domingo, 3 de abril de 2011

UN MATERIAL DE LECTURA OBLIGATORIA PARA LOS CATÓLICOS EN CHILE.


Los católicos y su mirada al momento que vive la Iglesia Conozca la opinión de católicos frente al momento que vive la Iglesia en el reportaje central de periódico Encuentro, publicación del Arzobispado de Santiago, cuya edición de abril se distribuye este viernes 1 en las estaciones del Metro. Los escándalos denunciados exigen un “auténtico camino de conversión. Se nos ha hecho patente la iniquidad, la fuerza destructora del mal, nuestra frágil existencia personal y eclesial”, afirma el decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica, Joaquín Silva. Reconoció que las denuncias en contra del sacerdote Fernando Karadima y la declaración de culpabilidad decretada por la Congregación para la Doctrina de la Fe “han golpeado a la Iglesia chilena en general”.En una entrevista en profundidad, el Arzobispo de Antofagasta sostiene que "la Esperanza de la gente sigue estando puesta en la Iglesia". Se debe revertir el daño causado por denuncias de abusos sexuales con una vida transparente, cercana y fraternal.La edición de abril también incluye un reportaje a la Fundación Esperanza Nuestra donde se ayuda en su proceso de rehabilitación y reintegración familiar y social, a adultos que tras un accidente han quedado con discapacidad física.Encuentro es una publicación mensual del Arzobispado de Santiago, que se distribuye gratuitamente en las estaciones del Metro el primer viernes de cada mes y en las parroquias de las arquidiócesis el fin de semana.

Vea la versión digital en www.periodicoencuentro.cl


Fuente: DOP Santiago - www.iglesiadesantiago.cl Santiago, 31/03/2011

LA GRAN PELICULA TESTIMONIAL CATOLICA. LA ÚLTIMA CIMA.


Con una sola sala de cine y tan solo en la primera semana en cartelera, más de 2.500 personas ya la vieron en la capital.

"La Última Cima" sigue en carteleraGracias a la buena respuesta del público, esta cinta católica que cuenta el testimonio del sacerdote madrileño Pablo Domínguez, fue confirmada en cartelera en Santiago al menos hasta el 6 de abril.

También en tierras magallánicas, por aclamación popular y porque muchos la solicitaron directamente, la cinta se estrena en cine Sala Estrella de Punta Arenas el 2 de abril. En palabras del propio director de la película documental Juan Manuel Cotelo, “las personas alegres, generosas, humildes y enamoradas son más atractivas que las tristes, egoístas, vanidosas y rencorosas. El cine está lleno de modelos pesimistas, de anti-héroes o de un tipo de héroe con quien el espectador no se puede identificar: super-héroes. Sin embargo, el modelo de Pablo es atractivo por ser imitable, cercano, cotidiano.

La película gusta porque retrata a una buena persona, real, de carne y hueso”Mantener “La Última Cima” en cartelera hasta Semana Santa dependerá exclusivamente del público y su difusión. “Esta cinta no cuenta con el respaldo de grandes distribuidores ni de grandes campañas publicitarias, sino que se promociona fundamentalmente a través del boca a boca”, asegura Julio Pozo, Director Ejecutivo de Areópago Comunicaciones. En España se mantuvo 6 meses en cartelera, superando a varias superproducciones de Hollywood.

En cada país en que se estrena, como Panamá, Guatemala, Costa Rica y Ecuador, sorprende por su éxito. Chile no ha sido la excepción.Algunos testimonios de quienes ya la han vistoCatalina Girardi: "... Tuve la oportunidad de ver la película. Es excelente y gran testimonio de fe. Doy profundas gracias a quienes se esfuerzan por mostrar que aun quedan hombres que aspiran a la santidad en nuestra Iglesia".


