sábado, 19 de junio de 2010
NUEVO FILMS DE EVANGELIZACIÓN. LA ÚLTIMA CIMA.

Pablo, sacerdote, sabía que iba a morir joven y deseaba hacerlo en la montaña. Entregó su vida a Dios… y Dios aceptó la oferta.
Ahora dicen que está vivo. Pablo era conocido y querido por un número incalculable de personas, que han dejado constancia de ello después de su muerte.
LA ÚLTIMA CIMA muestra la huella profunda que puede dejar un buen sacerdote, en las personas con las que se cruza. Y provoca en el espectador un pregunta comprometedora: ¿también yo podría vivir así? .
MADRID, domingo, 30 de mayo de 2010 (ZENIT.org)
El próximo jueves 3 de junio se estrena en España la película "La ultima cima", un largometraje sobre la vida del sacerdote español Pablo Domínguez Prieto, fallecido en febrero del año pasado a los 42 años en un accidente de montaña en el Moncayo.
El director de la producción es Juan Manuel Cotelo, un hombre que quedó impactado por su figura, tras conocerle en una conferencia. Doce días después, ocurrió el accidente en el que falleció este sacerdote.
Cotelo, actor, guionista y director de cine y televisión, se autodenomina simplemente "contador de historias que merezcan la pena ser contadas". Dirige la productora Infinito + 1. Ha dirigido también producciones como "El sudor de los risueñores" y es autor del libro "Opera Prima, Así logre escribir, producir y dirigir".
En dialogo con ZENIT, Cotelo confiesa que un amigo le invitó a grabar la charla del padre Pablo: "yo no veía por ninguna parte el interés en conocer a un sacerdote más", confiesa. "¡Y ése fue mi error! Porque Pablo no era 'un sacerdote más', sino un buen sacerdote", dice.
"Por quitarme de encima la insistencia de mi amigo... fui y la grabé", recuerda Cotelo. "Además, hablé con él unos escasos minutos y comprobé su buen humor y su generosidad. No dudó en decirme: 'si puedo ayudarte en algo, sólo tienes que pedírmelo'. Aquello me impresionó porque sentí que lo decía en serio".
Pablo Domínguez Prieto era el decano de la facultad de Teología San Dámaso de Madrid. Nació en la capital española en 1966 y fue ordenado sacerdote a los 24 años. Doctor en Filosofía y en Teología, publicó 7 libros y decenas de artículos, impartió más de 50 conferencias. Era un buen alpinista y escalador. Coronó todas las cimas españolas superiores a 2.000 metros y otras superiores en los Alpes y los Andes. Cuando podía, celebraba misa en la cumbre.
Cotelo destaca del padre Pablo "su alegría y buen humor, su optimismo, incluso en los momentos más dramáticos, porque confiaba totalmente en su gran amor: Dios... 'que no es un amigo cualquiera, sino que es un Padre Todopoderoso', dicho con sus palabras".
"Estaba enamorado de Dios y servía a Dios sirviendo a los demás", dice Juan Manuel a pesar de su brevísimo trato con el. "Ésa era la segunda cualidad que llamaba más la atención en él: su reacción inmediata para ponerse al servicio de cualquier persona, fuera quien fuese", testimonia.
"Estaba enamorado de la Iglesia", asegura. "Por último, estaba enamorado de las montañas, de la naturaleza, el lugar en el que se encontraba con Dios de modo más íntimo. En resumen, diría que el amor de Pablo a Dios era el mismo amor que tenía a los demás, a la Iglesia y al mundo. Todo lo unía en Dios" asegura el director de La ultima cima.
Cotelo recuerda el día en que se enteró de la muerte de Pablo viendo las noticias: "Escribí a un amigo montañero y, para mi sorpresa, me respondió llorando, diciéndome que había muerto 'su amigo Pablo'. ¡Yo no sabía que eran amigos! Desde ese día hasta hoy sigo topando con amigos de Pablo, del modo más inaudito. Con eso he descubierto que conocer a Pablo era querer a Pablo".
La idea de "La ultima cima"
Alguien le sugirió hacer una película sobre el padre Pablo. Juan Manuel se negó rotundamente. Pero poco a poco empezó a cambiar de parecer: "Fui conociendo a personas que habían tratado a Pablo y que me contaban de qué modo el cariño que habían recibido de parte suya había transformado sus vidas. Había que estar ciego para no darse cuenta de que su historia merecía la pena ser contada", dice.
