lunes, 4 de octubre de 2010
HOY 04 de Octubre - RECORDAMOS A SAN FRANCISCO DE ASIS.

San Francisco de Asís. Año 1226.
Dicen que a San Francisco de Asís lo declaró santo el pueblo, antes de que el Sumo Pontífice le concediera ese honor, y que si se hace una votación entre los cristianos (aún entre los protestantes) todos están de acuerdo en declarar que es un verdadero santo. Todos, aun los no católicos, lo quieren y lo estiman.A San Francisco de Asís lo quieren los pobres, porque él se dedicó a vivir en total pobreza, pero con gran alegría.
A San Francisco de Asís lo estiman los ecologistas porque él fue el amigo de las aves, de los peces, de las flores, del agua, del sol, de la luna y de la madre tierra.Nació en Asís (Italia) en 1182.Su madre se llamaba Pica y fue sumamente estimada por él durante toda su vida. Su padre era Pedro Bernardone, un hombre muy admirador y amigo de Francia, por la cual le puso el nombre de Francisco, que significa: "el pequeño francesito".Cuando joven a Francisco que le agradaba era asistir a fiestas, paseos y reuniones con mucha música. Su padre tenía uno de los mejores almacenes de ropa en la ciudad, y al muchacho le sobraba el dinero. Los negocios y el estudio no le llamaban la atención.
Pero tenía la cualidad de no negar un favor o una ayuda a un pobre siempre que pudiera hacerlo.Tenía veinte años cuando hubo una guerra entre Asís y la ciudad de Perugia. Francisco salió a combatir por su ciudad, y cayó prisionero de los enemigos. La prisión duró un año, tiempo que él aprovechó para meditar y pensar seriamente en la vida.Al salir de la prisión se incorporó otra vez en el ejército de su ciudad, y se fue a combatir a los enemigos. Se compró una armadura sumamente elegante y el mejor caballo que encontró.
Pero por el camino se le presentó un pobre militar que no tenía con qué comprar armadura ni caballería, y Francisco, conmovido, le regaló todo su lujoso equipo militar. Esa noche en sueños sintió que le presentaban en cambio de lo que él había obsequiado, unas armaduras mejores para enfrentarse a los enemigos del espíritu.Francisco no llegó al campo de batalla porque se enfermó y en plena enfermedad oyó que una voz del cielo le decía: "¿Por qué dedicarse a servir a los jornaleros, en vez de consagrarse a servir al Jefe Supremo de todos?". Entonces se volvió a su ciudad, pero ya no a divertirse y parrandear sino a meditar en serio acerca de su futuro.La gente al verlo tan silencioso y meditabundo comentaba que Francisco probablemente estaba enamorado.
Él comentaba: "Sí, estoy enamorado y es de la novia más fiel y más pura y santificadora que existe". Los demás no sabían de quién se trataba, pero él sí sabía muy bien que se estaba enamorando de la pobreza, o sea de una manera de vivir que fuera lo más parecida posible al modo totalmente pobre como vivió Jesús. Y se fue convenciendo de que debía vender todos sus bienes y darlos a los pobres.Paseando un día por el campo encontró a un leproso lleno de llagas y sintió un gran asco hacia él. Pero sintió también una inspiración divina que le decía que si no obramos contra nuestros instintos nunca seremos santos.
Entonces se acercó al leproso, y venciendo la espantosa repugnancia que sentía, le besó las llagas. Desde que hizo ese acto heroico logró conseguir de Dios una gran fuerza para dominar sus instintos y poder sacrificarse siempre a favor de los demás. Desde aquel día empezó a visitar a los enfermos en los hospitales y a los pobres. Y les regalaba cuanto llevaba consigo.Un día, rezando ante un crucifijo en la iglesia de San Damián, le pareció oír que Cristo le decía tres veces: "Francisco, tienes que reparar mi casa, porque está en ruinas".
Él creyó que Jesús le mandaba arreglar las paredes de la iglesia de San Damián, que estaban muy deterioradas, y se fue a su casa y vendió su caballo y una buena cantidad de telas del almacén de su padre y le trajo dinero al Padre Capellán de San Damián, pidiéndole que lo dejara quedarse allí ayudándole a reparar esa construcción que estaba en ruinas. El sacerdote le dijo que le aceptaba el quedarse allí, pero que el dinero no se lo aceptaba (le tenía temor a la dura reacción que iba a tener su padre, Pedro Bernardone) Francisco dejó el dinero en una ventana, y al saber que su padre enfurecido venía a castigarlo, se escondió prudentemente.Pedro Bernardone demandó a su hijo Francisco ante el obispo declarando que lo desheredaba y que tenía que devolverle el dinero conseguido con las telas que había vendido. El prelado devolvió el dinero al airado papá, y Francisco, despojándose de su camisa, de su saco y de su manto, los entregó a su padre diciéndole: "Hasta ahora he sido el hijo de Pedro Bernardone. De hoy en adelante podré decir: Padrenuestro que estás en los cielos".
El Sr. Obispo le regaló el vestido de uno de sus trabajadores del campo: una sencilla túnica, de tela ordinaria, amarrada en la cintura con un cordón. Francisco trazó una cruz con tiza, sobre su nueva túnica, y con ésta vestirá y pasará el resto de su vida. Ese será el hábito de sus religiosos después: el vestido de un campesino pobre, de un sencillo obrero.Se fue por los campos orando y cantando. Unos guerrilleros lo encontraron y le dijeron: "¿Usted quién es? – Él respondió: - Yo soy el heraldo o mensajero del gran Rey". Los otros no entendieron qué les quería decir con esto y en cambio de su respuesta le dieron una paliza. Él siguió lo mismo de contento, cantando y rezando a Dios.
Después volvió a Asís a dedicarse a levantar y reconstruir la iglesita de San Damián. Y para ello empezó a recorrer las calles pidiendo limosna. La gente que antes lo había visto rico y elegante y ahora lo encontraba pidiendo limosna y vestido tan pobremente, se burlaba de él. Pero consiguió con qué reconstruir el pequeño templo.La Porciúncula. Este nombre es queridísimo para los franciscanos de todo el mundo, porque en la capilla llamada así fue donde Fracisco empezó su comunidad. Porciúncula significa "pequeño terreno". Era una finquita chiquita con una capillita en ruinas. Estaba a 4 kilómetros de Asís. Los padres Benedictinos le dieron permiso de irse a vivir allá, y a nuestro santo le agradaba el sitio por lo pacífico y solitario y porque la capilla estaba dedicada a la Sma. Virgen.En la misa de la fiesta del apóstol San Matías, el cielo le mostró lo que esperaba de él. Y fue por medio del evangelio de ese día, que es el programa que Cristo dio a sus apóstoles cuando los envió a predicar.