Raúl: "Es una película increíble, que cala en lo más hondo. Da mucho gusto que por fin se haga publico la labor de un sacerdote, de un buen sacerdote, que los hay en muchas partes pero que simplemente trabajan y cumplen sus deberes silenciosamente".Coti Correa: "Buenísima! Gracias al equipo que se atrevió a hacerla y dar a conocer al mundo la historia de Pablo, realmente un Sacerdote ejemplar. Qué honor para los que lo conocieron y gozaron de la presencia viva de Dios a través de él".Juan Solís: "Excelente...me he emocionado muchísimo y desde ahora me encomiendo a él para mi ministerio sacerdotal. Gracias!"Laura Valenzuela: "Tuve la gracia de verla y debo decir simplemente, vitamina para el alma....Gracias por ello, por querer compartirlo en una película".


Lea otros testimonios de quienes la han visto o escriba el suyo en: www.laultimacima.com/cl


Fuente: Areópago Comunicaciones - www.areopago.cl

Hoy más que nunca, permanezcamos en su amor.


Hoy más que nunca, permanezcamos en su amorMensaje del Arzobispo de Santiago a los fieles y comunidades de la Arquidiócesis Hermanas y hermanos de la Arquidiócesis:Con renovada esperanza me dirijo a ustedes en este tiempo de Cuaresma que nos prepara para la Semana Santa y la Pascua de Resurrección. Lo hago en un momento de gran dificultad para la Iglesia de Santiago.

Es comprensible el dolor, el desconcierto y la inquietud que experimenta una comunidad cuando personas consagradas a Jesucristo, de quienes se espera un testimonio coherente de amor y servicio, incurren en gravísimas faltas que dejan víctimas, escandalizan y desilusionan.Frente al abuso sexual, que a los ojos de Dios es también un “espantoso pecado”, no podemos quedar indiferentes. En ningún caso esta violencia contra los más pequeños y vulnerables puede ser justificada o protegida.

Como Iglesia, nos corresponde trabajar y colaborar decididamente para sacar de raíz este mal de nuestra sociedad, y asumir un rol activo en la prevención a los niños y niñas en todas las instancias pastorales y educativas católicas.Los fieles de la Arquidiócesis pueden estar seguros de que su pastor hará todo lo que esté a su alcance para que se establezca la verdad y se logre la justicia en las denuncias que involucran a personas consagradas. No debemos temer la verdad que nos hace libres; darla a luz puede resultar doloroso, pero nos regala también la esperanza de tiempos mejores en una Iglesia purificada.

Por eso, reafirmo mi voluntad de garantizar un debido proceso canónico para quienes se sientan legítimamente lesionados en sus derechos y, al mismo tiempo, reitero la invitación que ya formulé a colaborar con la justicia civil como ciudadanos corresponsables del bien común. Reitero el llamado a las personas que, en conciencia, quieran presentar su testimonio sobre situaciones de esta naturaleza, para que lo hagan con plena confianza en las instancias previstas por la Iglesia y por la Sociedad Civil.

Sé que en muchas comunidades este tema se está reflexionando con sinceridad y respeto. Es necesario fomentar un diálogo abierto, en un ambiente de respeto, fe y fraternidad, a fin de que los fieles tomen mayor conciencia de sus derechos y deberes, tanto en lo referido a proteger la integridad de los menores, como en la conveniencia de revisar estilos de acogida y acompañamiento, de liderazgo y autoridad.Invito a todos los fieles a un tiempo de especial oración por los sacerdotes y consagrados de nuestra Iglesia.

Pidan al Padre de misericordia que nos haga dóciles a su Espíritu; que sepamos ser humildes servidores suyos en cada persona y en sus necesidades. Demos gracias por el testimonio de tantos presbíteros y diáconos, religiosos, religiosas, laicos y laicas cuya vida entera refleja al Señor en el servicio que prestan a su pueblo. Que el desborde de fe y de gozo de estos discípulos – misioneros, nos vuelva a Cristo, centro de la vida y misión de la Iglesia; una Iglesia que queremos humilde y servidora, casa abierta y acogedora, “mesa para todos” y recinto seguro de crecimiento humano y cristiano, para niños, jóvenes y familias.En la herida abierta que desconsuela, el Señor nos dice: “No teman”; “como el Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes. Permanezcan en mi amor” (Jn 15,9).