"Además, siempre he concentrado mi trabajo en contar historias de personas buenas, sin prestar atención a los que hacen el mal, porque personalmente no me interesan esas historias de las que, además, se ocupan muchos otros con gran profesionalidad", confiesa Juan Manuel.
Este cineasta cuenta cómo aquella conferencia y su breve trato con Pablo alteraron su vida: "Pablo es la demostración de que cualquier persona puede tener una vida fértil. Porque sus virtudes son accesibles a cualquiera", dice.
"Gracias a él, ahora procuro escuchar con más atención a las personas, prestar pequeños servicios a quien se ponga delante, sonreír cuando no me apetece, alterar mi horario sin enfadarme cuando surge alguien que me lo pide... y unas cuantas cosas más en las que veo que él era mucho mejor que yo", señala.
"Sobre todo, procuro buscar a diario y en todo la voluntad de Dios para mí", agrega. "Por último, con Pablo uno puede descubrir que el Cielo no está 'más allá' ni empieza 'más tarde', sino que desde ahora uno ya puede empezar a vivir en el Cielo, si dejas que Dios entre en tu vida", dice Juan Manuel.
Este trabajo le ha permitido a Cotelo encontrarse con la belleza de la vocación sacerdotal que para él "es la belleza de un Dios humilde quien, pudiendo actuar sin depender de nadie, nos hace llegar su gracia a través de otros hombres".
"Cristo, pudiendo dar de comer a una multitud, con un simple chasquido de dedos, lo hizo con la colaboración de hombres vulgares: 'dadles vosotros de comer'. Y hoy sigue actuando igual", dice Juan Manuel. "Son los sacerdotes quienes nos dan el alimento para el alma, que no es suyo, sino del mismo Dios, que se nos entrega en persona a cada uno", asegura.
"Es innegable que Pablo ha vivido y ha fallecido con fama de santidad, sin eufemismos: santidad real", asegura el director de "La ultima cima".
"Además, lo que destacan de él quienes le trataron no son sus cualidades intelectuales, a pesar de tener dos licenciaturas y dos doctorados", dice el director. "Me sorprendió mucho que nadie diera importancia a eso, a pesar de ser cierto. De él destacan sus virtudes: su alegría, su humildad, su generosidad, su amor a Dios, su castidad, su desprendimiento de todo lo material..."
"He querido dar la cara por los curas", dice Juan Manuel Cotelo, y por ello dedicó este largometraje a un sacerdote que, minutos antes de morir, llamo por celular a su familia y dijo "He llegado a la cima"
Más informacion: http://www.laultimacima.com/
El director de la producción es Juan Manuel Cotelo, un hombre que quedó impactado por su figura, tras conocerle en una conferencia. Doce días después, ocurrió el accidente en el que falleció este sacerdote.
Cotelo, actor, guionista y director de cine y televisión, se autodenomina simplemente "contador de historias que merezcan la pena ser contadas". Dirige la productora Infinito + 1. Ha dirigido también producciones como "El sudor de los risueñores" y es autor del libro "Opera Prima, Así logre escribir, producir y dirigir".
En dialogo con ZENIT, Cotelo confiesa que un amigo le invitó a grabar la charla del padre Pablo: "yo no veía por ninguna parte el interés en conocer a un sacerdote más", confiesa. "¡Y ése fue mi error! Porque Pablo no era 'un sacerdote más', sino un buen sacerdote", dice.
"Por quitarme de encima la insistencia de mi amigo... fui y la grabé", recuerda Cotelo. "Además, hablé con él unos escasos minutos y comprobé su buen humor y su generosidad. No dudó en decirme: 'si puedo ayudarte en algo, sólo tienes que pedírmelo'. Aquello me impresionó porque sentí que lo decía en serio".
Pablo Domínguez Prieto era el decano de la facultad de Teología San Dámaso de Madrid. Nació en la capital española en 1966 y fue ordenado sacerdote a los 24 años. Doctor en Filosofía y en Teología, publicó 7 libros y decenas de artículos, impartió más de 50 conferencias. Era un buen alpinista y escalador. Coronó todas las cimas españolas superiores a 2.000 metros y otras superiores en los Alpes y los Andes. Cuando podía, celebraba misa en la cumbre.