Dice así: "Vayan a proclamar que el Reino de los cielos está cerca. No lleven dinero ni sandalias, ni doble vestido para cambiarse. Gratis han recibido, den también gratuitamente". Francisco tomó esto a la letra y se propuso dedicarse al apostolado, pero en medio de la pobreza más estricta.Cuenta San Buenaventura que se encontró con el santo un hombre a quien un cáncer le había desfigurado horriblemente la cara. El otro intentó arrodillarse a sus pies, pero Francisco se lo impidió y le dio un beso en la cara, y el enfermo quedó instantáneamente curado. Y la gente decía: "No se sabe qué admirar más, si el beso o el milagro".
El primero que se le unió en su vida de apostolado fue Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís, el cual invitaba con frecuencia a Francisco a su casa y por la noche se hacía el dormido y veía que el santo se levantaba y empleaba muchas horas dedicado a la oración repitiendo: "mi Dios y mi todo". Le pidió que lo admitiera como su discípulo, vendió todos sus bienes y los dio a los pobres y se fue a acompañarlo a la Porciúncula. El segundo compañero fue Pedro de Cattaneo, canónigo de la catedral de Asís. El tercero, fue Fray Gil, célebre por su sencillez.Cuando ya Francisco tenía 12 compañeros se fueron a Roma a pedirle al Papa que aprobara su comunidad. Viajaron a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad, y viviendo de las limosnas que la gente les daba.En Roma no querían aprobar esta comunidad porque les parecía demasiado rígida en cuanto a pobreza, pero al fin un cardenal dijo: "No les podemos prohibir que vivan como lo mandó Cristo en el evangelio".
Recibieron la aprobación, y se volvieron a Asís a vivir en pobreza, en oración, en santa alegría y gran fraternidad, junto a la iglesia de la Porciúncula.Dicen que Inocencio III vio en sueños que la Iglesia de Roma estaba a punto de derrumbarse y que aparecían dos hombres a ponerle el hombro e impedir que se derrumbara. El uno era San Francisco, fundador de los franciscanos, y el otro, Santo Domingo, fundador de los dominicos. Desde entonces el Papa se propuso aprobar estas comunidades.A Francisco lo atacaban a veces terribles tentaciones impuras. Para vencer las pasiones de su cuerpo, tuvo alguna vez que revolcarse entre espinas.
Él podía repetir lo del santo antiguo: "trato duramente a mi cuerpo, porque él trata muy duramente a mi alma".Clara, una joven muy santa de Asís, se entusiasmó por esa vida de pobreza, oración y santa alegría que llevaban los seguidores de Francisco, y abandonando su familia huyó a hacerse moja según su sabia dirección. Con santa Clara fundó él las hermanas clarisas, que tienen hoy conventos en todo el mundo.Francisco tenía la rara cualidad de hacerse querer de los animales. Las golondrinas le seguían en bandadas y formaban una cruz, por encima de donde él predicaba. Cuando estaba solo en el monte una mirla venía a despertarlo con su canto cuando era la hora de la oración de la medianoche. Pero si el santo estaba enfermo, el animalillo no lo despertaba. Un conejito lo siguió por algún tiempo, con gran cariño.Dicen que un lobo feroz le obedeció cuando el santo le pidió que dejara de atacar a la gente.
Francisco se retiró por 40 días al Monte Alvernia a meditar, y tanto pensó en las heridas de Cristo, que a él también se le formaron las mismas heridas en las manos, en los pies y en el costado.Los seguidores de San Francisco llegaron a ser tan numerosos, que en el año 1219, en una reunión general llamado "El Capítulo de las esteras", se reunieron en Asís más de cinco mil franciscanos. Al santo le emocionaba mucho ver que en todas partes aparecían vocaciones y que de las más diversas regiones le pedían que les enviara sus discípulos tan fervorosos a que predicaran. Él les insistía en que amaran muchísimo a Jesucristo y a la Santa Iglesia Católica, y que vivieran con el mayor desprendimiento posible hacia los bienes materiales, y no se cansaba de recomendarles que cumplieran lo más exactamente posible todo lo que manda el santo evangelio.Dispuso ir a Egipto a evangelizar al sultán y a los mahometanos. Pero ni el jefe musulmán ni sus fanáticos seguidores quisieron aceptar sus mensajes.
Entonces se fue a Tierra Santa a visitar en devota peregrinación los Santos Lugares donde Jesús nació, vivió y murió: Belén, Nazaret, Jerusalén, etc. En recuerdo de esta piadosa visita suya los franciscanos están encargados desde hace siglos de custodiar los Santos Lugares de Tierra Santa.Por no cuidarse bien de las calientísimas arenas del desierto de Egipto se enfermó de los ojos y cuando murió estaba casi completamente ciego. Un sufrimiento más que el Señor le permitía para que ganara más premios para el cielo.San Francisco de Asís, que era un verdadero poeta y le encantaba recorrer los campos cantando bellas canciones, compuso un himno a las criaturas, en el cual alaba a Dios por el sol, y la luna, la tierra y las estrellas, el fuego y el viento, el agua y la vegetación. "Alabado sea mi Señor por el hermano sol y la madre tierra, y por los que saben perdonar", etc. Le agradaba mucho cantarlo y hacerlo aprender a los demás y poco antes de morir hizo que sus amigos lo cantaran en su presencia. Su saludo era "Paz y bien".Cuando sólo tenía 44 años sintió que le llegaba la hora de partir a la eternidad. Dejaba fundada la comunidad de Franciscanos, y la de hermanas Clarisas. Con esto contribuyó enormemente a enfervorizar la Iglesia Católica y a extender la religión de Cristo por todos los países del mundo. Los seguidores de San Francisco (franciscanos, capuchinos, clarisas, etc.) son el grupo religioso más numeroso que existe en la Iglesia Católica.
El 3 de octubre de 1226, acostado en el duro suelo, cubierto con un hábito que le habían prestado de limosna, y pidiendo a sus seguidores que se amen siempre como Cristo los ha amado, murió como había vivido: lleno de alegría, de paz y de amor a Dios.Cuando apenas habían transcurrido dos años después de su muerte, el Sumo Pontífice lo declaró santo y en todos los países de la tierra se venera y se admira a este hombre sencillo y bueno que pasó por el mundo enseñando a amar la naturaleza y a vivir desprendido de los bienes materiales y enamorados de nuestra buen Dios. Fue San Francisco de Asís quien popularizó la costumbre de hacer pesebres para Navidad.San Francisco de Asís: pídele a Jesús que lo amemos tan intensamente como lo lograste amar tú."El Amor no es amado" (San Francisco).