Permanezcamos unidos a Cristo, como la rama a la vid, y produciremos frutos abundantes. El dolor de este tiempo de poda, nos eduque. Sabemos que alcanzará sentido purificador y fecundo en Cristo Resucitado. La noche puede ser larga, pero finalmente amanecerá la luz, la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre y que es Cristo el Señor. Los invito a caminar tras esta luz con confianza y perseverancia.Con afecto de padre y pastor los saluda y bendice,†


Ricardo Ezzati A.Arzobispo de Santiago

HOMILIA IV DOMINGO DE CUARESMA 2011.


Cristo Nos Abre Los Ojos a Una Nueva Luz


1Sam. 16, 1.6-7.10-13; Sal. 22; Ef. 5, 8-14; Jn. 9, 1-41


Material de Reflexión Enviado por el Presbítero Padre Carmelo Hernández desde Tenerife España Para nuestro blog.


No todas las oscuridades son iguales ni todas las cegueras significan lo mismo. Hay oscuridades y cegueras que se quedan en lo físico porque estemos en un lugar cerrado por ejemplo donde no entre ningun tipo de luz o porque nuestros ojos estén dañados y no puedan percibir la luz, pero hay otras que son más hondas que nos harán incapaces de otras visiones que nos pueden afectar a lo más profundo de nuestro ser o de nuestra relación con los demás.

El evangelio nos habla de cegueras y nos habla de luz; contemplamos al ciego de nacimiento cuyos ojos estaban cerrados a la luz de este mundo, pero a lo largo del relato podemos contemplar otros ciegos incapaces de ver esas luces más hondas que puedan iluminar totalmente con un sentido nuevo la vida. Al final del relato algunos preguntarán ‘¿también nosotros estamos ciegos?’Nos encontraremos con ciegos empecinados en no ver la luz; ciegos por cobardía como los padres de nuestro ciego de nacimiento curado que no querían dar la cara; ciegos incapaces de captar las señales de luz que llevarían a un reconocimiento de Jesús; o ciegos encerrados en sí mismos que no eran capaces de encontrar la luz por muy clara que estuviera delante de ellos.

Es hermoso todo el proceso y todo el camino que va recorriendo aquel hombre hasta que se encuentra con Jesús y confiesa su fe en El. Al principio quizá solo le interesaba que sus ojos se abrieran y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para poder ver. Se deja hacer, se deja conducir. Cualquiera no hubiera permitido que llenaran de lodo su cara y que de esa manera le hicieran recorrer las calles de Jerusalén para ir a lavarse a la piscina de Siloé. ‘Me puso barro en los ojos, me lavé y veo’, era lo que en principio contaba. Reconocerá el milagro y reconocerá que alguien que venía de Dios es el que podía hacer lo que con él había hecho al hacerle recobrar la visión de sus ojos.

‘Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder… jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento…’Sus ojos se estaban abriendo a una nueva visión. Al principio sólo hablaba de un hombre que le había puesto barro en los ojos y lo había mandado a Siloé, después hablará que tiene que ser un profeta, reconocerá luego que es un hombre que viene de Dios, para terminar confesando su fe en Jesús como el Hijo del Hombre, como el Hijo de Dios cuando ya de nuevo se encuentre con El. ‘¿Crees tú en el Hijo del Hombre?... ¿y quién es para que crea en El?... lo estás viendo; el que te está hablando ese es... Creo, Señor’. Ya estaba viendo a Jesús, ya se había encontrado con Jesús. Ahora podía proclamar firmemente su fe en Jesús

.No era ya tan importante su ceguera o no ceguera física de sus ojos, sino la luz que esetaba iluminando su interior para llegar a reconocer a Jesús como el Mesías y como el Hijo de Dios. Es significativo que fuera precisamente a la piscina de Siloé a lavar sus ojos para que se abieran a la luz. Siloé significa ‘enviado’, y es yendo al encuentro del enviado del Padre, del Mesías de Dios como verdaderamente va a alcanzar la luz. Otros personajes que aparecen en el evangelio, como hemos dicho, tenían los ojos de la cara bien abiertos, pero era otra la ceguera que les afectaba para por distintas razones, sus razones, no llegar a reconocer a Jesús. Tenían ojos en la cara pero no querían ver.