Cotelo destaca del padre Pablo "su alegría y buen humor, su optimismo, incluso en los momentos más dramáticos, porque confiaba totalmente en su gran amor: Dios... 'que no es un amigo cualquiera, sino que es un Padre Todopoderoso', dicho con sus palabras".
"Estaba enamorado de Dios y servía a Dios sirviendo a los demás", dice Juan Manuel a pesar de su brevísimo trato con el. "Ésa era la segunda cualidad que llamaba más la atención en él: su reacción inmediata para ponerse al servicio de cualquier persona, fuera quien fuese", testimonia.
"Estaba enamorado de la Iglesia", asegura. "Por último, estaba enamorado de las montañas, de la naturaleza, el lugar en el que se encontraba con Dios de modo más íntimo. En resumen, diría que el amor de Pablo a Dios era el mismo amor que tenía a los demás, a la Iglesia y al mundo. Todo lo unía en Dios" asegura el director de La ultima cima.
Cotelo recuerda el día en que se enteró de la muerte de Pablo viendo las noticias: "Escribí a un amigo montañero y, para mi sorpresa, me respondió llorando, diciéndome que había muerto 'su amigo Pablo'. ¡Yo no sabía que eran amigos! Desde ese día hasta hoy sigo topando con amigos de Pablo, del modo más inaudito. Con eso he descubierto que conocer a Pablo era querer a Pablo".
La idea de "La ultima cima"
Alguien le sugirió hacer una película sobre el padre Pablo. Juan Manuel se negó rotundamente. Pero poco a poco empezó a cambiar de parecer: "Fui conociendo a personas que habían tratado a Pablo y que me contaban de qué modo el cariño que habían recibido de parte suya había transformado sus vidas. Había que estar ciego para no darse cuenta de que su historia merecía la pena ser contada", dice.
"Además, siempre he concentrado mi trabajo en contar historias de personas buenas, sin prestar atención a los que hacen el mal, porque personalmente no me interesan esas historias de las que, además, se ocupan muchos otros con gran profesionalidad", confiesa Juan Manuel.
Este cineasta cuenta cómo aquella conferencia y su breve trato con Pablo alteraron su vida: "Pablo es la demostración de que cualquier persona puede tener una vida fértil. Porque sus virtudes son accesibles a cualquiera", dice.
"Gracias a él, ahora procuro escuchar con más atención a las personas, prestar pequeños servicios a quien se ponga delante, sonreír cuando no me apetece, alterar mi horario sin enfadarme cuando surge alguien que me lo pide... y unas cuantas cosas más en las que veo que él era mucho mejor que yo", señala.
"Sobre todo, procuro buscar a diario y en todo la voluntad de Dios para mí", agrega. "Por último, con Pablo uno puede descubrir que el Cielo no está 'más allá' ni empieza 'más tarde', sino que desde ahora uno ya puede empezar a vivir en el Cielo, si dejas que Dios entre en tu vida", dice Juan Manuel.
Este trabajo le ha permitido a Cotelo encontrarse con la belleza de la vocación sacerdotal que para él "es la belleza de un Dios humilde quien, pudiendo actuar sin depender de nadie, nos hace llegar su gracia a través de otros hombres".
"Cristo, pudiendo dar de comer a una multitud, con un simple chasquido de dedos, lo hizo con la colaboración de hombres vulgares: 'dadles vosotros de comer'. Y hoy sigue actuando igual", dice Juan Manuel. "Son los sacerdotes quienes nos dan el alimento para el alma, que no es suyo, sino del mismo Dios, que se nos entrega en persona a cada uno", asegura.
"Es innegable que Pablo ha vivido y ha fallecido con fama de santidad, sin eufemismos: santidad real", asegura el director de "La ultima cima".
"Además, lo que destacan de él quienes le trataron no son sus cualidades intelectuales, a pesar de tener dos licenciaturas y dos doctorados", dice el director. "Me sorprendió mucho que nadie diera importancia a eso, a pesar de ser cierto. De él destacan sus virtudes: su alegría, su humildad, su generosidad, su amor a Dios, su castidad, su desprendimiento de todo lo material..."
