumación del mundo.


La ascensión de Jesús nos hace mirar hacia arriba, porque miramos a la meta, porque queremos sentirnos elevados con Cristo por nuestra unión con El, pero al mismo tiempo nos hace caminar en medio de nuestro mundo haciendo presente a Cristo. Es nuestro compromiso; es la forma de celebrar de forma auténtica la Ascensión del Señor.