HOMILIA DOMINGO 03 de Octubre 2010

Material de Apoyo Litúrgico Para los Cristianos. Enviado desde Tenerife España, por Nuestro Hermano y Amigo Sacerdote. Presbítero Padre Carmelo Hernández.
Señor, Auméntanos la Fe.
Habacuc, 1, 2-3; 2, 2-4; Sal. 94; 2Tim. 1, 6-8.13-14; Lc. 17, 5-10.
Habacuc, 1, 2-3; 2, 2-4; Sal. 94; 2Tim. 1, 6-8.13-14; Lc. 17, 5-10.
‘Auméntanos la fe’, le pidieron los apóstoles a Jesús. Señor, auméntanos la fe, le pedimos nosotros también. Lo necesitamos.
¿Por qué le pedirían los apóstoles a Jesús que les aumentara la fe? Ellos estaban con El y lo acompañaban por todas partes, escuchaban directamente de sus labios sus palabras, eran testigos de sus milagros.
Pero quizá se daban cuenta de que todo aquello de que les hablaba Jesús les sobrepasaba. Se entusiasmaban por seguirle, pero al mismo tiempo caían en la cuenta de sus exigencias. La meta que Jesús les proponía era alta y necesitaban un buen espíritu para alcanzarla, como el atleta que necesita de un entrenamiento y un fortalecimiento de sus músculos para alcanzar la corona de la victoria en la carrera. Quizá podían ir vislumbrando con lo que Jesús les proponía que en muchas cosas tenían que nadar a contracorriente y se iban a quedar solos frente al rechazo de tantos. O quizá lo que Jesús les anunciaba de lo que iba a suceder en su subida a Jerusalén les asustaba.
Necesitamos nosotros también pedirle a Jesús ‘auméntanos la fe’. Son difíciles las situaciones por las que pasamos en el mundo en el que hoy vivimos. Hablamos mucho de la crisis y bien sabemos que es muy complejo todo lo que sucede a nuestro alrededor: gentes que lo pasan mal en muchos aspectos; un mundo lleno de violencias que parece que va como en una espiral ascendente cada vez más; inestabilidad social que hace que mucha gente camine son norte ni futuro perdidas las esperanzas; desorientación y pérdida de valores con los que hay tantos que no saben ya por qué luchar o qué hacer; catástrofes naturales de las que oímos hablar con demasiada frecuencia, terremotos, corrimientos de tierras con montañas que se vienen abajo sepultando todo a su paso (esta semana hemos oído hablar de varias en Colombia y México), inundaciones o huracanes que lo dejan todo devastado.
Y nos llenamos de preguntas en nuestro interior. ¿Por qué suceden todas estas cosas? ¿por qué hemos llegado a situaciones como éstas? Es lo que gritaba el profeta Habacuc que hemos escuchado en la primera lectura. ‘¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré
‘Señor, auméntanos la fe’, le pedimos. Porque nos llenamos de dudas y no sabemos encontrar respuestas; porque algunas veces andamos demasiados fríos espiritualmente y en consecuencia nos falta valor; porque olvidamos principios fundamentales; porque nos sentimos confusos y acobardados; porque en muchas ocasiones parece que prefiramos ocultar nuestra fe y nos acomplejamos ante el mundo de indiferencia que nos rodea; porque no llegamos a comprometernos seriamente en nombre de esa fe que tenemos; porque nos falta una fundamentación firme y verdadera.
El Señor le respondió al profeta: ‘el injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe’. Ahí está nuestra fortaleza y nuestra grandeza. Ahí encontraremos la valentía y la fuerza. Ahí tenemos la luz que necesitamos para encontrar respuestas. Aquí hemos venido con fe hoy hasta la Eucaristía y a la escucha de la Palabra de Dios. Venimos con fe, no puede ser otro el motivo para nuestra venida, pero le pedimos al Señor que nos aumente la fe, que crezca nuestra fe, que se mantenga firme como una roca nuestra fe.
San Pablo le hacía unas hermosas recomendaciones a su discípulo Timoteo que hemos escuchado en la segunda lectura. Recordemos. ‘Reaviva el don de Dios… no se nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y bien juicio… no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor Jesucristo…toma parte en los duros trabajos del evangelio… vive con fe y amor en Cristo Jesús… guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo…’ Parece que va dando respuesta a todo lo que nos hemos venido planteando.
‘Reaviva el don de Dios…’ esa gracia con Dios te ha enriquecido. Ese precioso depósito de la fe que hemos de guardar como oro en paño, como lo más precioso que tenemos, que no lo podemos perder de ninguna manera, pero que hemos de hacer crecer más y más. Es un regalo de Dios, una gracia que no la tenemos porque nosotros la merezcamos, sino porque el Señor en su infinita bondad la ha depositado en nuestro corazón. ‘Siervos inútiles somos…’ nos decía el evangelio, ‘que no hemos hecho otra cosa sino lo que teníamos que hacer’.
Reaviva, cultiva esa semilla de la fe para que crezca. Y va a crecer con la gracia de Dios. Pero tenemos que preocuparnos de conocerla bien, de profundizar en nuestra fe, de empaparnos más y más de la Palabra de Dios que enriquece nuestro corazón. Tenemos dudas y nos acobardamos muchas veces cuando tenemos que enfrentarnos a tan diversos problemas y situaciones, como antes reflexionábamos, pero porque no hemos fortalecido debidamente nuestra fe. Sin esa debida fundamentación de una buena formación claro que nos vamos a encontrar como quien no hace pie y nos tambalearemos y caeremos.
Un edificio sin cimientos se viene abajo. Un cristiano sin una fe bien fundamentada y fortalecida terminará consumiéndose en sus dudas y caerá en la indiferencia y al final en el abandono. Por eso nos hablaba Jesús en otro lugar del evangelio del hombre sensato y prudente que edificaba su casa sobre roca. Edifiquemos nuestra vida sobre la roca firme de la fe.
Y no nos ha dado Dios espíritu de cobardía sino de valentía. Con valentía nos enfrentamos a esa lucha, a esa búsqueda de respuestas, a encontrar soluciones que remedien tanto sufrimiento, a dar ese valiente testimonio de nuestra fe y de nuestro amor cristiano. ‘Toma parte en los duros trabajos del evangelio según la fuerza de Dios’, le decía Pablo a Timoteo; nos dice el Señor a nosotros. Y la fuerza de Dios no nos faltará. Tenemos que saber pedirla constantemente al Señor.
‘Señor, auméntanos la fe’.
domingo, 26 de septiembre de 2010
EL SANTO ROSARIO ES PODEROSA PROTECCIÓN.