"He querido dar la cara por los curas", dice Juan Manuel Cotelo, y por ello dedicó este largometraje a un sacerdote que, minutos antes de morir, llamo por celular a su familia y dijo "He llegado a la cima"
Más informacion: http://www.laultimacima.com/
LA PURIFICACION COMENZARÁ CON LA IGLESIA

Reflexionemos con estas actuales palabras de la Virgen María al Movimiento Sacerdotal Mariano el 1 de enero de 1978, fiesta de Santa María Madre de Dios. Podemos relacionarlas con la situacion actual que atraviesa nuestra Iglesia.
“Toda la Iglesia mira hoy con gran esperanza a su Madre Celeste. El Vicario de Jesús, el Papa, esta víctima que se inmola cada vez más sobre la cruz por la salvación del mundo, se dirige a Mí con súplica incesante, con ternura filial y con confianza que sobrepasa todo límite. Hoy implora de Mí la paz para toda la humanidad.
Con su oración pide la paz, sobre todo para la Iglesia de la que Él mismo me ha proclamado solemnemente Madre.
Me invocan todos mis hijos esparcidos por todo el mundo: los niños inocentes; los jóvenes que, nunca como ahora, sufren por esta incertidumbre y esta oscuridad; los pobres, los pecadores, los enfermos, los ancianos, los desterrados, los descarriados.
Me invocáis, con particular emoción vosotros, hijos predilectos, Sacerdotes consagrados a mi Corazón Inmaculado.
Quiero deciros hoy que acojo vuestras oraciones y las deposito sobre el altar de la Justicia de Dios.
Mi obra de maternal mediación entre vosotros y mi Hijo Jesús será aún más poderosa en este nuevo año.
Comenzáis un año en el que os esperan graves acontecimientos.
Sobre todo mi Iglesia será llamada a una ulterior purificación interior mientras parecerá que es presa del poder de las Tinieblas.
Jesús quiere empezar con Su Esposa una fuerte acción para conducirla a su mayor esplendor, de modo que vuelva a ser bella y luminosa ante todas las naciones.
Por esto os digo: preparaos a vivir momentos que la historia de la Iglesia no ha conocido jamás y en los que parecerá que todo está subvertido. Pero en la mayor oscuridad Yo seré vuestra luz y vuestra guía.
Por esto no temáis nunca, hijos míos predilectos. Comenzad este nuevo año con la mayor confianza en mi Corazón Inmaculado.
Ahora estáis llamados a ver el mayor triunfo de la misericordia de Dios sobre el mundo.”
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Movimiento Sacerdotal Mariano
PROCESION DEL SAGRADO CORAZON DE JESUS EN SANTIAGO JUNIO 2010

A todos los lectores de Santiago, les invitamos a concluir el Mes dedicado a honrar al Sagrado Corazon de Jesús a la solemne Santa Misa y porterior Procesión en su honor, a realizarse el domingo 27 de junio a las 16:00 en punto en la S.I. Catedral Metropolitana de Santiago.
No dejemos pasar esta oportunidad de brindar al Sagrado Corazon de Jesús Gloria, Amor y Reparacion, y pedirle por las necesidades de nuestra Iglesia.
Invita: La Archicofradía de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús y el Primer Monasterio de la Visitacion.
viernes, 11 de junio de 2010

Viernes, 11 jun (RV).-
Benedicto XVI participó anoche en la vigilia de oración en la plaza de San Pedro para la conclusión del Año Sacerdotal y rezó junto a 15.000 sacerdotes de todo el mundo.
Además respondió a las preguntas de cinco sacerdotes, uno en representación de cada continente, quienes manifestaron sus inquietudes relacionadas con la función del sacerdote, el papel de la teología, el culto y el celibato y las vocaciones. La vigilia, que concluyó con la adoración eucarística, fue una demostración multitudinaria de afecto por el Santo Padre.Respondiendo a un párroco procedente de Brasil, el Papa invitó a los sacerdotes a no reducir el propio ministerio a una profesión y subrayó la importancia de que los fieles vean que es un hombre apasionado por Cristo. En este mismo sentido, el Santo Padre recalcó la necesidad del coloquio personal con Cristo y no descuidar la propia alma, una prioridad pastoral fundamental que se resume en la oración constante, también por las personas que no saben rezar o no encuentran tiempo para hacerlo.