‘¿También nosotros estamos ciegos?’ tenemos quizá que preguntarnos. ¿Cuáles son las cegueras que a nosotros pueden afectarnos? ¿Qué tinieblas puede haber dentro de nosotros? ¿Cuál es la luz que necesitamos? Este camino que vamos haciendo en nuestra cuaresma hacia la Pascua es un camino hacia la luz. Caminamos al encuentro del Señor que es nuestra luz. Queremos en verdad dejarnos iluminar por Jesús. Cuando llegue la Pascua todo tiene que brillar con la luz nueva de Jesús. En la noche de la Vigilia Pascual de la resurrección del Señor toda la celebración gira en torno a la luz del Cirio Pascual y del Bautismo. Encenderemos esa luz nueva signo de Cristo resucitado que nos ilumina con su luz.

Por eso del Cirio Pascual iremos tomando nuestra luz, dejándonos iluminar por Cristo resucitado. Con esa luz en nuestras manos renovaremos nuestro Bautismo recordando que en ese día también se nos dio una luz, la luz de Cristo, la luz de la fe, la luz de la vida nueva. Por eso a los bautizados se les llamaba los iluminados. Tenemos que ser en verdad los iluminados por Cristo. Y con esa luz lleguemos también a iluminar a los demás.

Precisamente nuestro camino cuaresmal ha de ser ese proceso también de caminar hacia la luz, desterrando de nosotros toda tiniebla. Es un proceso, como el de aquel ciego de nacimiento, de renovación interior, de iluminación interior, de apertura de los ojos del alma para llegar a conocer a Jesús, para llegar a reconocer a Jesús como el verdadero y único Señor y Salvador de nuestra vida. Las tinieblas también nos pueden cegar de muchas maneras. Nos podemos obstinar en encerrarnos en nosotros mismos con nuestras dudas y con nuestros miedos. También nos puede suceder como aquellos que no querían dar la cara por miedo a lo que les pudiera pasar y nos podemos llenar de cobardías y temores. Nos podemos cegar encandilados por otras luces que nos pueden hacer perder el sentido de Dios, debilitar nuestra fe y arrastrarnos a las tinieblas del pecado. San Pablo nos ha recordado ‘en otro tiempo érais tinieblas, ahora sois luz en el Señor.

Caminad como hijos de la luz, buscando lo que agrada al Señor sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas…’ Y nos habla de bondad, justicia y verdad como fruto de la luz. Por eso de cuántas tinieblas tenemos que arrancarnos, o mejor, Cristo viene a arrancarnos: la mentira, la injusticia, el mal, el odio, el desamor… Cristo quiere hacernos un hombre nuevo, iluminado por su luz. Nos invita a despertar, a levantarnos, a no quedarnos enterrados en el reino de la muerte porque ‘Cristo será tu luz’. Como nos recordaba el Papa en su mensaje de Cuaresma para este año ‘el domingo del ciego de nacimiento presenta a Cristo como luz del mundo. El Evangelio nos interpela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma con alegría el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él a nuestro único Salvador.

Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz»’.Vamos, pues, a seguir haciendo nuestro camino de cuaresma, nuestro camino hacia la luz. Que desaparezcan esas cegueras de nuestro corazón. Como decíamos hay muchas clases de cegueras y algunas nos hacen mucho daño en el corazón. Es de las tinieblas de las que tenemos que arrancarnos. Y lo podemos hacer con la gracia del Señor. Dejémonos iluminar por la luz del Señor que nos haga ver la realidad de nuestra vida para arrancarnos de esas tinieblas de pecado.

Es la renovación profunda que vamos queriendo lograr en este camino cuaresmal. Que se despierte nuestra fe, que se abra nuestro corazón a las obras del amor, que se llene nuestro espíritu de esperanza, que pongamos totalmente nuestra confianza en el Señor, que lleguemos a vivir la vida nueva de Jesús. Que Cristo sea en verdad nuestra luz; que nosotros lleguemos a vivir como verdaderos hijos de la luz.

domingo, 20 de marzo de 2011

HOMILIA II DOMINGO DE CUARESMA 2011.