El Rosario es una verdadera fuente de gracias. María es medianera de las gracias de Dios. Dios ha querido que muchas gracias nos lleguen por su conducto, ya que fue por ella que nos llegó la salvación.No solo promete gracias a quien rece el Santo Rosario, sino también a quien lo lleve permanentemente consigo...
1- Todos los que lleven piadosamente el Rosario, los llevaré hasta Mi Hijo.
2- Todos los que lleven piadosamente el Rosario, los ayudaré en sus empresas.
3-Todos los que lleven piadosamente el Rosario, aprenderán a amar la Palabra y la Palabra los hará libres. Ya no serán esclavos.
4- Todos los que lleven piadosamente el Rosario, amarán a Mi Hijo más y más.
5- Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán un conocimiento más profundo de Mi Hijo en sus vidas diarias.
6- Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán un deseo profundo de vestir con decencia para no perder la Virtud de la modestia.
7-Todos los que lleven piadosamente el Rosario, crecerán en la virtud de la castidad.
8-Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán una conciencia más profunda de sus pecados y tratarán sinceramente de enmendar sus vidas.
9-Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán un profundo deseo de difundir el mensaje de Fátima.
10- Sobre todos que lleven piadosamente el Rosario, derramaré las gracias de las que soy medianera.
11-Todos que lleven piadosamente el Rosario, serán llenados de un profundo deseo de rezarlo y meditar sobre los misterios.
12- Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán paz en sus vidas diarias.
13-Todos los que lleven piadosamente el Rosario, serán reconfortados en momentos de tristeza.
14- Todos los que lleven piadosamente el Rosario, se les concederá el poder de tomar decisiones sabias a través del Espíritu Santo.
15- Todos los que lleven piadosamente el Rosario, los llenaré de un profundo deseo de llevar el Escapulario café del Monte Carmelo.
16- Todos los que lleven piadosamente el Rosario, venerarán Mi Inmaculado Corazón y el sagrado Corazón de Mi Hijo Jesús.
17-Todos los que lleven piadosamente el Rosario, no tomarán el nombre de Dios en vano.
18-Todos los que lleven piadosamente el Rosario, tendrán una profunda compasión por Cristo crucificado y crecerán en su amor por El.
19- Muchos de los que lleven piadosamente el Rosario, serán sanados de enfermedades físicas, mentales y emocionales; así que llevadlo a los enfermos y moribundos.

Material Gentileza de Nuestro Hermano Sacerdote Padre Carmelo Hernández Desde Tenerife España.
Un hombre rico que se vestía de púrpura… ¿dónde está nuestra solidaridad?.
Amós, 6,1.4-7; Sal. 145; 1Tim. 6, 11-16; Lc. 16, 19-31.
Al terminar de escuchar la parábola quizá una reacción espontánea que nos pudiera surgir sería decir ‘bien merecido se lo tenía…’ No había sido compasivo y misericordioso con el pobre mendigo que tenía a su puerta, bien le viene, podemos pensar, lo que le está pasando al rico epulón.
Pero ya sabemos, cuando escuchamos la Palabra de Dios no es para que hagamos juicios condenatorios contra los demás, aunque siempre haya que condenar el mal, sino para que nos miremos a nosotros mismos y tratemos de descubrir qué es lo que el Señor quiere decirnos de forma concreta a nosotros.
No sé si éste será el camino más correcto de interpretación de la parábola, pero pensemos en lo que nos sucede a nosotros mismos muchas veces. Cuando vemos una casa lujosa, una bonita mansión, nos puede suceder que surja una como cierta envidia en nosotros y un deseo desde nuestro interior de poder vivir allí, de disponer de esas comodidades y lujos, de apetecer una vida sibarita y de confort.
Es, digo, una posible tentación y no digo que a todos suceda igual. Pero sí podemos preguntarnos cuál es el estilo de vida con el que soñamos, y qué es lo que apetecemos y deseamos. Y cuando vemos el derroche de muchos, en esta sociedad de bienestar y consumismo en el que vivimos, ¿no nos preguntamos si es necesario todo eso para ser verdaderamente felices? Es cierto que no vamos a vivir en una cueva y en medio de miserias y todos merecemos una vida digna, pero la pregunta estaría que es lo que verdaderamente necesitamos para esa vida digna.
No quiero aparecer demasiado radical pero son en el fondo preguntas que me hago a mi mismo en nombre del evangelio. La descripción que nos hace Jesús en la parábola del ‘hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día mientras el mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico’, refleja también los grandes abismos que sigue habiendo en nuestra sociedad y en nuestro mundo entre pobres y ricos, entre primeros y terceros y cuartos mundos, como ahora se les llama. Tantos abismos que de una forma o de otra muchas veces ponemos entre nosotros cuando nuestras relaciones humanas no están llenas de verdadero amor.
Abraham le dice al rico que está en el infierno que entre ellos ‘se abre un abismo inmenso que no pueden cruzar, aunque quieran’ es el reflejo duro de los abismos que nos creamos los hombres entre unos y otros, entre pobrezas y riquezas, entre derroches y despilfarros y miserias y muerte de hambre por otro lado a un lado y otro de nuestro mundo.
Es toque de atención, es llamada a nuestro corazón, es una invitación a una búsqueda de caminos de solidaridad verdadera y de justicia en las relaciones entre los hombres y los pueblos.
Es toque y llamada de atención para que analicemos el valor que le damos nosotros a las cosas y para despertarnos de un mundo egoísta que se convierte en injusto cuando acaparamos sólo para nosotros mismos y no somos capaces de abrir los ojos para ver la necesidad de los demás y movernos desde lo hondo de nuestro corazón a un compartir generoso y, repito, en justicia con los hombres que son mis hermanos.
Ese toque y esa llamada de atención que puede convertirse la parábola para nosotros es una invitación a la conversión. En la parábola aquel hombre desde el abismo de su infierno le pedía a Abrahán que enviara a Lázaro a casa de sus hermanos para que no vivieran de la misma manera que vivía él. ‘Te ruego que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan ellos a este lugar de tormento’. Ya escuchamos lo que les dice Abrahán: ‘Tienen a Moisés y los profetas; que los escuchen… porque si no escuchan ni a Moisés ni a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto’.
Un milagro para creer, un muerto que resucita o que se aparece... buscamos también nosotros muchas veces milagros para convencernos de lo que tenemos que hacer. Tenemos el milagro de la Palabra de Dios que cada día podemos escuchar y es la que tiene que mover nuestro corazón. Con sinceridad tenemos que escucharla. Con fe tenemos que abrir nuestro corazón a la Palabra que el Señor quiere dirigirnos. Cuánto más cuando tenemos toda la experiencia de Jesús muerto y resucitado por nosotros para manifestarnos todo el amor que Dios nos tiene.