En cuanto al celibato sacerdotal, Benedicto XVI subrayó lo sorprendente que resulta esta permanente crítica al celibato en una época en la que cada vez está más de moda no casarse. Y por lo que respecta a la teología el Papa subrayó la importancia de la formación acompañada de un sentido crítico y el conocimiento profundo de las Sagradas Escrituras junto a las corrientes de nuestro tiempo para poder dar “razón de nuestra fe”.Frente a la disminución de las vocaciones el Santo Padre recomendó que cada sacerdote haga lo posible para vivir el sacerdocio de forma tan convincente que los jóvenes puedan pensar que es una labor esencial para el mundo y sobre todo tener el valor de hablar con los jóvenes en el momento en que puedan pensar que Dios les llama, porque “a menudo es necesario una palabra humana para abrir paso a la escucha de la vocación divina”.
En la conclusión del Año Sacerdotal, el Papa pide perdón a Dios y a las víctimas por los pecados de los sacerdotes y los abusos, comprometiéndose a ha

Viernes, 11 jun (RV).-
Benedicto XVI ha presidido esta mañana en el atrio de la basílica Vaticana, la concelebración de la Santa Misa con motivo de la conclusión del Año Sacerdotal. Ha sido la mayor concelebración de la cristiandad de todos los tiempos, que ha reunido a 80 cardenales, 350 obispos y arzobispos, y unos 15.000 sacerdotes de numerosos países de todo el mundo. Ha sido también el culmen de un triduo que comenzó el miércoles, cuando miles de sacerdotes llegaron a Roma para participar en las diversas iniciativas reservadas especialmente a ellos; como la de la basílica de San Pablo Extramuros, la de San Juan de Letrán, el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano, y la misma Plaza de San Pedro, donde anoche los sacerdotes se reunieron en vigilia de oración con el Sucesor de Pedro y Pastor de la Iglesia Universal.
En esta calurosa jornada de junio, en que la plaza de San Pedro lucía de blanco y se destacaba el gran tapiz con la imagen de san Juan María Vianney, que pendía del balcón central de la basílica, el Santo Padre hizo su entrada a bordo del papamóvil para saludar a los miles de presentes, en su mayoría sacerdotes. En su homilía, Benedicto XVI, ha señalado que el Año Sacerdotal que hemos celebrado -150 años después de la muerte del santo Cura de Ars, modelo del ministerio sacerdotal en nuestros días-, llega a su fin. Y tras afirmar que nos hemos dejado guiar por él “para comprender de nuevo la grandeza y la belleza del ministerio sacerdotal, dijo textualmente: “El sacerdote no es simplemente alguien que detenta un oficio, como aquellos que toda sociedad necesita para que puedan cumplirse en ella ciertas funciones.
Por el contrario, el sacerdote hace lo que ningún ser humano puede hacer por sí mismo: pronunciar en nombre de Cristo la palabra de absolución de nuestros pecados, cambiando así, a partir de Dios, la situación de nuestra vida. Pronuncia sobre las ofrendas del pan y el vino las palabras de acción de gracias de Cristo, que son palabras de transustanciación, palabras que lo hacen presente a Él mismo, el Resucitado, su Cuerpo y su Sangre, transformando así los elementos del mundo; son palabras que abren el mundo a Dios y lo unen a Él”. Por lo tanto, ha proseguido diciendo el Papa, el sacerdocio no es simplemente un “oficio”, sino un “sacramento”. Dios se vale de un hombre con sus limitaciones para estar, a través de él, presente entre los hombres y actuar en su favor. Después de manifestar que Dios les sigue considerando capaces de esto, para lo cual sigue llamando a hombres a su servicio, el Papa ha recordado los objetivos de este Año. “Queríamos considerar nuevamente y comprender”; “queríamos despertar la alegría de saber que Dios está tan cerca”, y “la gratitud por el hecho de que Él se encomiende a nuestra debilidad”. Pero “era de esperar –dijo textualmente el Papa- que al ‘enemigo’ no le gustara que el sacerdocio brillara de nuevo; él hubiera preferido verlo desaparecer, para que al fin Dios fuera arrojado del mundo”.
