jueves, 22 de julio de 2010

HOMILIA DE MONS.CRISTIAN CONTRERAS MOLINA EN LA FIESTA DE SANTA TERESA DE LOS ANDES. JULIO 2010



Homilía en la Fiesta de Santa Teresa de Los Andes, 13 de Julio de 2010.


Hermanos y hermanas en la fe: Qué consejo más reconfortante es el que hoy nos recuerda San Pablo en su carta a los cristianos de Tesalónica: “Tengan siempre la alegría del Señor, lo repito estén alegres, el Señor está cerca, no se aflijan por nada, más bien preséntenselo todo a Dios en oración”.

La cita de Pablo me trae a la memoria las primeras palabras de la oración que compuso monseñor Enrique Alvear al tratar de explicarse el por qué Dios escogió a nuestra querida Teresita y la privilegió con su amor y llamado a la santidad: Tú escogiste a Teresa de Jesús de Los Andes para manifestar a los hombres la alegría de conocerte y amarte”.

Si Teresita de Los Andes está en el corazón de Dios y en el corazón de los discípulos de Jesús es porque desde pequeña cultivó una cercanía amorosa con quien pasó a ser su único Señor y en quien encontró el camino para ser feliz sin haber sido privada de muchos momentos y situaciones de dolor y de cruz. Por eso fue necesario que desde su infancia comenzara en ella el reinado de la Gracia, es decir, de la vida sobrenatural. Juanita no estuvo exenta de muchas pasiones que atan el corazón del ser humano como es el orgullo, la vanidad y una cierta dosis de amor propio que daban origen a sus imperfecciones y defectos. Conocidos son sus desencuentros con su hermana Rebeca.

Quienes han escrito sobres sus años de infancia señalan: No todo en Juanita era armonioso y perfecto. Impaciente, temperamental y enérgica…había heredado el carácter de su madre… Se le veía algo vanidosa y en algunas oportunidades violenta, sin embargo, por amor a Jesucristo se propuso al menos no acostarse jamás sin haber pedido perdón a la persona que en ese día pudiese haber ofendido. Pero ella quería cambiar. Había oído que quienes se confesaban se arrepentían de verdad. Es por eso que se dirigió un día al oratorio de su abuelo para que el canónigo don Aníbal Carvajal la confesase. El le explicó que era imposible a su corta edad. Ante su insistencia la alentó para que hablara con el Señor, El le daría fuerzas para aplacar su carácter.

Una serena reflexión nos permite destacar en este momento de la vida de Tersita el gran cariño y cercanía que sentía de parte de su madre, de su abuelo Eulogio, de las monjitas de su colegio y de la formación cristiana que fue recibiendo en forma paralela de parte de su familia, de los sacerdotes y el testimonio de los humildes en la hacienda de Chacabuco donde compartía con los niños y a quienes misionaba con su encanto, con su fervorosa oración y alegre compañía. Recuerda con emoción sus vacaciones en este valle que la elevaba por sobre las alturas hasta creer, en sus pensamientos de niña que el cielo se empinaba por sobre las maravillas de la cordillera de Los Andes. Con la oración fue entrando rápidamente en el misterio fascinante de Dios revelado en su Hijo Jesucristo.

Como fruto de su constante inmolación, Dios la fue llevando a honduras insospechadas. La colmó de gracias especiales con las que se acercó más y más a su divino modelo, Jesús crucificado.

Teresita solía decir: “Vivo con El y, a pesar de estar en los paseos, ambos conversamos sin que nadie nos sorprenda ni pueda interrumpirnos. He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador… todo lo que lo quiero, me es imposible decirlo. Mi pensamiento no se ocupa sino en El. El es mi ideal.

Si bien es cierto Teresita recibió una peculiar invitación del resucitado para vivir con El junto a sus hermanas carmelitas descalzas, desde el silencio y la contemplación mantuvo una permanente oración por la familia comenzando por la suya. En el seno de su hogar fue vínculo de unión y de diálogo. En sus sueños e ideales encarnó los anhelos de tantos jóvenes que quieren ser felices formando parte de una sociedad cimentada en la fe, en la dignidad de todo ser humano, en el cultivo de una sana vida afectiva y sexual y en un futuro sin discriminaciones, odios y rencores.

Con Teresita de Los Andes queremos revitalizar nuestra vocación de discípulos y misioneros de Jesucristo. Este es el gran desafío que se ha propuesto nuestra iglesia. Desde Cristo y con Cristo salir al encuentro de quienes tienen hambre de Dios para proponerles desde la palabra y el testimonio de la vida un camino marcado por la confianza en un Padre que nos ama y perdona. Necesitamos anunciar a tiempo y a destiempo que no hay felicidad posible sin darle un sentido trascendente a la existencia y que no se participa de la creación de Dios destruyendo la vida y la dignidad de los seres humanos.

Nos proponemos vivir lo que profesamos y creemos sin las ambigüedades propias de los que contemporizan con la mediocridad, el desánimo y la frustración. Desde el evangelio queremos proclamar que el amor es más fuerte que la muerte y que este el tiempo de la salvación. Teresita nos prestará su ayuda señalándonos que no seremos testigos y misioneros si no fortalecemos nuestra fe con la oración, la reflexión personal y comunitaria de la Palabra de Dios, la celebración dominical de la eucaristía y la recepción habitual del cuerpo y sangre de Jesús, anticipo del banquete celeste. Sólo desde Cristo y con Cristo viviremos el amor que hace nuevas todas las cosas.

A días de celebrar la fiesta de la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen, invocamos su presencia en este templo dedicado en su honor. Que Teresita, la verdadera discípula y misionera de Jesucristo nos anime y fortalezca en el hermoso y sublime ministerio de ser profetas de fe y esperanza, puentes de unión y signos potentes de paz y reconciliación

+ Cristián Contreras Molina, O.de M. Obispo de San Felipe

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