Es ese amor de Dios el que tiene que movernos. Es en ese amor de Dios donde tenemos que aprender esos caminos de solidaridad y de amor. Es en ese amor de Dios donde tenemos que dejar que nuestro corazón se transforme. Porque no podemos unir ese amor de Dios con el culto que le queremos dar y una vida de derroche y de injusticia, en la que falte además la compasión y la solidaridad. Es lo que denuncia el profeta Amós en la primera lectura. ‘Se fían de Sión y confían en el monte de Samaria – dos lugares de culto a Dios para los israelitas -, y os acostáis sobre lechos de marfil, arrellenados en divanes… bebéis vino en copas, os ungís con perfumes y no os doléis del desastre de José…’ Lo mismo que el rico de la parábola.
La carta de Pablo a Timoteo nos da pautas de por donde ha de ir nuestra vida. ‘Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza… combate el buen combate de la fe… conquista la vida eterna a la que fuiste llamado…’ Justicia, piedad, fe, amor, paciencia, delicadeza… virtudes que hemos de cultivar en nuestra vida, que manifiestan esa conversión, ese cambio, que estamos realizando; pero virtudes que queremos vivir también con la esperanza que da trascendencia grande a todo lo bueno que hacemos. ‘Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado… guarda los mandamientos sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo… Rey de reyes y Señor de los señores…’
En la oración habíamos pedido que ‘derramara incesantemente sobre nosotros su gracia, para que, deseando lo que nos prometes, consigamos los bienes del cielo’. Y en la oración final vamos a pedir que con la fuerza de la Eucaristía que estamos celebrando y de la que nos alimentamos ‘participemos de la herencia gloriosa de Jesucristo, cuya muerte hemos anunciado y compartido’. Que por nuestra compasión, nuestra solidaridad, el amor que tengamos a los demás merezcamos ser llamados en el día final a participar del Reino eterno que Dios nos tiene preparado.
domingo, 19 de septiembre de 2010

Material Enviado Desde Tenerife España. Por Nuestro Amigo el Presbítero Padre Carmelo Hernández.
Los pobres sean nuestros valedores para abrirnos las puertas de las moradas eternas.
Amós, 8, 4-7; Sal. 112; 1Tim. 2, 1-8; Lc. 16, 1-13
Quizá podríamos comenzar preguntándonos si ponemos en las cosas de Dios el mismo interés, la misma intensidad que ponemos en los negocios humanos. Cuando en la vida nos vemos apretados por problemas o dificultades buscamos una salida, una solución sea como sea. Pero la pregunta está en si buscamos lo que de verdad vale en la vida, lo que nos da auténtica ganancia, lo que tiene trascendencia eterna, si buscamos de verdad a Dios, su Reino y su justicia.
Jesús nos propone una parábola que podría dejarnos desconcertados si no sabemos leer cuál es su verdadero mensaje. Un administrador injusto al que le pide el amo que le rinda cuentas y como sabe que las cosas no marchan bien se vale en su astucia de mil corruptelas para tener un refugio cuando caiga en desgracia. No alaba Jesús las corruptelas de este hombre, alaba su astucia y nos plantea si nosotros en verdad ponemos todo el empeño en encontrar la salvación. ‘El amo felicitó al administrador injusto por la astucia con que había procedido’. Y comenta Jesús a continuación que es donde tenemos que encontrar el mensaje. ‘Ciertamente los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz’.
Vivimos inmersos en este mundo, con sus luchas y con sus trabajos, con las responsabilidades de cada día y los afanes por la ganancia de nuestro sustento y por conseguir una vida digna. No nos saca Jesús de este mundo y de esta realidad. Es más nos pide absoluta responsabilidad en esa tarea de la que no podemos desentendernos. Fidelidad en el trabajo y en las responsabilidades hasta en las cosas más pequeñas.
Tenemos una responsabilidad con la familia, con nosotros mismos y también con la sociedad en la que vivimos de la que no podemos ser ajenos, ni desentendernos. Y en todos esos campos tenemos que saber actuar porque sentimos esa responsabilidad también de cómo marcha la vida de nuestra sociedad y hemos de poner nuestro trabajo, nuestras ideas, nuestra participación en el desarrollo y de la mejor manera posible de esa sociedad.
Los problemas que vivimos ahora, por ejemplo, con la crisis en todos los ámbitos de nuestra sociedad, económica, política, social, no nos son ajenos. Y ahí tenemos que demostrar nuestra sensibilidad, nuestra responsabilidad, la fidelidad también a esa sociedad en la que vivimos. Yo como cristiano tengo mi visión y mi manera de hacer que aportar. Yo desde mi fe me siento responsable de la marcha de esa sociedad y no puedo dejar que otros la construyan sólo desde sus ideas o su manera de ver las cosas. Yo como cristiano tengo también una visión de la persona y de cómo se ha de construir nuestra sociedad. Tendríamos que responsablemente estudiar más y mejor el magisterio de la Iglesia en estos aspectos.
Jesús nos habla de fidelidad hasta en las cosas pequeñas. ‘El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras?’
Además, tendríamos que decir, que en el cumplimiento de esas tareas y responsabilidades, en nuestros negocios o en nuestros trabajos sean los que sean, lo importante no es sólo el conseguir unas ganancias terrenas o, diríamos, económicas. Hay algo más que hace la vida de la persona mejor; algo más del dinero para conseguir una felicidad en nuestras relaciones. Porque la relación entre las personas es algo más que una relación comercial, hay algo más hondo en la persona que nos hace crecer de verdad y ser más felices. No es sólo lo material, el tener, lo externo lo que nos hace más personas. Son necesarios a tener en cuenta unos valores que nos ayuden a una mejor convivencia, a una mejor relación entre unos y otros, a hacernos más felices todos.
Por supuesto, lejos de nosotros todo lo que sea un actuar injusto. Lejos de nosotros todo lo que signifique avaricia y todas esas ambiciones desmedidas por el tener, por la riqueza, por sólo el disfrute de las cosas de este mundo, que nos pueden conducir por caminos de maldad y de injusticia. Ya veíamos como el Señor con la voz del profeta condenaba en su tiempo la maldad, la avaricia y la injusticia: ‘…vosotros los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables… compráis por dinero al pobre… por la gloria del Señor no olvidaré jamás vuestras malas acciones…’ que les decía el profeta y que tenemos que seguir escuchando nosotros hoy porque también es la tentación que vivimos en nuestro mundo tan materializado.