“Y así ha ocurrido que, precisamente en este año de alegría por el sacramento del sacerdocio, han salido a la luz los pecados de los sacerdotes, sobre todo el abuso a los pequeños, en el cual el sacerdocio, que lleva a cabo la solicitud de Dios por el bien del hombre, se convierte en lo contrario. También nosotros pedimos perdón insistentemente a Dios y a las personas afectadas, mientras prometemos que queremos hacer todo lo posible para que semejante abuso no vuelva a suceder jamás; que en la admisión al ministerio sacerdotal y en la formación que prepara al mismo haremos todo lo posible para examinar la autenticidad de la vocación; y que queremos acompañar aún más a los sacerdotes en su camino, para que el Señor los proteja y los custodie en las situaciones dolorosas y en los peligros de la vida”. Además el Papa ha explicado que si el Año Sacerdotal hubiera sido “una glorificación de nuestros logros humanos personales, habría sido destruido por estos hechos” Pero, para nosotros, ha dicho, se trataba precisamente de lo contrario, de sentirnos agradecidos por el don de Dios, un don que se lleva en “vasijas de barro”, y que una y otra vez, a través de toda la debilidad humana, hace visible su amor en el mundo. Así, consideramos lo ocurrido como una tarea de purificación, un quehacer que nos acompaña hacia el futuro y que nos hace reconocer y amar más aún el gran don de Dios. “De este modo, el don se convierte en el compromiso de responder al valor y la humildad de Dios con nuestro valor y nuestra humildad: Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón (Mt 11,29)”.
“Celebramos la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y con la liturgia echamos una mirada, por así decirlo, dentro del corazón de Jesús, que al morir fue traspasado por la lanza del soldado romano. Sí, su corazón está abierto por nosotros y ante nosotros; y con esto nos ha abierto el corazón de Dios mismo. La liturgia interpreta para nosotros el lenguaje del corazón de Jesús, que habla sobre todo de Dios como pastor de los hombres, y así nos manifiesta el sacerdocio de Jesús, que está arraigado en lo íntimo de su corazón; de este modo, nos indica el perenne fundamento, así como el criterio válido de todo ministerio sacerdotal, que debe estar siempre anclado en el corazón de Jesús y ser vivido a partir de él”.
Tras meditar, sobre los textos con los que la Iglesia orante responde a la Palabra de Dios proclamada en las lecturas, el Papa ha explicado que esos cantos, palabras y respuestas se compenetran. “Dios cuida personalmente de mí, de nosotros, de la humanidad –ha evidenciado- No me ha dejado solo, extraviado en el universo y en una sociedad ante la cual uno se siente cada vez más desorientado. Él cuida de mí. No es un Dios lejano, para quien mi vida no cuenta casi nada”. “Las religiones del mundo, por lo que podemos ver, han sabido siempre que, en último análisis, sólo hay un Dios. Pero este Dios era lejano. Abandonaba aparentemente el mundo a otras potencias y fuerzas, a otras divinidades. Había que llegar a un acuerdo con éstas. El Dios único era bueno, pero lejano. No constituía un peligro, pero tampoco ofrecía ayuda. Por tanto, no era necesario ocuparse de Él. Él no dominaba. Extrañamente, esta idea ha resurgido en la Ilustración”. Benedicto XVI ha proseguido afirmando en su homilía que “se aceptaba no obstante que el mundo presupone un Creador. Este Dios, sin embargo, habría construido el mundo, para después retirarse de él. Un mundo con sus leyes propias y en las cuales Dios no interviene, no puede intervenir. Dios es sólo un origen remoto”. Muchos, quizás -ha agregado el Papa- tampoco deseaban que Dios se preocupara de ellos. No querían que Dios los molestara. Pero allí donde la cercanía del amor de Dios se percibe como molestia, el ser humano se siente mal. Es bello y consolador saber que hay una persona que me quiere y cuida de mí. Pero es mucho más decisivo que exista ese Dios que me conoce, me quiere y se preocupa por mí. Porque, como ha dicho el Pontífice, en ese momento comprendemos también qué significa “Dios quiere que nosotros como sacerdotes, en un pequeño punto de la historia, compartamos sus preocupaciones por los hombres. Como sacerdotes, queremos ser personas que, en comunión con su amor por los hombres, cuidemos de ellos, les hagamos experimentar en lo concreto esta atención de Dios. Y, por lo que se refiere al ámbito que se le confía, el sacerdote, junto con el Señor, debería poder decir: «Yo conozco mis ovejas y ellas me conocen».