Transfiguración para vernos envueltos por la nube luminosa de la resurrección
Gén. 12, 1-4; Sal. 32; 2Tim. 1, 8-10; Mt. 17, 1-9


El Presbítero Padre Carmelo Hernández Desde Tenerife España, nos invita a reflexionar en cuaresma.


Ponerse en camino, subir a lo alto de la montaña, marchar al silencio de la soledad para la oración, aunque los caminos sean inciertos o desconocidos, aunque la subida sea costosa, aunque en la soledad del silencio una nube nos envuelva en el misterio; son imágenes que se nos presentan en este segundo paso cuaresmal significativas de lo que ha de ser nuestro camino hacia la Pascua, hacia la luz, hacia el misterio de Cristo. En todo una llamada, una invitación, una vocación para tomar parte en los trabajos transformadores del evangelio que nos conducen a una vida santa.
Abrahán se puso en camino ante la llamada de Dios y su camino, aunque costoso, será camino de bendición. Los discípulos suben con Jesús a lo alto de la montaña para sumergirse en el silencio de la oración y podrán llegar a vislumbrar la gloria de Dios al contemplar a Cristo transfigurado. Envueltos en una nube luminosa, signo de la presencia de Dios con ellos, podrán llegar a descubrir quien en verdad es el Jesús que con ellos ha caminado los caminos de Palestina y ahora sabrán ciertamente que es el Hijo amado y predilecto de Dios a quien tienen que escuchar.
Aunque quisieran quedarse para siempre en aquel éxtasis divino habrán de bajar de la montaña para seguir el camino del Evangelio que pasará por la cruz y conducirá a la resurrección. Entonces sí que podrán anunciar lo que han visto, entonces podrán ya proclamar que Jesús es el Señor, porque es el Hijo de Dios a quien escuchar y a quien seguir, y que es al mismo tiempo nuestra única salvación. Y es que ahora se sentirán llamados e invitados a vivir una vida nueva, una vida santa en fidelidad al evangelio de Jesús.
Jesús había comenzado a anunciarles lo que iba a ser su Pascua, porque el Cordero Pacual había de ser inmolado, y El había sufrir la pasión y la muerte, porque sería rechazado y condenado, entregado en mano de los gentiles y había de morir en la cruz; al mismo tiempo siempre les hablaba de resurrección y de vida, pero ellos no terminaban de entender, es más, se escandalizaban de que eso pudiera sucederle a su Maestro.
Para que comprendan mejor Jesús se los lleva a la montaña alta para orar para que lleguen a entender lo que ha de ser su Pascua. Han de subir, aunque cueste, porque eso significará alejarse de ruidos ajenos y de propios pensamientos o ideas de lo que tenía que ser el Mesías. Costará subir porque hay que desprenderse de muchos pesos muertos de apegos y de ataduras; costará subir y no podemos olvidar que la pascua de Jesús pasa por la pasión y la muerte para poder llegar a la resurrección.
Allí Jesús les manifestaría la verdad del misterio de Dios que en El estaba transfigurándose como un anticipo de la gloria de la resurrección. Para que se afirme su fe, para que comprendan todo el misterio de Dios, para que lleguen a entender todo lo que ha de significar la pascua en su vida. ‘Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz’. Era el brillo de la luz de Dios.
Nos está enseñando Jesús a ponernos en camino, a subir a la montaña, a vaciarnos de pesos muertos, a apartarnos de nuestros ruidos para en el silencio de la oración poder encontrar a Dios. No es con ideas tomadas de aquí o de allá, de lo que pueda opinar cualquiera que siempre hay quien quiere opinar y saber de todo, cómo podremos llegar a saborear todo ese misterio de Dios que en el evangelio se nos revela. Cuántas voces escuchamos por aquí o por allá de lo que tiene que ser la religión, lo que tiene que ser o hacer la Iglesia, lo que tienen que ser o hacer los sacerdotes hoy.