Además como cristianos, como creyentes en Jesús le damos también una trascendencia a la vida, no pensamos sólo en el momento presente. Por eso nos decía Jesús ‘ganaos amigos con el dinero injusto… para que os reciban en las moradas eternas’. ¿Qué nos querrá decir Jesús? Esa fidelidad que aquí vivimos, esa responsabilidad con la que actuamos en la vida, eso bueno que vamos haciendo para mejorar nuestras relaciones y nuestra convivencia y mejorar también la vida de nuestra sociedad tiene una trascendencia para nosotros. Es la manera también de ir construyendo ese Reino de Dios al que nos sentimos llamados y que en Dios, en el cielo, en la vida eterna podremos vivir en plenitud.
Pero esta frase de Jesús me provoca otro pensamiento. ‘Ganaos amigos con el dinero injusto…’ nos decía. Cuando no pensamos sólo en nosotros mismos, cuando somos capaces de compartir, cuando sabemos ser misericordiosos con el que sufre a nuestro lado, cuando ayudamos a un pobre en su necesidad compartiendo lo que somos y tenemos, estamos ganándonos esos amigos que ‘nos reciban en las moradas eternas’. Los pobres a los que hayamos ayudado serán los que nos abran las puertas de las moradas eternas. Serán nuestros valedores ante Dios cuando nos presentemos a El, porque Jesús mismo nos dirá entonces que lo que le hayamos hecho a ese hermano a El se lo estábamos haciendo.
Seamos en verdad esos hijos de la luz que llenando de luz nuestro mundo con nuestra fidelidad y responsabilidad podamos alcanzar al que es la verdadera Luz, Cristo Jesús, porque realmente con eso bueno que vamos haciendo lo que estamos haciendo son destellos de esa luz de Cristo para iluminar nuestro mundo. Que seamos en verdad astutos, que sepamos ganarnos esas ganancias eternas, que busquemos en verdad lo que es importante, que seamos capaces de poner todo nuestro empeño y esfuerzo, como lo hacemos en los negocios de este mundo, también en las cosas de Dios, en lo que atañe a nuestra fe y a nuestra vida cristiana.
EL TE DEUM DE NUESTRO BICENTENARIO PATRIO. 2010

Homilía para el Te Deum del Bicentenario.
Recordemos el 18 de septiembre de 1810Con gran expectación, a las nueve de la mañana del 18 de septiembre de 1810 comenzó a sesionar el Cabildo Abierto convocado para la ocasión. A las tres de la tarde estaba constituida la primera Junta de Gobierno, presidida por Don Mateo de Toro y Zambrano. Ante el Cristo del Cabildo, que hoy preside nuestra celebración, se dieron así los primeros pasos de nuestra Independencia.“Todos los elegidos juraron cumplimiento fiel a sus cargos y la Asamblea en pleno juró obediencia a la nueva Junta de Gobierno instaurada en nombre del rey Fernando VII. Al atardecer, la Asamblea se disolvió en medio de ruidosas manifestaciones de entusiasmo y de alegría.
Luego, todas las iglesias echaron al vuelo las campanas y un grupo numeroso recorría la ciudad aclamando las resoluciones del Cabildo y despertando el entusiasmo popular”.Nueve años más tarde, el 18 de noviembre de 1819, Don Bernardo O´Higgins declararía: “El Estado de Chile es deudor a la protección de la Madre de Dios, bajo la advocación del Carmen, de la Victoria de Maipú. Ella lo salvó del mayor peligro en que jamás se vio”. (Diario La Gaceta 18.11.1819) Así se coronaba, en el fragor de la batalla y en el corazón creyente de este pueblo, lo que en 1810 había tenido su solemne inicio.Han transcurrido doscientos añosdesde esa memorable fechaDoscientos años después, Chile entero está de fiesta. Celebran en la profundidad de la tierra nuestros treinta y tres mineros; también los damnificados por el terremoto y el maremoto.
Unidos a ellos y a sus familias, deseamos manifestarle a Dios nuestra gratitud. ¡Cómo quisiéramos que los comuneros que hacen huelga de hambre, también estuvieran de fiesta! En la gran sinfonía de quienes hacen memoria agradecida, en esta Catedral queremos celebrar la presencia y las obras asombrosas de Dios en nuestra historia. Por eso, llamamos a esta celebración Te Deum laudamus, es decir, A ti, oh Dios, te alabamos.
1. Te alabamos a ti, Señor, Creador del UniversoLa hermosa naturaleza que proviene de la mano del Creador ya nos acompañaba mucho antes del año 1810, desde siglos y milenios inmemoriales. Ella ha sido el espacio de nuestra existencia republicana. Queremos darle un lugar privilegiado en esta acción de gracias. Nos emociona e inspira su inusual belleza.
Con el trabajo de muchos chilenos nos sostiene con la riqueza de las minas y los bosques, y nos alimenta desde el mar, los ríos, las colinas y los valles. Velar responsablemente por ella, y obtener de ella los bienes que nos ofrece, respetando las relaciones que Dios estableció al interior de su creación, es una de las tareas irrenunciables que expresan nuestra gratitud. Fuimos llamados a continuar su obra, colaborando con Él. Pero Chile es “una loca geografía” que no está acabada; se está configurando. Seguramente son pocos los pueblos que tienen tanta conciencia de la gestación de los continentes, del cercano magma, que se asoma voluntarioso por los volcanes, y de las placas marinas y terrestres, que se mueven y estremecen la tierra y sobresaltan los mares.
La poderosa fragilidad de nuestros fundamentos nos urge a ser un pueblo que enfrenta vigorosa y solidariamente grandes adversidades, nos exige redoblar nuestra vigilancia, como también construir sobre fundamentos muy sólidos; en primer lugar, sobre la roca que es Cristo.
¡Qué gran don del cielo el admirable despertar de nuestro espíritu fuerte, creyente y solidario, cuando el 27 de febrero nos sacudió el violento terremoto y se introdujo el mar devastador por caletas, puertos y por playas! ¡Qué ejemplar colaboración la que un gobierno recién constituido impulsó entre el sector público y el privado! ¡Qué profunda la confianza y gratitud a Dios por el don de la vida, la capacidad de ponerse de pie de tantos chilenos, y de compartir la mesa familiar, mesa de pan, de amor y de dolores! Son actitudes propias del alma de Chile, que abren un camino de gran esperanza a esta patria con vocación de esfuerzo solidario y fe en su futuro.