«Conocer», en el sentido de la Sagrada Escritura, nunca es solamente un saber exterior, igual que se conoce el número telefónico de una persona. «Conocer» significa estar interiormente cerca del otro. Quererle. Nosotros deberíamos tratar de «conocer» a los hombres de parte de Dios y con vistas a Dios; deberíamos tratar de caminar con ellos en la vía de la amistad con Dios”. Digámoslo de otro modo, ha proseguido diciendo el Santo Padre: “el Señor nos muestra cómo se realiza en modo justo nuestro ser hombres. Nos enseña el arte de ser persona. ¿Qué debo hacer para no arruinarme, para no desperdiciar mi vida con la falta de sentido? Ésta es la pregunta que todo hombre debe plantearse. ¡Cuánta oscuridad hay alrededor de esta pregunta en nuestro tiempo! Siempre vuelve a nuestra mente la palabra de Jesús, que tenía compasión por los hombres, porque estaban como ovejas sin pastor. Señor, ten piedad también de nosotros. Al recordar que “el camino de cada uno de nosotros nos llevará un día a la cañada oscura de la muerte, a la que ninguno nos puede acompañar”, Benedicto XVI ha dicho que Dios estará allí. “Sin embargo, hablando de la cañada oscura, podemos pensar también en las cañadas oscuras de las tentaciones, del desaliento, de la prueba, que toda persona humana debe atravesar. También en estas cañadas tenebrosas de la vida Él está allí. Señor, en la oscuridad de la tentación, en las horas de la oscuridad, en que todas las luces parecen apagarse, muéstrame que tú estás allí. Ayúdanos a nosotros, sacerdotes, para que podamos estar junto a las personas que en esas noches oscuras nos han sido confiadas, para que podamos mostrarles tu luz”.El Pontífice también ha recordado que la Iglesia “debe usar la vara del pastor, la vara con la que protege la fe contra los farsantes, contra las orientaciones que son, en realidad, desorientaciones”. En efecto, el uso de la vara puede ser un servicio de amor. Hoy vemos que no se trata de amor, cuando se toleran comportamientos indignos de la vida sacerdotal. Y concluyó su homilía con las siguientes palabras: “Cada cristiano y cada sacerdote deberían transformarse, a partir de Cristo, en fuente que comunica vida a los demás. Deberíamos dar el agua de la vida a un mundo sediento. Señor, te damos gracias porque nos has abierto tu corazón; porque en tu muerte y resurrección te has convertido en fuente de vida.
Haz que seamos personas vivas, vivas por tu fuente, y danos ser también nosotros fuente, de manera que podamos dar agua viva a nuestro tiempo. Te agradecemos la gracia del ministerio sacerdotal. Señor, bendícenos y bendice a todos los hombres de este tiempo que están sedientos y buscando. Amén.Una vez terminada la Santa Misa con motivo de la conclusión del Año Sacerdotal, el Papa ha saludado en diversas lenguas a los miles de sacerdotes presentes de los cinco continentes. Ante todo ha agradecido a la Congregación para el Clero, la obra desarrollada durante el Año Sacerdotal así como la organización de estas jornadas conclusivas. Y ha dirigido un pensamiento especial de reconocimiento a los cardenales y a los obispos que han querido estar presentes, en particular a cuantos han venido desde lejos. A los numerosos sacerdotes procedentes de América Latina y España, Benedicto XVI los ha saludado con las siguientes palabras: “Saludo cordialmente a los presbíteros de lengua española, y pido a Dios que esta celebración se convierta en un vigoroso impulso para seguir viviendo con gozo, humildad y esperanza su sacerdocio, siendo mensajeros audaces del Evangelio, ministros fieles de los Sacramentos y testigos elocuentes de la caridad. Con los sentimientos de Cristo, Buen Pastor, os invito a continuar aspirando cada día a la santidad, sabiendo que no hay mayor felicidad en este mundo que gastar la vida por la gloria de Dios y el bien de las almas”.
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