Tenemos que aprender a ir al Tabor de la oración, aunque nos cuesten las subidas o se nos hagan fatigosos los caminos, sean dolorosos los momentos en que tengamos que arrancarnos de nosotros mismos, o aunque a veces también nos durmamos mientras intentamos meternos en el misterio de Dios. Tenemos que aprender a hacer ese silencio y ese vacío de ruidos o de apegos para que escuchemos esa voz de Dios en nuestro corazón, y para que comience a brillar la luz de Dios en nuestra vida disipando las nubes de nuestras oscuridades o nuestras dudas.
Fijémonos en lo que nos dice el Papa en el mensaje de la cuaresma de este año: ‘El Evangelio de la Transfiguración del Señor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la divinización del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada, como los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto» (Mt 17, 1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (v. 5). Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor’.
Sumerjámonos en este evangelio de la transfiguración del Señor de este segundo domingo de Cuaresma. Porque nosotros también en Cristo hemos de sentirnos transfigurados porque también el Padre a nosotros quiere llamarnos hijos muy amados. Y es que ‘con Cristo sois sepultados en el Bautismo y con él también habéis resucitado’. Y desde entonces, desde nuestro Bautismo, cuando ya el Padre del cielo nos llama también a nosotros hijos. En el Bautismo, por la fuerza del Espíritu, ya nos hemos llenado de la vida de Dios, nos hemos hecho partícipes de la vida de Dios y somos hijos.
Cuánto tenemos que transformar en nuestra vida para que brille así la luz de la gracia, la luz de Dios en nuestra vida. La Cuaresma este este tiempo santo que la Iglesia nos ofrece, como ya hemos dicho, para que nos miremos y nos purifiquemos arrancando tantas cosas que nos puedan llenar de oscuridad; para que mirando la luz de Dios que brilla en Cristo así nosotros nos llenemos de su luz en la medida en que seamos más santos.
Tenemos que escuchar a Jesús, como nos señala el Padre desde el cielo en el Tabor. Escuchar a Jesús, escuchar su palabra. Como nos dice el Papa ‘meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración porque la escucha atenta de Dios que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del bautismo…’ Oración, que nos lleva a encontrarnos con Dios y entrar en comunión con El, que nos abre a la eternidad y a la trascendencia porque nos llena de la esperanza que no nos falla, la esperanza de la vida eterna.
Nosotros ahora nos disponemos a celebrar la Pascua, nos estamos preparando con este camino cuaresmal que estamos haciendo. Si nos vamos dejando conducir por el Señor, por esa Palabra que nos ilumina, por todo lo que vamos sintiendo allá en nuestro interior en esa subida a la montaña de la oración de cada día, podremos celebrarla con todo sentido. Porque sentiremos que el paso de Dios que se acerca a nosotros para llenarnos de su vida, y no temeremos entonces que en esa pascua haya muerte en nosotros en todo eso que tenemos que transformar, en todo eso de lo que tendremos que irnos desprendiendo para que pueda brillar la luz de Cristo en nuestra vida.
Que al final nos veamos nosotros también envueltos por la nube luminosa de la resurrección. Pongámonos en camino como Abrahán que Dios nos llevará siempre a un camino de bendición.

SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ OBRERO. MARZO 2011



En san José aprendemos a vivir la pascua, el paso de Dios por nuestra vida
2Sam. 7, 4-5.12-14; Sal. 88; Rm. 4, 13.16-18.22; Mt. 1, 16.18-21.24

Homilía enviada por nuestro amigo el presbitero Padre Carmelo Hernández, desde Tenerife España.

‘Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza… por lo cual le valió la justificación’. La lectura del apóstol hace referencia a Abrahán con su fe y su esperanza en esta fiesta de san José que estamos hoy celebrando.
Una fiesta entrañable y llena de gozo el celebrar a san José, el esposo de María, el padre putativo (así solemos decir no encontrando mejor palabra que lo exprese) de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, patriarca y patrono de la Iglesia universal.
Bien nos refleja ese texto de la carta a los Romanos hablándonos de la fe y de la esperanza de Abrahán lo que es la fe y la esperanza de san José. Duro y costoso fue para Abrahán el fiarse de Dios que le ponía en camino y le llenaba de promesas que no veía totalmente cumplidas y más aún cuando le pide incluso el sacrificio del hijo de la promesa. Pero Abrahán creyó cuando podía parecer que las esperanzas se desvanecían. Y como decía el apóstol, eso ‘le valió la justificación’. Qué importante mantener viva y firme nuestra fe, por muchas que sean las oscuridades con que nos encontremos en la vida. No podemos perder la fe ni la esperanza porque será lo que nos llevará hasta el final, lo que nos hará encontrarnos con la plenitud de Dios.
Es lo que vivió José. El tuvo también su pascua, el paso de Dios por su vida que tuvo que saber descubrir y ver para fiarse totalmente de Dios. José tuvo su pascua no exenta de pasión y de muerte en sí mismo para poder llegar a descubrir la luz que le daría plenitud. José vivió su pascua en silencio, pero alentado en ese paso de Dios por su vida porque Dios quería contar también con la colaboración de José para ese paso salvador de Dios en Cristo Jesús, el que que iba a aparecer como hijo de José, y en quien se iba a realizar la Pascua definitiva y eterna.
‘Era bueno’ nos dice el evangelio de José como una definición de su vida. Pero en ese ‘era bueno’ se encierran muchas cosas grandes del alma de José como su fe y su disponibilidad para Dios, así como su capacidad de sacrificio en el cumplimiento de su deber como padre y cabeza de familia de aquella familia que iba a ser la Sagrada Familia de Nazaret.
Cuando su corazón se vió turbado y su alma llena de dudas mantuvo su bondad y sus deseos de no hacer daño nunca a nadie, confiando que en medio de aquellas oscuridad un día podría aparecer la luz. Y la luz llegó a su vida con un angel enviado por el Señor en sus sueños, como un día un ángel viniera también a María para anunciarle a ella la Maternidad divina que se iba a gestar en sus entrañas, para anunciarle a José cuál era la colaboración que Dios le pedía en aquel Misterio de Salvación que se gestaba en las entrañas de María.
‘No temas’ anuncia siempre el ángel cuando viene de parte de Dios. Se lo dijo a María, se lo diría ahora a José, como se lo diría un día a las mujeres que fueron al sepulcro buscando al crucificado que ya estaba resucitado. Y es que Dios viene hasta nosotros no para el temor sino para la paz. En nuestra pequeñez y debilidad nos sentimos turbados y llenos de temor cuando aparece el misterio de Dios en nuestra vida, pero el paso de Dios siempre será para la paz, porque el paso de Dios por nuestra vida siempre nos estará manifestando lo que es el amor de Dios.
‘José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo’, le dice el ángel del Señor. ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra’, le había dicho Gabriel a María. ‘El Santo que va a nacer se llamará hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre’, continuaba Gabriel explicándole a María. Ahora el ángel le dirá a José que tendrá que actuar con la autoridad de padre porque ‘dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de los pecados’.
Autoridad de padre para ponerle el nombre, pero nombre que viene desde el cielo para significar la misión que tendrá el hijo, el Salvador, pero también la colaboración que José como padre tendrá que prestar en esa obra de la salvación. Así lo hemos expresado hoy en la oración ‘confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José’.
‘Cuando José se despertó, terminará diciéndonos el evangelista, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor’. Fue el principio de su colaboración en la obra de Dios. Fue el comienzo de su pascua, de ese paso de Dios por su vida, una vida llena de fe y animada por la esperanza. Era un alma de Dios en la que Dios se estaba gozando también por la disponibilidad y la grandeza de aquel corazón. Siempre disponible para Dios, para el sacrificio, para el amor, para vivir la pascua.