2. Te alabamos a ti, Señor de la historia, y Padre de todos los pueblosDoscientos años tienen su prehistoria en los pueblos autóctonos que habitaban esta tierra con la riqueza de sus culturas. Pastores y agricultores eran los nortinos Aymaras, que nos enriquecen hasta hoy con su legado de manifestaciones religiosas. Cerca de ellos, uno de los pueblos más antiguos y adelantados, los Atacameños. Conservamos los recuerdos de los Diaguitas, también por su hermosa alfarería. Admiramos a los pescadores nómades, con sus embarcaciones hechas con el cuero resistente de lobos marinos. De los pueblos que ya entonces poblaban las regiones más sureñas, amantes de la tierra, de sus costumbres, sus familias y su autonomía, sobresalen hasta nuestros días los Mapuches. Y podríamos recordar a tantos otros hasta llegar a las tierras de los Tehuelches y los Alacalufes, los Yaghanes y los Onas.
Y no podemos olvidar que desde la lejanía nos enriquece el pueblo pascuense, con sus hermosas y austeras esculturas, que contrastan con la delicada belleza de sus cantos y sus danzas. A este admirable y diseminado coro, orgulloso de sus costumbres, llegaron españoles de las diversas regiones de la Península ibérica, entregándonos su lengua, sus tradiciones, sus organizaciones civiles, militares y de enseñanza, y su lealtad a la Corona. Irrumpieron con sus caballos y sus armas para someter y conquistar, pero también llegaron con su mayor tesoro, con la fe en Jesucristo. Venían con misioneros intrépidos, anunciadores del Evangelio.
Ya en el año 1520 celebraron por primera vez la santa Misa en el Estrecho de Magallanes. Al poco tiempo los misioneros se internaron por parajes conocidos y desconocidos, con la sola fuerza de Cristo en el corazón. Precisamente el bautismo que administraban, sembró el germen de una nueva relación, que defendieron con pasión ante el poder de muchos conquistadores. Más tarde Chile acogió y sigue acogiendo a migrantes de otros pueblos. Llegaron con gran espíritu de trabajo, aportando conocimientos, investigaciones, valores culturales y artísticos, capacidades empresariales y comerciales; trajeron sus confesiones religiosas, y un sinnúmero de virtudes. No los nombro para no olvidar a ninguno de ellos.Conscientes de ser hijos del Padre de todos los pueblos, que ha forjado con los hombres tantas razas y naciones, no nos cuesta reconocernos como un nuevo pueblo llamado a alabar a Dios y a agradecerle los dones recibidos de sus manos en estos doscientos años, y aún antes de ser una nación soberana, una patria nueva convocada a respetar la libertad y a cultivar la paz, a acoger y a admirar, a tolerar y dialogar, como también a integrar y aprender unos de otros grandes valores.
3. Te alabamos a ti, Dios Padre, y a Jesucristo, nuestro hermano y liberadorporque celebramos doscientos años en los cuales ha crecido nuestro respeto por la vida, y la voluntad de ofrecerle a cada persona las oportunidades y las organizaciones que le permitan vivir, educarse y trabajar con dignidad, desplegando sus talentos y poniéndolos al servicio de la sociedad. Hemos logrado abolir la pena de muerte. Adherimos al castigo internacional que reciben los crímenes de lesa humanidad y, optando nuevamente por nuestra independencia, al oponernos a nuevos colonialismos culturales e ideológicos, hemos defendido la vida que está por nacer.
Nos enorgullece el valor que nuestro país le da a las treinta y tres vidas de nuestros mineros, y que lo lleva a no escatimar recursos, por elevados que sean, para rescatarlas. Y nos preocupa profundamente la huelga de hambre de nuestros hermanos mapuches, que puede dejar en ellos daños irreparables. De corazón les pedimos a ellos y a las autoridades restablecer las confianzas imprescindibles para que cese la huelga de hambre y se instaure un diálogo generoso y visionario.Nos colma de alegría cada opción que ha hecho nuestro país, como también muchas instituciones privadas durante estos doscientos años, por la vida del varón y de la mujer, por la vida de los niños, los jóvenes y los ancianos, por la vida de los más pobres, los migrantes y los minusválidos, por la vida de los enfermos y de los encarcelados, por la vida de las familias y de las madres jefas de hogar. Por eso nuestra acción de gracias abarca a quienes dedican su existencia con amor y abnegación al servicio de todos ellos, y a los voluntariados que entregan lo mejor de sí para gastar su vida procurando el bien de innumerables personas.
La valoración de la persona como un bien de ilimitado valor anterior al Estado, nos ha conducido a luchar por el reconocimiento doctrinal y práctico de sus derechos humanos fundamentales. Pasamos lentamente del olvido de numerosos derechos, a la lucha por los derechos propios y al compromiso con los derechos de todos, particularmente de quienes viven amenazados o lejos de los beneficios de la sociedad. Son derechos, que unidos a los correspondientes deberes, nos llevan a descubrir con asombro la dignidad y la originalidad de cada uno, y a proteger y forjar los espacios de ecología humana que todos necesitamos para expresarnos y desarrollarnos, lejos de toda violencia, a fin de que todos tengamos vida, y vida en abundancia. ¡Bienvenidos los esfuerzos que se sigan haciendo para superar las desigualdades realmente intolerables en el orden educacional, económico, laboral y cultural! El alma de Chile ama la justicia y rechaza la arbitrariedad. Tenemos vocación fraterna. Por eso mismo, vive en nuestro espíritu un gran aprecio a la democracia, construida sobre la base de la igualdad de los derechos y deberes fundamentales de todos.
Le agradecemos a Jesucristo nuestra voluntad de ser un pueblo de hermanos, que no quiere descansar mientras cada uno no tenga, conforme a su dignidad, hogar, trabajo, respeto y alegría.
4. Te alabamos a ti, Espíritu de UnidadQuienes hemos vivido largos años lejos de Chile, cada vez que regresábamos a nuestra patria teníamos una experiencia que nos sobrecogía: la de innumerables relaciones familiares y de amistad; las que unen transversalmente a los chilenos de diferentes tendencias políticas, responsabilidades laborales, y lugares de nacimiento. No podemos negarlo: este espíritu convive, sin embargo, con cierta extraña intransigencia en el planteamiento de posiciones sentidas como incompatibles. Pero eso no impide que el diálogo posterior generalmente sea amistoso y familiar.
Por eso amamos a Chile como una tierra de encuentro con Dios y con los hermanos, que por esa misma razón, es tierra de esperanza y de paz. Prueba de ello es nuestro ánimo de desterrar los enfrentamientos de un pasado reciente, acabando con las descalificaciones, y abrazando juntos proyectos favorables al bien común, sin exclusiones ni excluidos. Razón tenía Juan Pablo II, cuando exclamó: “¡Chile tiene vocación de entendimiento, no de enfrentamiento! Y “El amor es más fuerte” que el odio y la violencia (Homilía en el parque O’Higgins, para la beatificación de Teresita de los Andes).Alabamos al Espíritu Santo por su siembra de grandes ideales y valores en el corazón del pueblo de Chile. Es la siembra del Espíritu del Amor y la Unidad, su siembra de comunión, infundida en nuestro espíritu, que ha brotado una y otra vez, a veces como un desierto florido, transformando nuestra vida y convivencia.
En nuestro interior el Espíritu nos regala un corazón sensible al amor de Dios, y al dolor del prójimo, que quiere latir al ritmo del corazón de Dios, y que desarma el corazón de piedra, insensible y opresor. Es el Espíritu que desde comienzos de agosto nos ha hecho vibrar como una sola familia, cuyo corazón late por Copiapó. Afirmaba Juan Pablo II (México, Homilía 28 de enero de 1979): “Se ha dicho, en forma bella y profunda, que nuestro Dios en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor”.
Por eso agradecemos el gran aprecio que tenemos los chilenos por la familia unida, considerada como el valor más importante de nuestras vidas, y damos gracias de corazón a tantas mujeres que con mucha generosidad y ternura, a lo largo del tiempo han entretejido su unidad, cuya raíz está en los designios del Dios de la Creación: Dejará el varón la casa paterna, se unirá a su mujer, y ambos tendrán la vocación de procurarse mutuamente el bien que anhelan, y de acoger siempre a sus hijos en el espacio interior de la estabilidad de su amor.Es por eso que nuestra alabanza se vuelve también plegaria para que nuestra patria, en sus familias y escuelas, sea un semillero de jóvenes capaces de amar, de cultivar la lealtad, la alegría, la gratitud, la sinceridad y la generosidad, de preparar a conciencia su alianza matrimonial, y de abrazar un proyecto común de vida, conscientes de que dando la vida seguimos a Jesucristo, que nos amó hasta el extremo de dar su vida por nosotros.
5. A ti, Señor, que inspiras corazones y voluntades,te alabamos por tu intervención liberadora en la historia, ya en el tiempo lejano del Éxodo, y por haber inspirado a los Padres de la Patria una indomable valentía para luchar por nuestra Independencia. Recordemos con gratitud a Bernardo O’Higgins, a José Miguel Carrera, a Arturo Prat y a grandes mujeres que al alba de la Patria Nueva lucharon por la misma causa, como doña Paula Jaraquemada. No olvidamos a quienes les acompañaron y les siguieron. Pensemos además en nuestros héroes de hoy, que posponen anónimamente y con heroísmo su bienestar personal ante el grito de auxilio de quienes necesitan su acción valerosa. Te agradecemos también por los constructores de la sociedad de antaño, y por los más recientes que han abrazado con convicción la responsabilidad social de la empresa, asimismo por nuestros intelectuales, artistas y poetas que han logrado que la belleza y las verdades más entrañables sean parte de nuestra existencia. Gracias por los abnegados servidores públicos de los Poderes del Estado, que han puesto los fundamentos de una convivencia pacífica, también con las naciones hermanas. Gracias por los dirigentes gremiales y políticos, como también por la vocación de nuestros educadores. Ellos se han desvivido por darle carta de ciudadanía al esfuerzo por el bien común y a la preocupación por los niños y sus familias, por los pobres y los marginados.
Te bendecimos por los comunicadores sociales que aman el bien y buscan la verdad y por los deportistas que se destacan como modelos para la juventud.Te damos gracias por los trabajadores, hombres y mujeres, que se desviven por sus hijos, sus familias y sus organizaciones y lugares de trabajo. Y por los jóvenes que han demostrado una extraordinaria participación en acciones y asociaciones solidarias. Te pedimos en este Bicentenario que despiertes en muchos de ellos la voluntad de participar en la conducción de sus comunas y de nuestro país. Te damos gracias por los científicos que penetran con humildad los secretos de la creación, así como por los sacerdotes, los pastores y las consagradas de las diferentes confesiones religiosas que, fieles a su vocación, nos ayudan en nuestra búsqueda de trascendencia, y nos alientan a construir con esperanza, amando a Dios y a los hermanos con todo el corazón.
Te damos gracias por los contemplativos y contemplativas que en su silencio te alaban e interceden por nosotros.También te alabamos porque inspiraste en nosotros el amor a la Virgen María, que nos precedió en su entrega a Jesucristo, a los necesitados y a nuestro pueblo, que siempre nos invita a ser discípulos de Jesús, y a elevar nuestros corazones al encuentro con Dios y con los santos, y a conmovernos y desvivirnos en el servicio de los atribulados.
Gracias por la joven santa Teresita de los Andes y por san Alberto Hurtado, y por todos los santos cuyos nombres no conocemos, que pasaron por el mundo haciendo el bien. Sus corazones ardieron por la causa de Dios y de los más abandonados. Concluyamos, recordando con profunda gratitud a todos los que lucharon por hacer de nuestra patria una tierra de encuentro y esperanza, acogedora de sus familias y de sus hijos, una tierra de la justicia y la solidaridad, de la vida y la alegría, del progreso, la reconciliación y la paz. Comprometámonos a asumir la herencia que hemos recibido, como lo haremos en unos instantes más, junto a quienes hoy conducen los destinos de Chile. De nuestra parte, los Obispos y pastores presentes nos comprometemos a hacer cuanto nos incumbe, con nuestras palabras e iniciativas, para que Chile siga valorando el tesoro que recibió desde sus inicios, el Evangelio de Jesucristo. El ejemplar que entregaremos a nuestro Presidente, llamado el Evangelio de Chile, fue escrito a mano por miles de chilenos, pensando en los próximos doscientos años. Así expresaron su compromiso de escribirlo en sus vidas, en sus proyectos y en sus corazones, para seguir construyendo nuestra Patria sobre la Roca de la Palabra de Dios, que da sólido fundamento y belleza a nuestra convivencia. Nuestra alabanza culmina poniéndonos en manos de Aquél que hace nuevas todas las cosas. No queremos descansar en nuestro esfuerzo común de colaborar con Él en la edificación de una patria que sea la “copia feliz del Edén”, un reflejo de la Patria hacia la cual peregrinamos. (Hb 11, 14-16)
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Al concluir estas palabras deseo a Vuestra Excelencia, el Presidente de la República, a todas las autoridades presentes, y a todo Chile en este Bicentenario de los inicios de nuestra Independencia, a nombre de los obispos, pastores y ministros que participamos en este Tedeum, la alegría y la gratitud que debe embargarnos por los dones recibidos en estos doscientos años, y la felicidad que nos promete el Señor por servir y amar a nuestro pueblo, sobre todo a los más afligidos, prolongando la sabiduría y la misericordia de su corazón. † Francisco Javier Errázuriz Ossa Cardenal Arzobispo de Santiago
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