Mucho de muerte, de morir a sí mismo, tuvo que haber en su vida para saber seguir diciendo a Dios Sí aunque las tinieblas de la contrariedad y del sacrificio siguieran apareciendo en su vida. Será el traslado de Nazaret a Belén porque los caprichos de un emperador lejano quisieran hacer un censo para saber el número de los habitantes de su imperio. Oscuridad para José por el sacrificio que significaba para su vida y para María en el estado en que se encontraba. Pero detrás estaba el designio de Dios ya preanunciado por los profetas. El Mesías era hijo de David y en la ciudad de David habría de nacer. Por eso el conocimiento de las Escrituras que no podía faltar en José como en todo judío piadoso, le hacía ver luz detrás de aquellas oscuridades porque él descubría el designio de Dios.
Muerte en sí, como camino de pascua, era en José su pobreza, pero más aún la extrema pobreza en la que había de nacer el hijo de María, para quien no había sitio en la posada y tendría que nacer como el más pobre entre los pobres para ser reclinado en las pajas de un pesebre. Pero en su pascua José su vida se llenaba de luz con la contemplación de los ángeles que cantaban la gloria de Dios y de los pastores que venían a traer ofrendas contando lo que los ángeles les habían anunciado.
Camino de Pascua para José, como camino de Dios por su vida, sería la huída a Egipto para salvar la vida del niño, como luego su vida silenciosa en Nazaret a donde finalmente se retirarían. Dios que se manifiesta y llega a la vida del hombre en los momentos difíciles y oscuros que podrían llenarnos de incertidumbres y de dudas pero que cuando se mantiene firme la fe y la esperanza siempre se verán iluminados con la luz de Dios. También en la vida silenciosa de Nazaret, sin grandes ni especiales acontecimientos, Dios se hacía presente, - y de qué manera más maravillosa en la presencia de Jesús – y había que seguir teniendo los ojos abiertos y el corazón caldeado para ver y sentir esa presencia de Dios.
Es lo que hoy san José nos está enseñando, y bien necesitamos aprender la lección. Abrir los ojos para ese paso de Dios por nuestra vida. La verdadera pascua, la definitiva y eterna la tenemos en Jesús, verdadera pascua de Dios para nosotros en su muerte y en su resurrección. Pero esa pascua, ese paso de Dios hemos de irlo viviendo en el día a día de nuestra vida, en la que el Señor quiere seguir manifestándose a nosotros y también nos pide una colaboración, una respuesta de fe, de disponibilidad, de esperanza, de amor.
Miremos lo que es la realidad de nuestra vida diaria, con momentos buenos, pero también con momentos de dificultad, de problemas, de sufrimientos, de soledades, de oscuridades, pero sepamos avivar nuestra fe para descubrir cómo Dios está con nosotros; sepamos poner nuestra confianza en el Señor, toda nuestra esperanza en él, aunque esos vientos de oscuridad quieran apagar esa llama de esperanza, y vamos a encontrar la luz que Dios tiene especial para cada uno de nosotros. Nuestra vida nos puede parecer insignificante porque quizá no hacemos o no se nos han confiado cosas extraordinarias, pero en ese silencio de nuestra vida también está Dios, también actúa Dios.
San José es poderoso intercesor al que acudimos muchas veces en nuestras necesidades pidiendo su patrocinio y protección. No dejemos de hacerlo. Pero pidámosle por nuestra fe y por nuestra esperanza. Que su ejemplo nos ayude a avivar nuestra fe, a mantener viva nuestra esperanza.
Que con su intercesión gloriosa ante el trono de Dios - ¡cómo no va a ser poderosa su intercesión si está acudiendo a quien en la tierra lo llamaba a él padre y cuyo lado creció como hombre! – nos alcance ese don de la fe, ese regalo de la esperanza, esa disponibilidad de nuestro corazón, esa capacidad de sacrificio para el servicio y para el cumplimiento de nuestras responsabilidades, y también esa perseverancia final en una buena muerte de la que san José es también abogado y protector.
Si la casa de Nazaret, donde José era el padre de familia, fue como el seminario donde Jesús crecía en estatura, en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres, pidamos a san José por nuestros seminarios donde se forman y se forjan en el espiritu los futuros sacerdotes, quer van a realizar la misma obra de Jesús y que necesitan crecer también en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres.
San José tuvo también su pascua, el paso de Dios por su vida, que él supo ver y aprovechar; que aprendamos de san José a descubrir nuestra pascua, ese paso salvador de Dios por nuestra vida y a vivirlo con generosidad de corazón
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